Cae la noche

 

 

 

 

Cae de nuevo la noche, sucesivamente contemplo cómo los días se evaporan y cuan rápido se desvanecen. Cae la noche de forma callada, oscuridad con distintos matices o quizá sea que así lo ve la mirada dependiendo del estado de ánimo con que se viste y con el que la noche espere.

Cae la noche y los sentidos se agudizan, emociones que se desencadenan haciendo vibrar en ocasiones el alma  y en otras en vilo la mantiene, con el desasosiego in crescendo el insomnio hace acto de presencia cubriendo mi cuerpo con un sudario eterno.

Cae la noche inevitablemente, nuevos interrogantes, viejas historias que regresan en la noche cobrando fuerza, resucitando de la tumba en la que durante el día permanecen. Pareciera que ejecutan un plan programado y esperan la hora crepuscular para dar rienda suelta a los pensamientos que durante el día ocultan su máscara, amortiguados y reprimidos tras la fase diurna en que la luz solar los mantiene a raya.

Claridad y oscuridad viven opuestas y enfrentadas, cada quien pone de manifiesto su influjo y su poder, cada quien con las armas que a su disposición tiene. Luz y oscuridad en la que la vida transcurre, día y noche, amantes que conviven bajo un pacto de no intervención sobre el que su amor se alimenta.

Luz diurna con el soberano poder de eclipsar todos los terrores que en la antesala de la oscuridad cobran vida propia, se adueñan y hacen fuertes, con gran empeño agazapados se hallan, como si de antemano supieran que es en esas horas en que la luz agoniza cuando su poder debilita las fuerzas de cualquier mortal y adquiere monumental forma de gigante mitológico.

Cae la noche, como cada día cuando el día muere, siempre con previo aviso, sonriente, misteriosa, a veces temible, a veces gozosa, a veces interminable escuchando los sonidos de la nada envueltos en el silencio que rompe la respiración jadeante de posible miedo acumulado o de satisfacción por haber alcanzado el climax del más bello pecado…

Cae la noche y se cierne de nuevo la incertidumbre, horas sueltas que se escapan sin poder controlar, días y más días esperando o temiendo ver como agoniza el día, como la noche renace en su propia vida.

 

@Marina Collado

NI POR MIEDO NI COBARDÍA

No temeré, ni por miedo ni cobardía. 
No me rendiré, aunque me sienta derrotado. 
Ni pediré una mano, para evitar sucumbir 
y a la misma vez poder, 
sentirme reconfortado.

Cuando salga, si es que consigo salir, 
nadie sabrá nada de ello. 
Y es que es el mismo terror, 
el que se siente a lo desconocido, 
que fuerzas te da, el haber sobrevivido.

“Adhuc Stantes”

Iván A.

Se enredó el silencio

 

 

 

Se enredó el silencio entre las brumas de la noche, se quedó atrapada la madrugada entre el insomnio que perdura en las notas del tiempo, se olvidó la luna de acudir a la llamada  que auxilio reclamaba para salir del infierno.

Silenció el viento la voz de la nostalgia para acallar con el silbido los lamentos de un alma desangrada. Se precipitó la nieve sobre el cuerpo dejando la huella de su escarcha en las  sábanas del frío lecho.

Silenciosa calma envuelve la noche que declina por momentos el poder que ejerce sobre el pensamiento, expió la voz, afonía implacable reverbera en  la atmósfera que envuelve la  cueva cubriendo sus paredes de melancólicas añoranzas, durmió la luz en medio del agotado desvelo abriéndose paso a través de la tardía mañana.

Su piel se cubre con la intensidad de las horas que eternizan su paso, ¡con qué lentitud transcurren los segundos que se niegan a seguir el ritmo acelerado que el desasosiego les marca! ¡con qué ironía se mofa la luna que se vistió con lujuriosas galas y salió a la conquista de las almas enamoradas! No hay prisa, parece decir la gran Dama con sorna en su mirada, no hay prisa por abandonar el estado noctámbulo que adquiere la noche del que se reconoce dueña poderosa.

Sonríe y sonríe maliciosa sabiéndose reina. No es tiempo de que venga el sol a desbancarla y arrebatarle el trono en que en su tiempo le pertenece. No hay rival  ni adversario que el pulso que mantiene con la noche la destituya de su trono y el título le arrebate.

Se enredó el silencio en los visillos de las ventanas y al trasluz se identifican las formas fantasmagóricas que desde su pensamiento vienen a visitarle. Se abstrajo del silencio y se envolvió en la calma, divagó el pensamiento y entre rumores de noctámbulos callejeros se acomodó el desasosiego. Se acalla el silencio, se acopla la voz al grito, cede el sonido mientras con alivio  entreteje el último sueño en la mañana.

 

@Marina Collado

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