Se vistió el día de ilusión

 

 

 

 

 

 

 

Se vistió el día de ilusión con el nuevo brillo que tus ojos propagaban. En mi ser se adentro tu luz y el corazón la recibió con jubilosos latidos. Inundado quedó mi mundo de destellos incendiarios, desbordándose los sentidos al contemplar cautivada la belleza de tu mirada. Se aplacó la oscura voz que en la noche impedía el sueño, se inflamó el corazón de ardientes llamas al conectar con la llamada que tu latido emitía.

Se vistió la mañana con sus más bellas galas, el más selecto atuendo que eligió con sumo mimo de entre las prendas de su vestuario. Radiante despertar con lágrimas de emoción al comprobar que en la noche el brillo no se desvaneció y en mi ser permanecía vivo.

Se viste de lluvia y fuego el día, de brisa cálida y de fresco aliento, se perfuma la mañana el cabello con sutil aroma a  jazmín y a hierbabuena. Se viste el día con el olor a tu amada  esencia y a cálida fragancia que mi alma genera. Se viste el día con amor abriendo las puerta a la ilusión al ver florecer el jardín que con tanto mimo cultivaba.

Se viste mi corazón de perpetuo amor sin lugar para la vista atrás volver, sin tiempo que perder en pasados que ya fueron. Amanece el nuevo día y se prepara para marcar un antes y un después sin espacio en el corazón para rememorar historias de desesperanzas. Se viste el día de único y nuevo sol porque solo AHORA es motivo y razón de cierta existencia, de la musicalidad de este sereno latir que con su melódica cadencia a tu latido acompasa.

 

 

Imagen de la red

Bendito olor

 

 

 

 

 

 

¡Bendito olor! pensó, bendito olor el que le traía la brisa marina a través de las montañas. Quizá era tanta su nostalgia que ya creía oler el Mar por cada rincón de aquella población en la que se hallaba. Sabía que se encontraba muy lejos de su añorado Mar y que difícilmente podía ser cierto aquel olor que percibía. En realidad poco le importaba si se trataba o no de una alucinación olfativa, quería envolverse en aquella bendita fragancia marina, recrearse en su aroma e incluso detenerse en el sabor tan especial a sal que en su memoria perduraba.

Hacía ya demasiado tiempo que no mantenía contacto directo con él, demasiado tiempo para alguien como ella que amaba con locura la inmensidad de las aguas marinas. Le daba igual que no fuera cierto que le llegara su aroma y su sabor, quería mantener vivo el recuerdo de la placidez de sus aguas, del contacto de sus pies sobre la arena en la orilla de sus amadas aguas, dejando que el vaivén de las olas relajara la musculatura de sus piernas y lentamente, como una caricia de seda le recorriera el alma.

Ese recuerdo  mantenía en su alma la esperanza de un pronto reencuentro. Su mayor deseo era volver a sumergirse en las aguas del Mar que durante tantos años la acogió, el Mar que en el murmullo de su oleaje le hablaba, era su cómplice en los peores momentos de su vida, era el Mar quien tenía la capacidad de darle calma a su corazón, de renovar por completo su estado de ánimo cuando sus contradicciones la llevaban a tocar fondo.

Eran sus aguas, su brisa, su conversación, su saber escuchar desde el silencio y la calma, era sentir los reflejos del sol en comunión con las vibraciones marinas sobre su piel lo que la transportaba a mundos mágicos que solo el mar entendía. Se sentía hija del Mar, sirena protegida por Neptuno, sabía que ningún mal le ocurriría si prestaba atención a los mensajes de aviso cuando algo le enfurecía. Siempre la protegió, le brindó su amor y en correspondencia a su cariño, amor infinito ella le devolvía.

¡Bendito olor me acercas atravesando las  montañas! A pesar de estar lejos de ti, a pesar del tiempo y la distancia nunca me he sentido de ti tan cercana. Muy dentro de mi pensamiento te encuentras, amado mío, en mi alma te llevo incrustado. Miles de lágrimas brotan de mis agotadas cuencas y cual ríos torrenciales discurren y se precipitan a tu encuentro. Agua salada fluye de mis ojos, ríos de sal que quieren besar tus aguas. 

 

 

 

Imagen de la red

Nuestra historia

NUESTRA HISTORIA

Entre todos construiremos una historia, y será la más bella jamás contada. Será la historia que nuestros antepasados siempre quisieron escribir, pero no les dejaron. Será la historia que muchos temieron que se llegase a redactar, porque de esta manera perderían todo su infausto poder. Será la historia que hará reír a los niños, que hará bailar a los jóvenes, que hará felices a los adultos y que hará que los ancianos se sientan orgullosos.

Entre todos construiremos una historia en la que se verterán todas las palabras que quedaron secuestradas en los tinteros por temor a ser pronunciadas. Letra a letra, palabra a palabra, se irá escribiendo la historia con las voces durante tanto tiempo silenciadas y que, a partir de ese momento, se transformarán en cantos con ecos que reverberen en todos los confines del universo.

Entre todos construiremos una historia que hable de paz, del fin de las guerras, de la muerte de la pobreza, de la eliminación de las desigualdades. Una historia que hable en colores, que dibuje sonrisas, que pinte de júbilo los rostros que alguna vez se vieron compungidos por la miseria, que regale arco iris a los niños para que puedan subir por ellos a probar un pedacito de estrella.

Entre todos construiremos una historia que nunca antes hubiéramos creído posible. Una historia de superaciones, de valentía acompañada de una pizca casi imperceptible de rebeldía. Pulsaremos todas las teclas necesarias para darle vida, saltando sobre ellas, presionándolas con fuerza, para que quede grabada casi a fuego con la tinta que aún corre por nuestras venas en los papeles de nuestra existencia. Ya no habrá posibilidad alguna de borrarla, de dar un paso atrás, será una historia de presente y de futuro, sobre todo, con mucho futuro.

Entre todos construiremos la más bella historia jamás contada. Y la haremos nuestra. Nuestra historia.

A %d blogueros les gusta esto: