Viajeras

VIAJERAS

Dejaré que sean mis letras libres como el mismo aire, que viajen a donde les plazca, que vuelen y que naveguen, que salgan por la ventana del cuarto donde las alumbro como dulces palomitas de maíz, y se vuelvan letras viajeras, caminantes sin camino de algún sueño por cumplir, perseguidoras de estrellas en un firmamento infinito.

Las pariré con el alma, con el corazón y con el nudo en el estómago que me atenaza la paz como con cruel mordaza. Las dotaré del derecho a ejercer su libre albedrío y dejaré que recorran suspirando los inhóspitos caminos hasta que encuentren su hogar y construyan su propio nido, allí donde se hallen cómodas, donde las sepan querer igual que yo las he querido.

Serán letras mensajeras que volarán cual palomas, con su misiva anudada entre los renglones de mi alma, sujeta por el hilo rojo de mi pluma desmadejada, invisible en ocasiones, para no perder su rastro cuando recalen en un corazón extraño. Las lanzaré como aviones que viajen en vuelo libre, sin motor, sin paracaídas, sin el más mínimo arnés, pues sé que caerán en mullido, que serán bien acogidas, cuidadas con igual cariño que el que mis dedos imprimieron en el trazo suave y firme bajo la luz de un albor.

Repartirán mis sentires, mis inquietudes y miedos, mis alegrías y triunfos, mis pesares y caídas. Y volarán donde quieran, revoltosas, juguetonas, correteando a la escondida, robando con cada trazo y cada vuelta de pluma un pedacito de mí. Letras ladronas de vida, bandidas de sentimientos, cleptómanas de mis sueños, exploradoras sin agua en busca de un nuevo sol.

Así viajaré con ellas hasta aquellos corazones que gocen con su lectura y mi alma perdurará siempre en aquel lugar del mundo en que haya encontrado un remanso sereno al que llamar nuevo hogar.

No escribiré versos cargados de ayer

No escribiré versos cargados de ayer,
ni perfumados de olvido,
ni trato de apagar la memoria de mis ojos, tampoco intento no recordar lo que entró por mis pupilas como bala perdida hasta incrustarse en mi alma quedando allí, hospedándose y adueñándose, poco a poco, de cada segundo.
No escribiré versos envueltos en aromas añejos…
Ni trataré de impregnarme en el olor de esta mañana, pues exudo el olor a deseo…
Deseo de tenerlo y que me tenga,
de delirar entre sus brazos
mientras me sacia esta necesidad
de dibujar en la humedad de su piel mis caricias
y dejar las huellas de mis manos en su espalda mientras se hunde en mis ojos hasta hacer estallar nuestro universo en infinitas estrellas…
No quiero escribir versos cargados del ayer,
pues respiro, siento, lato, deseo y le amo a cada respiro…

Viviana Lizana Urbina

Píndaro – Colección de poesía – Instrucciones para detectar un monstruo – La leyenda de los atractores.

Instrucciones para detectar un monstruo – La leyenda de los atractores.

Gocho Versolari, Poeta

Sueños y fantasía
Dice la ciencia en su lenguaje abstracto que un atractor es un conjunto de valores numéricos hacia los que un sistema evoluciona. Es así que el atractor funciona como un molde que acoge y brinda sentido a determinado sistema. Dichos valores numéricos pueden presentarse como una curva, un punto o una variedad fractal de combinaciones en cuyo caso se estaría hablando de “atractores extraños”.
Esta introdución es suficiente: aquí detengo el lenguaje abstruso y por lo general apartado de la poesía, como es el de la matemática. Sin embargo, hay una clara relación en el libro de mi autoría que aparecerá el próximo mes de setiembre en la colección “Píndaro” de poesía a través de la Editorial Fleming. El título del volumen es “Instrucciones para detectar un monstruo”. Las cuarenta páginas se dividen en dos partes, la primera “Instrucciones…” donde hay varios poemas generales sobre monstruos. La segunda parte, en cambio, forma un conjunto, casi una historia, o al menos una situación con un intenso elemento común, y lleva por título “Crueldades y ternuras de los extraños atractores”.
En este punto el lector se pregunta ¿Es poesía, física o matemática? ¿Qué tienen que hacer aquí los atractores?
En realidad el objetivo, como ocurre con algunas manifestaciones de mi literatura es brindar a la ciencia tal como la vemos (y a veces la sufrimos)  una dimensión mítica. De allí que en esta serie de poemas los atractores sean pájaros y los seres humanos como sistema, están atentos a ellos. Atentos por una peculiaridad: según la leyenda, cuando un atractor al surcar el cielo mira fijo a alguien, puede convertirlo en un monstruo. Asimismo las jóvenes cuando toman contacto con los atractores, pueden caer en una forma de locura. Los atractores juegan entonces el papel de un arquetipo dual: un peligro que produce un profundo gozo. Las madres cuidan a los hijos de sus miradas, de la atracción que ejercen sobre ellos esos pájaros misteriosos. Los esposos cuidan a las mujeres, ya que al confrontar los ojos de esas oscuras aves, suelen caer en una locura por la cual aspiran a cumplir sus propios objetivos y olvidan los deberes conyugales.
Muchas veces cuando se habla de los mitos, quien lo hace plantea que la ciencia, como ápice del progreso, habría llegado a demostrar lo que los hombres sabían desde hace mucho y que se volcaba en leyendas tradicionales,  en prácticas médicas primitivas o en observaciones astronómicas. Mi postura es la opuesta: se trata de convertir los hechos científicos en mitos. Así los atractores toman cuerpo, mirada, presencia y procuran invadir la vida del lector.
De este modo la lectura de los poemas podrá llevarte a un extraño páramo donde cuentas con un abrigo rudimentario para tapar tu cabeza y evitar que los atractores se fijen en ti… aunque quizá el júbilo de convertirte en monstruo, de bañarte en el caos para salir renacido, sea lo suficientemente tentador como para mirar fijamente los ojos de las aves y entregarte al éxtasis.
INSTRUCCIONES PARA DETECTAR UN MONSTRUO
Autor: Gocho Versolari
Ilustraciones: Luisa Fernanda Otero Prada
Píndaro, Colección de poesía – Editorial Fleming.
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GOCHO VERSOLARI

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