NOVIEMBRE Y LAS SENSACIONES

Noviembre se estrella en el hielo de mis constelaciones,
aquellas en las que encuentro mundos subliminales
donde habitar sin respuesta.

Racimos de sueños voy enfrascando
en mi vientre, los guardo con el perfume del azar.

Charcos de sed pretenden ser humedecidos con la irrupción de la lluvia.

Noviembre se eleva con la energía de un verano
que no parece llegar pero sabrá venir
para calibrar los fríos crudos que el alma intenta esquivar.

Me leí a mí misma hablándome sobre el orden del hogar,
acerca de esa búsqueda natural que pide reciclarnos. 

El nido se reestrenará.

El cuerpo estará más liviano.

El hogar es infinita y cíclicamente modificable,
a la par de la velocidad del sol al girar. 

Un nuevo amanecer vendrá, uno nuevo donde resugir
(donde inevitablemente fue caos)
para barrer todo aquello impuro e innecesario.

Y entonces será noviembre el cierre para abrir el ciclo que viene
desde lo ahora incierto,
aunque lo luminoso se vislumbre y anhele allí.

Soy argentina, apasionada de las letras desde la infancia aunque me reencontré con ellas hace unos años gracias a un gran cambio de vida que me marcó por completo. Amo la música también y el arte en general. Vivo muy cerca de la naturaleza junto a mi compañero. Llevo editados dos libros, el primero de narrativa; y mi flamante segundo hijo de papel de poesía.

Solamente eso

SOLAMENTE ESO

El poeta deseó encontrarla
y de su búsqueda nacieron bellas letras.
El hombre rico deseó encontrarla
y por el camino se perdió entre materiales.
El hombre pobre deseó encontrarla
y gastó la vida persiguiendo una quimera.
El enfermo también deseó encontrarla,
mas solo en su dolor se quedó preso.

Aquel que un día creyó haberla alcanzado
la vio escapar huidiza entre sus dedos.
Aquel que quiso retenerla a toda costa
contempló agonizante desde el suelo su partida.
Aquel que hubo nacido con tan solo un pedacito,
de tanto repartirla vio cómo se perdía.
Aquel que, sabiéndola a su lado, se pensó invencible,
la vio marchar sin tan siquiera un beso.

El niño con su inocencia creyó que ella
era el estado natural de vivir la vida.
El joven la vio alejarse con tristeza en la mirada
por momentos que parecían querer durar para siempre.
El adulto mira al cielo como si quisiera verla,
deseoso de alcanzarla, sabedor de su existencia.
El anciano se arrepiente de no haberla disfrutado
antes de que la humedad se le colase en los huesos.

No busques más en riquezas, ni en el éxito en la vida,
no busques lo que no encuentras en los sueños sin cumplir.
No busques en otras personas lo que ya tienes tú mismo,
no busques con los ojos cerrados por vendas que te impiden la visión.
No busques más ahí afuera lo que encontrarás por dentro,
no busques en ojos ajenos lo que los tuyos no ven.
No busques como si fueras protagonista de un cuento,
tú vive cada momento, la felicidad es solamente eso.

Soy Ana, financiera de profesión y escritora de vocación. Tratando de cumplir mi sueño. Aprendiendo, siempre aprendiendo. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir.

Las flores de la mentira

LAS FLORES DE LA MENTIRA

 

El vapor del combustible se adhirió a mis papilas.

 

La amargura quedó recorriendo mi nariz y me devolvió el sabor amargo del olvido,

como un libro mal escrito, una farsa mal urdida,

como un chiste desgraciado, mal parido, mal contado.

 

Como el reo en la noche que precede a la ejecución,

la más compacta de las ansiedades, la más apilable, la más mortecina,

me invadió en mi celda que, desde entonces, sería mi vida entera.

 

No creo en la mentira, porque la mentira condena

no por cierta, no por mala y no por buena.

 

Nos condena porque es tuya y mía pero, como el dolor, cuando el amor termina

no puede ser nuestra y, por eso, nos hace sentir el frío de la noche

que sin luz, con desconsuelo, es como el día.

 

Aceleré a fondo para dejar detrás el campo sembrado de destrucción,

mientras el olor del benceno impregnaba el escenario del crimen.

 

No quise la certeza de que no volverías, y la tuve.

No quise aceptar la mentira necesaria,

la piadosa esquizofrenia que te reintegraría a tu espacio,

que te alejaría, para siempre, de mi vida, extranjera en el terrario,

en que crecieron mis besos, para marchitar abrazos.

 

Los limones, los almendros, todo el gusto sin matices de un adiós.

No creí que la arrastraras, en tu insensato ascenso a los infiernos,

como no quise creer que ella, inocente, contundente e infantil,

se dejara llevar contigo, a esos lugares fríos, donde aguarda, implacable, la verdad.

 

Aún llegó, ahogado, el rumor de lentejuelas mal cosidas, adheridas, al poliéster

al algodón que falta al almidón que escarcha,

en tu blusa, en mi chamarra

corazones, decepciones y alimañas.

 

Regresé a mi mundo, a mi vida, a tu casa,

esa que tú no quieres, esa que no se engaña,

esa en la que sobra el amor, como sobran las palabras.

 

Aceite y leche de almendras, zumo de limón y azúcar de caña,

para cenar, bien ligero,

tras ver marchar la guadaña.

 

Quise soñar que regresabas y no pude.

Quise ser otro, más dócil, más falso, más ciudadano, más malo.

Quise soñar que plegaba, las velas para perderte,

para volver a encontrarte,

en otra vida, en otros charcos, en otros mares.

 

Pero paró la galerna, como paré los chantajes.

Tú volviste a ser benceno, yo guardé bien tu equipaje.

Vi cómo se hundía el suelo

por no hacer de tu alma brebaje.

 

En los sueños de los hombres, nubes negras,

comidas por polillas, agujereadas raídas y roídas.

En mis pesadillas, la noche es una eternidad.

Levanto el vuelo, desgarro huecos, no conseguís escapar.

Quedáis por siempre pegadas al suelo,

no queréis verlo,

no los podéis atravesar

 

En las vidas de los hombres,

algunos levantan el vuelo

otros aprenden, insectos, a arrastrarse por el suelo.

Los reptiles los devoran, muy despacio y sin consuelo

y como la oruga del cuento

pero al revés

enseguida explotan las serpientes

echando afuera, virus inteligente, miles y miles de seres infectos,

que pronto invaden las fuentes.

 

Falta el agua, sobra el tiempo

no poder respirar es como no poder nada

¿Para qué hablar entonces?

¿Para qué ser recurrente?

Pudiendo callar al cielo, y que siga la corriente.

 

 

Carlos Bueno-León

 

 

Las flores de la mentira” es el poema con el que arranca el poemario “Las flores que nunca seré

Llevo toda la vida ligado a la literatura y la música y no siempre en ese orden.

En la actualidad colaboro, además de con mis relatos y poesía, como ensayista y crítico musical con diversas publicaciones periódicas.
La mejor manera de ver algunas de las cosas que hago es visitar mi perfil de facebook, mi blog y, tal vez, leer alguna de mis colaboraciones en otros medios:

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http://www.revistalaocaloca.com/author/miguelcastro/

http://rockandblog.net/author/miguelcastro/

En estos tiempos de famosos que publican, jammers, slammers, youtubers, influencers y demás, me gusta considerarme, simplemente, escritor.

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