Evasión

EVASIÓN

No preguntes si me ves
perdida en los callejones
que nunca tuvieron salida,
ahogándome en los rincones,
lamiéndome las heridas.

Yo solo quería evadirme,
buscar en la vida un hueco
que me mantenga a tu lado,
juntos, contra la marea
hasta quedar desahuciados.

Tú quisiste acompañarme
en mi alocado viaje
para huir lejos del mundo,
rompiendo barreras,
muros,
reptando como animales.

Y nos dimos a las drogas,
blandas, duras,
¿qué más da?
Y al alcohol que nos ahoga
fluyendo por nuestras venas
en litros de libertad.

Nos vendieron en recetas
la huida que tanto buscamos
y nos tacharon de locos,
tristes, solos, marginados.

Nos pusieron en las manos
un parche para la vida,
el que muestra la salida
por una pequeña puerta
sin luces,
sin compañía ni alfombras,
que da al callejón de atrás.

Usamos la puerta falsa
para escapar de las dudas
y yo quedé condenada,
rastreando,
siempre a oscuras,
buscando a la desesperada
el interruptor de la luz.

Entonces te vi subiendo
con soltura por la tapia
que volcaba a los jardines
cuajados de primavera
que solo ven los demás.

No vi dentro de mi ceguera
que me tendieses la mano
que me subiese contigo,
lejos de las plantas muertas,
agolpadas en matojos
junto a la puerta trasera,
ahogadas
por el humo cruel que asfixia
que sale de mi cigarro.

Aquí me quedé tendida,
evadida frente a todo,
dejando pasar el tiempo
y que la lluvia me ahogue
en recuerdos de mi niñez.

No preguntes si me ves
desahuciada de la vida,
cansada ya de correr
tras los sueños que buscamos.

Déjame dormir tranquila
en mi descanso inducido,
recordando los sonidos
que alegraron nuestro ayer.

Y sé feliz, compañero,
cuídate si no nos vemos,
nunca olvides nuestro sueño
de vivir con ilusión.

Yo aquí te dejo,
me quedo,
ya no comparto el camino,
solo busco en callejones
algo que me proporcione
lo que llevo años buscando,
sumirme sin hacer ruido
en una eterna evasión.

El mar que no tengo

Mándame fotos del mar que no veo.

Toca la arena. Moja tus dedos.

Dime que sientes, lo que yo ya no siento.

Mándame el reflejo de la luna, esta noche que es plena.

En esas aguas mansas.

Eternamente sin dueño.

Mándame fotos de la orilla salvaje.

Que va y viene, y no hay quien la pare.

Dime a qué huele ese momento de ver las olas romper, en pleno oleaje.

Que hoy yo, ya lejos, no puedo, no siento, me muero por dentro, con tanto que pierdo.

Mándame todo lo que dejé en el intento.

No hay cambios sin miedos.

No hay noches sin sueños.

No hay día que no recuerde ese mar sereno.

Donde paseaba a diario y hoy ya no puedo.

By Miriam Giménez Porcel.

 

 

Sin miedo

Deja que rompa de un puñetazo el muro que protege a tu corazón;

no lo protege

– te equivocas-

lo aísla.

Deja que vea el cielo que se esconde tras las rocas apiladas

que te arrancan de la vida y te llevan día a día hacia la muerte,

día a día.

Deja que huela el aroma a sal del mar calmo que se esconde en lo sólido y profundo de tu coraza

y volemos,

manos juntas,

despiertos y sin miedo.

M. L. F.

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