Dulce tentación 1.

 

Todavía era de noche cuando Norah Stuart salió de su casa por la puerta del garaje, conduciendo su nuevo coche, un BMW 118, para dirigirse a la oficina. Hacía frío y estaba nevando, lo habitual de un mes de enero en aquella ciudad, por lo que Norah se había abrigado bien antes de salir.

Para ser las seis de la mañana de un lunes, estaba más despierta que nunca. Al parecer, un tipo misterioso había ido comprando acciones de la empresa en la que trabajaba hasta lograr convertirse en el accionista mayoritario y había convocado una reunión esa misma mañana.

Norah había quedado a las siete de la mañana con Bill Mason, el director general de “Events”, la empresa de organización de grandes eventos de la que Norah era la directora ejecutiva, para prepararse la reunión con el desconocido accionista mayoritario del que ni siquiera habían podido saber su nombre.

Norah llegó a la oficina veinte minutos después de salir de casa y no se sorprendió al ver la oficina completamente vacía dada la hora que era.

–  ¡Qué ironía! – Pensó Norah en voz alta. – Ahora me levanto a las seis de la mañana y vengo a trabajar y hace tres años me acostaba a esta hora y me pasaba la mañana durmiendo.

Se sentó frente a su escritorio y actualizó los gráficos de productividad y beneficios, ordenó y archivó todas las facturas de la empresa y revisó algunos de los presupuestos que tenían pendientes de confirmación del cliente antes que Bill llegara a la oficina.

–  ¿Desde qué hora llevas aquí? – Le preguntó Bill mirando su reloj, pareciendo más un padre que un jefe. – ¡No son ni las siete!

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