El diario

EL DIARIO

Hoy que el silencio nos muerde las palabras, aprovecho tu ausencia en mi compañía para leer el diario que juntos comenzamos a escribir, en un tiempo que parece tan lejano, y tal vez lo sea, que ya las arrugas cubren los márgenes que jamás respetamos.

Amarillean las páginas gastadas por un amor que de razones poco o nada llegó a entender jamás. Ya perdieron el aroma a los jazmines que un día acompañaron a nuestros versos vomitados con pasión de enamorado. Se doblan las esquinas igual que nuestros sentimientos y los espacios en blanco le ganan el terreno a las líneas de la vida.

Se nos gastaron también los colores con los que solazábamos las páginas y tuvimos que colocar marcadores para que el día en que vivimos no cayese en el olvido. Proliferan los mutismos y tachones y ya solo queda espacio para mi escritura automática y tus palabras dictadas.

Hoy completo la última página de nuestro diario y aún me niego a colocar el maldito punto y final en una hoja carente de fecha y hora. Me limitaré a terminarlo con una sucesión inagotable de puntos suspensivos…

Café literario

Hoy te miro desde lejos, y de nuevo me enamoro de tus gestos y tus modos. De esa sutil sonrisa, o el llanto escondido, según la novela a la que estés en ese momento entregada, sumisa, a sus pies. Te dejas embriagar por las notas del autor, por las normas de sus letras, por su pasión y me siento celoso de esa entrega, de esos logros que yo siento que jamás alcanzaré. Son tus pómulos, tus labios, tus manos las que imploro. Te deseo de un modo inmaduro, casi infantil. Tu no sabes que te observo. No entenderías mis motivos, hasta dirías que soy obsceno. Nada más lejos de la realidad. Yo te quiero, a mi lado, leyendo esos versos, narrando esas historias que te conmueven, tejiendo los mismos sueños que el autor tejió en el momento de crear la telaraña de la historia, que te tiene sumergida, y tan alejada de mi persona. Que te tiene enamorada. Cada semana una distinta, y nunca es la mía. Me gustaría escribir tu novela, que la leyeras, que entendieras esta obsesión. Y cierto día que levantas la mirada, y te topas con la mía me figuro que te gusto, me imagino que te acercas, que preguntas que novela entretiene mis momentos, y ni siquiera yo sé que es lo que leo. Tomo libros en mis manos sin conocer el título, permanezco, a lo lejos, cual absorto lector, anotando todos tus movimientos. Un leve movimiento de rodilla, un roce lento de la yema de tus dedos, rozando tus labios, cortados por el frío, le dices al camarero sonriendo, cuando te sirve el café ardiendo. Yo quisiera rozarlos, con crema de cacao y curarlos a besos.
Y así cada jueves, en este café literario donde te encontré hace un año, leyendo.
Y así seguiré invisible a ti. Enamorado de un cuadro, cual pintor pintó de un modo abstracto, bohemio, soñador. Inalcanzable, para mi.
By Miriam Giménez Porcel.

Si me ves llorar

SI ME VES LLORAR

El día que me veas llorar sabrás que algo dentro de mí se ha roto para siempre. Tengo las lágrimas contadas y, por lo general, no suelo derrocharlas con cualquier cosa. Para mí son un valioso tesoro que no hay que ir desperdiciando así como así.

No comprendo a la gente que llora por cualquier cosa. Las lágrimas hay que atesorarlas, guardarlas envueltas en un pañuelo de seda y no dejarlas escapar a menos que sea realmente importante. Si no, se agotan, se seca el manantial que les da la vida y cuando sean necesarias ya no habrá posibilidad alguna de liberación. En los asuntos cotidianos, prefiero alcanzar esta de alguna otra manera, por ejemplo, con un buen orgasmo, de esos que te hacen olvidar que las lágrimas estaban a punto de saltar.

Hasta ahora, pocas cosas han sido merecedoras de mis lágrimas, tan solo una pérdida irremediable y algunos momentos puntuales de alguna intensa emoción. En estos últimos casos, no se desatan en torrente, sino que son lágrimas esporádicas, fugitivas, de las que su mayor logro es hacer que se corra el rímel.

Así que no te preocupes por mí, yo estoy bien. Eso sí, si me ves llorar… Si me ves llorar no digas nada, solo abrázame bien fuerte y bébete mis lágrimas entre suspiros.

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