Viajando con el corazón.- Otoño en España.- En audio y en vídeo.

Otoño

 

En algunos lugares de mi país, aún el calor persiste, aunque ya el domingo 23 de septiembre haya entrado el equinoccio del otoño.

No todos sabemos lo que significan los equinoccios, nos basta con saber que hay dos.

En cada uno de estos equinoccios hay alguna característica que les hace ser distinta a las demás.

El cenit, tal vez si os suene, es cuando el sol alcanza el punto más alto en el cielo con relación al observador, que se encuentra justo sobre su
cabeza y ocurre en marzo y septiembre, siendo la duración del día y la noche aproximadamente igual y son el Equinoccio de Otoño y Equinoccio de primavera.

Podríamos decir que los equinoccios son el instante en que se cambia de estación.

Determinadas horas de un día, correspondientes a un mes, en los que se cambia de estación, el tiempo. Otoño, invierno, primavera y verano.

Cuando hablamos de hemisferios, hablamos de los polos, norte y sur. En el norte comienza el equinoccio primaveral, mientras que en el polo sur, comienza una noche que tendrá 6 meses de duración. Aproximadamente el 22 de septiembre.

La estación de otoño se caracteriza-ba por suaves temperaturas, ya más frescas, aunque a veces, pasamos directamente al frío invierno.

Es una hermosa estación, cada una tiene su ser. Los colores de los árboles, incluso en las ciudades, se visten de colores entre rojizos, marrones y amarillos.

Por supuesto en las afueras de la ciudad es donde realmente se aprecia este cambio.

Las lluvias llegan-ban, necesarias por ser la época de la siembra, por ser el momento marcado para el inicio de ciertos apareamientos, con los que la tierra consigue, a pesar de todo el daño que los humanos la imprimamos, que determinadas especies no se extingan.

En la ciudad la lluvia no les gusta a la mayoría de los ciudadanos, pero deberían saber que limpian esa enorme bota de contaminación que tenemos sobre nuestras cabezas y ciertos virus no aparezcan o se mitiguen incluso las alergias.

En España tenemos una pequeña tregua antes de las lluvias, depende de los años y aunque digan que no existe del cambio climático, llamado Veranillo de San Miguel.

En Estados Unidos se denomina altwebersommner. En algunos lugares se les conoce como Veranillo de los Arcángeles o el Veranillo del membrillo.

El Veranito de San Juan, pues el 24 de junio nació San Juan Bautista, al pasar al invierno en el hemisferio sur.
En ecuador, el Veranillo de las Almas, hay días soleados y temperaturas elevadas que tienen lugar en los primeros días de noviembre, entrada la primavera.

Viajando con el corazón.-Caminar despacio.

Con la mochila en la espalda, el corazón en la mano, la mente abierta y todos los sentidos pendientes de lo que están a punto de vivir.

Una manera distinta de viajar, donde encontraras lugares poco habituales, la naturaleza se fundirá con la ciudad y del caos del tráfico pasaremos a las sonrisas que resuenan en las cascadas.
No dejes de sentarte en el jardín o en la butaca de tu biblioteca frente a la chimenea, y viaja con tu mente, disfruta de mis paseos, deleite para el caminante que sepa disfrutar de todo lo que la vida nos ofrece, armonía en los rincones, costumbres, bosques, cascadas.

Cuadernillos de Otoño

Otoño

Las primeras lluvias, que distintas en la ciudad o en el campo, en el bosque o en la montaña.

El otoño quiere dejarse ver, en sus dos vertientes, los problemas del día a día: los atascos, las prisas, la ropa empapada, el paraguas roto por la lluvia.

Y las maravillas que la naturaleza nos muestra: las ramas de los árboles se liberan de peso, otros se tiñen de rojos, ocres, lindos colores, claro indicador de que ha llegado el otoño.

 

Ciertas aves comienzan a reunirse para comenzar un largo viaje a otras tierras, otras como las ruidosas grullas llegan a nuestras dehesas, enOtoño especial en la zona de Extremadura, como el Parque Nacional de Cabañeros o en el Embalse del Rosarito.

Algunos animales sienten la llamada del tiempo, sus ritos de apareamiento devuelven la vida a los silenciosos valles, altas montañas en verano, con el calor, enmudecidas.

El eco expande sin temor en la lejanía su reclamo de posesión territorial.

Algunos simulan peleas, otras son tan reales que siempre hay algún perjudicado en el intento, y como el resto, lucen sus encantos, colores, cantos, actitudes diversas, siempre por supuesto, reclamando la atención de las hembras.

No importa el lugar, sean valles o bosques, todo bulle de actividad, lo único diferente es la esencia que se aprecia en cada uno de estos sitios, las sensaciones que producen en nosotros los humanos, aunque no seamos amantes de la vida, de la naturaleza.

Otoño

Son muchos los lugares donde podemos observar en plena ebullición el otoño, podemos elegir el sitio y el momento dependiendo de lo que busquemos: Montaña o bosque.

En cualquiera de ellos nos sorprenderemos, sin lugar a duda, podremos pasear y escuchar el crujir de las hojas, de las ramas, bajo nuestros pies, observar el color de los castaños con sus ramas cargadas de su fruto esperando el momento en noviembre de dejarlo escapar, mientras escuchamos el río fluir hacia su fin, o escapar de su prisión en la profundidad de la tierra o entre las piedras, el gorgoteo del agua al chocar por vez primera sobre la arena o la piedra gris.

Subir al pico más alto y desde allí ojear en busca de Rebecos, por ejemplo si nos encontramos en Asturias o de Gamos si estamos en

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los bosques de la Rioja, donde también podemos adentrarnos en busca de su mayor tesoro “Boletus” con los que podemos elaborar deliciosas salsas que sirvan de acompañamiento a nuestros platos preferidos, bañados con la sangre de la tierra, sus ricos vinos que no desmerecen en absoluto a los mejores del mundo.

En el Parque Natural de Cazorla junto a su embalse o en lo más profundo de sus montañas arboladas, la Cabra Montesa o el Ciervo, este último el de más reclamo entre los turistas.

La berrea, digna de ser no sólo vista sino escuchada en los campos de Jaén, donde todo son fincas señoriales, privadas del tráfico para el resto de los mortales, y los guardas te incordian en cuanto te descuidas.

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Espectaculares ejemplares con sus astas cuyo tamaño dicen refleja su fertilidad.

Impresionante el sonido del bramido en los días de lluvia reclamando su territorio, sus hembras.

En el Parque Natural de Monfrague, donde además podrás ver correr los jabatos, casi pisar un lagarto y por supuesto un sinfín de aves de todo tipo, desde las más pequeñas y discretas, a las más grandiosas. El Valle de Irati…

Una linda estación donde todo a nuestro alrededor cambia.

Son tantos e interminables los lugares donde hacer una escapada.

Cerca y lejos, en la periferia de la ciudad, en el centro, en la sierra, y por supuesto en nuestros bosques.

 

Cuadernillos de Otoño. -Los hayedos

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Son varios los parques naturales que hay en nuestro país, en las diversas comunidades que lo componen, y que representan perfectamente nuestro patrimonio natural y que precisamente en esta estación climatológica, el otoño, resaltan en todo su esplendor.

Los Hayedos, aproximadamente 40 en toda la península, algunos más conocidos o visitados, otros sumidos en leyendas de misterio, de brujas, pero cada cual con su encanto, con su seña de identidad, dejando en el paseante amante de la naturaleza un cumulo de lindas sensaciones.

Podemos nombrar algunos, pero el que no aparezcan aquí, no significa que no dejemos de interesarnos por ellos, son lugares mágicos envueltos muchas veces en niebla y humedad, que requieren andarlos, si, coger la mochila con agua, con fruta, algunos frutos secos, algo de comida ligera, unos prismáticos, un pequeño botiquín que siempre nos debe acompañar, una manta de viaje mejor isotérmica, y sobre todo la mente abierta, los sentidos despiertos para empaparte de todo lo que allí acontezca, no solo veremos hayas, puede haber otros tipos de vegetación, animalillos que se nos cruzaran en el camino o estarán tranquilos cercas de sus madrigueras, sobrevolaran algunas aves y entre las hojas caídas y los trozos de ramas húmedas podremos ver asomar setas, níscalos, boletus.

Un mundo distinto, una vía de escape del estrés, de la contaminación, del ruido de la gran urbe, un lugar mágico donde respirar tranquilidad, donde dar rienda suelta a nuestros sentidos.

Buenos ejemplos tenemos en el Hayedo de Montejo en la sierra de Madrid, La Pedrosa y La Tejera Negra en la provincia de Guadalajara, Los

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Cameros en la Rioja, El Valle de Irati y El Señorío de Bertiz en el pirineo navarro, La sierra de Urbasa y Quinto Real también en Navarra, El parque natural Saja-Besaya en Cantabria, La Sierra de Altzania en Euskadi, El Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido y el Valle de Belagua en Huesca, Montseny en Barcelona, Riofrío de Riaza en Segovia, Riaño entre Palencia y León, Somiedo y Redes en Asturias, El Parque Natural de Moncayo, entre otros que ya iremos visitando.

Dicen que los mejores viajes, salidas, son aquellos que surgen de repente, sin haber sido planificados, es cierto que a veces sucede así, tengo que reconocer que algunas veces salidas inesperadas, son las que mejor sabor de boca me han dejado.

Pero en estos casos, sobre todo si vamos en familia, lo mejor, es no dejarlo todo a la aventura.

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Necesitamos organizar las mochilas, está bien que los más pequeños también se sientan implicados en estas salidas, cada uno podría llevar una pequeña mochila, por ejemplo: con su impermeable, su botella de agua, unas pequeñas raciones de frutos secos o fruta.

Los mayores por supuesto llevaremos el resto de las cosas. Ser precavidos, cuando hay niños, es posible que exista la necesidad de cambiarse de ropa, una muda, unas mallas y un polar pueden ser una solución que no pesa mucho y no nos obligaría a suspender, tal vez, en su mejor momento la excursión.

Buscad bien las rutas, los puntos de acceso da igual en internet o en libros, pero si es en la red, tened la precaución de visitar varias páginas y contrastar información, a veces, no es correcta, o no está bien explicada, ello puedo estropearnos un buen plan. También disponéis de las páginas oficiales de los Parques Naturales donde encontrareis toda la información necesaria.

Por supuesto la indumentaria debe ser también la adecuada, los que somos habituales visitantes de la naturaleza lo sabemos bien. No estrenéis botas, o zapatillas de trekking el mismo día previsto para la caminata. No llevéis zapato apretado o en malas condiciones, ir con ropa muy cómoda que os permita cruzar un río si es necesario o trepar por unas rocas, a los niños les encanta, la adrenalina fluye y sus carcajadas llenan de alegría el entorno.

A los pequeños sobre todo las niñas, les encanta llevar bolsitos o colgantes, recomendarles que no lo hagan, pueden causar graves accidentes, una caída, una rama…

Y después de estos breves, básicos consejos vamos a visitar uno de nuestros fabulosos hayedos.

El más visitado en la Comunidad de Madrid es el Hayedo de Montejo

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Se necesita reservar visita y es muy difícil conseguirla, en estos momentos se están programando con tres meses de antelación. La reserva puede hacerse por teléfono o bien por Internet, pero en cualquiera de los casos hay unos calendarios previstos y las  reservas están fijadas con muchos meses de antelación.

Dependiendo de las fechas que os den quizás ya no podréis disfrutar del otoño pero si del hermoso paisaje de la nieve en invierno.

Si lo hacéis llevad las cadenas en el maletero del coche y ropa de abrigo, la temperatura desciende mucho en el hayedo.

No obstante para ver la riqueza del hayedo no es necesario visitarlo en su interior, tenéis una serie de senderos perfectamente señalizados que bordean, rodean el hayedo, y en el que también podéis disfrutar de una agradable excursión.

 

Entre ellas están: El Hayedo de Montejo, La Hiruela, Prádena del Rincón o Puebla de la Sierra.

Rutas que han sido recuperadas por la Mancomunidad Sierra del Rincón y están perfectamente señalizadas.

En su discurrir además de las hayas podemos toparnos con chozas de pastores, ermitas, y algunas otras sorpresas que dejamos a la espera…

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¿Qué podéis encontrar? En primer lugar la construcción típica del lugar, la casa Serrana de muros de granito y pizarra, vigas de madera, guarnecidas interiormente con adobe. Casas de dos plantas, siendo la más alta la utilizada para el almacenaje y los dormitorios y la planta baja destinada a sala, cocina y cuadra. En algunas podremos observar los hornos que sobresalen de la fachada, era alrededor de la cocina y su horno, el calor de la chimenea, donde giraba la vida en la casa.

El Hayedo es un bosque obscuro de unas 250 hectáreas, una luz verdosa tenue se filtra a través de las hojas y discurre junto a él el río Jarama. Sus orígenes, como casi todo en nuestro planeta, la última glaciación, tiempo muy frío y húmedo, dejaron estos bosques como testimonio de aquellos remotos tiempos.

El último dueño conocido era un caballero que vivía en Sepúlveda y allí se explotaban reses de todo tipo: Vacunas, Ovinas y Caprinas. Siendo en el año 1974 cuando se empezaron a realizar las primeros controles sobre visitas al hayedo y normas para su conservación.

En nuestro paseo los ojos y los oídos bien abiertos, corzos y jabalíes, encuentran un lugar ideal para vivir entre las hayas, Cuidado con no

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pisar al lagarto verdiamarillo, junto a las frías aguas del río, si vais caminando despacio y en silencio, la nutría y el tejón, se asomaran a vuestro encuentro.

En los huecos de las hayas el cárabo común, el picapinos. En sus ramas, los carboneros, herrerillos. Cerca del a agua, el mirlo acuático y en sus cielos por supuesto no podían falta el azor y el águila calzada.

Es un ejemplo de nuestros hayedos, pero sinceramente no el más hermoso, ni el que te invita a reflexionar mientras paseas, son otros muchos los lugares como la Selva de Irati que te transmiten esa sensación de haber traspasado las fronteras de la realidad.

Lugares que aún no están masificados ni tan controlados, donde la naturaleza todavía puede fluir libre, naturalmente, como debe ser.

Disfrutad del Otoño…

Habrá más…

 

Yuya wang. Pianista encantadora de medusas

A Yuya Wang la llaman” la pianista encantadora de medusas”.

Ella tiene treinta años y cuando ya casi todo esta leído o escrito, de repente me encuentro  con ella,

Yuya vivió siempre cerca del mar, viajó  de Pekin a Filadelfia y terminó instalándose en New York a orillas de Hudson.

Ella realmente no busca concienciar a nosotros  los humanos de las barbaries cometidas y es una pena, pues se conecta con los animales que los habitan y vive cara a él.

Todos cuantos han asistido a un concierto suyo,  dicen que ella es “poesía”

Un pianista debe “sellar el momento  en que la memoria sentimental del espectador se evapora y desaparece”

En su tierra la llaman o conocen como “profeta e hija prodiga”.

Ella es capaz de encantar a las inmortales medusas.

Estuvo en el Oceonografico de Valencia, España y mejor lo ven.

Y yo les dejó  un pequeño poema

Son las teclas del piano

Las que encantan las medusas,

energía de los océanos

Cuando acaricia las teclas

y rasgan las notas  el aire

es magia,  es poesía

Despertando sentimientos

espectador que embrujado

queda

contemplando tan inusitado

momento

Inoculado  de emociones

que se despliegan

Sin disolverse

Antes de convertirse

en magia que prenden

luz en las miradas.

@Marijose

 

 

 

 

EN PRIMERA PERSONA

Esta es mi historia, mi experiencia personal, pero sé que podría ser la de cualquier joven argentino de clase media viviendo en este país. Por eso quiero contar en primera persona lo que está sucediendo en un país desgarrado, desgastado, desvalorizado y sacudido por un mal social que no cesa. Más de lo mismo, esto es cíclico y nadie sabe si realmente alguna vez el ciclo se cerrará para salir adelante como lo necesitamos.

Cuando se vuelve cuesta arriba creer en los sueños, resulta difícil continuar soñando. En mi corta vida he tenido sueños y he logrado materializar algunos, algo que alimenta la sonrisa del alma y las ganas de seguir soñando. Pero ocurre también que la realidad muchas veces pisa fuerte acorralando las alas de aquellos sueños, volviéndolos cada vez más lejanos. Mi esencia me permite siempre mantenerme con ilusión pero ya no soy una niña, ahora debo abrir bien los ojos y mantenerme despierta porque si me duermo y no lucho, los buitres pueden resetearme esos anhelos del alma construidos desde el amor.

Cuando era una adolescente ilusa e inexperta viví una de las primeras crisis de la actualidad (la del 2001, la más fuerte de las contemporáneas) pero así y todo no la viví realmente “a consciencia”. Tenía casa, comida y la protección de mis padres que resolvían todo por mí y mi hermana así que, aunque de alguna manera lo vivimos, nos mantuvimos al margen. Lo vivimos, lo viví. Y se salió de eso. El país salió. Ya no sé siquiera cómo porque ese fin de año ocurrió una increíble seguidilla de asunciones ridículas de presidentes en tan sólo una semana y a partir de ahí se veía públicamente lo que se denominó caos social y creo que la definición fue bastante acertada, digo con respecto al tema social. Hoy, después de diecisiete años reincidimos; la sociedad nuevamente se encuentra sacudida. No aprendemos más, no sabemos aprender. A muchos tampoco los dejan porque los incentivan para no salir de ese círculo vicioso, los agitan tanto que los aturden para confundirlos, distraerlos de lo que realmente importa. ¿Qué nos sucede a los argentinos que nos dejamos pisotear una y otra vez? ¿Qué nos pasa que vale más aparentar algo que no somos a ser solidarios entre nosotros? Nos comportamos de forma egoísta cuando algo realmente vale la pena. Sólo nos unimos para hacer más ruido o para demostrar una y otra vez lo “vivos” que podemos llegar a ser ante las situaciones que nos engordan el ego.

Me siento muy decepcionada, cansada porque soy joven y estoy repleta de sueños que debo postergar por tiempo indeterminado, o lo que es peor, resignarlos para no luchar en contra de la corriente. Hace décadas que el ciudadano argentino se preocupa de verdad cuando le tocan el bolsillo, se inquieta cuando se dispara el dólar y los precios vuelan a las nubes en apenas días. Hace años que debemos lidiar con la inestabilidad económica y que el resto de las cosas dependan de ello. Y, como si eso no alcanzara, hace casi un siglo que debemos aceptar la progresiva decadencia cultural que, con los años, crece más y más a la par de la debacle social. Todo se experimenta en medio de ambientes hostiles, violentos (provocados por la misma gente que así se encuentra: violenta y hostil). Todo se mide con la vara del resentimiento y la insanidad moral. Cada vez somos menos las personas que elegimos trabajar internamente para mantenernos limpios de toda intoxicación emocional que lo único que logra es más resentimiento y más competencia entre pares. La desigualdad social es un claro ejemplo de esto; unos se llenan los bolsillos de billetes y chequeras (y de lujos adquiridos para aparentar), mientras que a otros se les escurre lo poco que tienen (material e inmaterial) aunque lo cuiden como a su propia vida. La gente prefiere ciegamente admitir diferencias irreconciliables entre personas y enfrentarse en vez de aceptar que el problema de base es muchísimo más profundo: la mentalidad y la educación, las que perdimos en alguna urna hace unas cuantas décadas o, lo que es peor, nos las fueron robando junto con la dignidad los poderosos e inescrupulosos que simularon manejar el país. Más allá de banderas políticas, los candidatos acaparan votos para salvarse ellos y el pueblo queda al margen de todo. Cada vez es mayor el número de personas trabajadoras, empobrecidas, humildes y cansadas de remar contra la corriente, mientras que cada vez son menos los que más tienen y escalan hacia un estatus social de privilegio. Y así quedarán eternamente enfrentados en distintas veredas. Y así quedará eternamente más enterrada en el olvido la alguna vez existente clase media (que ya casi no logra divisarse). De esta manera no hay más que muchísima más división de clases, desigualdad e injusticia. Y el hartazgo. El cansancio de no saber cómo salir de forma sana de ese lamentable círculo. ¿Dónde están los derechos de los que (dicen) gozamos todos? Que yo sepa, no todos tenemos los mismos derechos. Profesionales (o no) nos vemos imposibilitados a acceder a una casa propia, debemos renunciar al sueño de la familia por no poder mantenerse siquiera una pareja, como para encima pensar en alimentar una boca más, debemos aceptar que nos arrebaten de a poco los sueños más puros y más nobles por sensatez. Eso sí, a quienes no tuvieron educación se les incentiva a construir sobre el fango familias numerosas, lo mismo que a los “burgueses modernos” que jamás sabrán lo que es sentarse con su pareja a hacer cuentas una y otra vez para que los números no se diluyan en el papel. Y yo me pregunto, entonces, ¿hasta cuándo vamos a tolerar que nuestro país continúe “zafando” -como decimos en lunfardo- en medio de crisis, que se llevan puestas a miles de personas cada vez que ocurren y placebos donde se aquietan las aguas para luego volver a sacudirse al cabo de dos o tres años más?

Luego del 2001, se instaló la famosa “década ganada”, como a ellos mismos les gustaba definirse, que concluyendo el 2015 llegó al final de su existencia dejando una grieta irreparable en la sociedad argentina en donde más o menos la cosa se definió -y define- como un partido de football donde “sos de un equipo o del otro” (pero nunca habrá acuerdo, sos de un bando o sos el enemigo) y aún quedan resabios de esa división. Y ahora que ese período es tan inimaginable como la idea de ser potencia mundial, transitamos una nueva crisis cargada de incertidumbre (predecible o no) por una imposibilidad o desinterés en educar a la sociedad para cuidar lo que tenemos sin que nos sigan robando no sólo los sueños, también el dinero y con él la posibilidad de progresar en la vida.

Hoy debemos seguir adelante. No sabemos cómo pero hay que seguir. Hoy no estoy sola, gracias a Dios tengo a un compañero que sigue mis pasos tomándome de la mano. Y yo lo sigo a él donde vaya. Pero los dos sí estamos solos. Solos nos dejó el sistema, solos nos dejó la sociedad porque, como dije antes, la gente está muy preocupada aparentando. O tratando de sobrevivir (al igual que nosotros), mientras tanto el país continua andando en una especie de terapia intensiva de la que resulta muy difícil imaginar salir prontamente. Mientras tanto, como han dicho muchos, “hay que pensar en trabajar para un cambio que no vamos a ver, que quizás ni nuestros hijos lleguen a ver”. Pero, ¿estamos realmente dispuestos a sacrificar nuestro presente por un futuro incierto? ¿Por qué, si la vida es hoy? Mañana no sabemos si estaremos vivos o qué pasará. Además, ¿de qué hijos estoy hablando, si a este paso difícilmente los tenga? Mientras tanto, sólo queda ver pasar por delante de los ojos como algunos, con un poco de suerte (o ayuda) cumplen sus sueños, los mismos que nosotros por ahora no podemos alcanzar, también aceptar que la cultura de este país, sigue en decadencia y mientras no haya nadie despierto capaz de enderezarla éste también va a ser un problema social. Porque no todo es el bolsillo; lo que cansa es no vivir tranquilo, sabiendo que en cualquier momento puede haber un estallido social. Y lo que además entristece es ver cómo cada vez hay más gente (más) ignorante dejándose llevar por esa marea decadente; faltos de educación, faltos de interés en salir adelante y crecer, llevados por una situación que les permite sobrevivir cómodos ya que hacer el esfuerzo por cambiar implica un desgaste -o porque ni siquiera se detienen a pensar en eso, porque no tienen las herramientas para poder reflexionar- entonces es mejor seguir como se está a probar un cambio que los saque de esa comodidad tan vacía, de su zona de confort -aún sin saber que en ella se encuentran-.

Es así que mi país, mi patria, se encuentra a un millón de años de luz de lo que pudiera ser un país civilizado y mientras eso ocurre países civilizados nos miran desde arriba y con recelo por esa distancia cultural y educacional que nos separa. Y así quienes trabajamos y luchamos por superarnos, nos encontramos una y otra vez con obstáculos y trabas que nos impiden avanzar y creer que los sueños -esos que añoramos con el alma y el cuerpo- se nos van a cumplir, lidiando con la violencia que se vive en la opinión pública, en quienes no pueden despertar de ese fanatismo ciego que los impulsa a revolucionar y revolver todo aquello que sienten del lado opuesto de su vereda. Y este es el futuro hostil que dejaremos a las próximas generaciones, que cada vez tendrán más dificultades para progresar y más resentimientos con los que lidiar.

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