Carpintero

Carpintero” está lleno de los lugares en los que dejo de esconderme.

No sé si es un poema de madurez porque, en esto como en tantas otras cosas, la certeza nos asalta a posteriori.

Lo decía Steve, el de las gafas, la barba y la profunda soledad. Lo decía Steve, el del imperio, las riquezas, el poder y la humilde ostentación. Contradicciones de una vida que se explica desde el futuro hecho hoy, conectando puntos y, en mi caso, respirando desde la certeza de que nada me pertenece. Que nada que no sean mis propias reacciones, algunas, puedo controlar.

Así que dejo que caigan los frutos, que me golpeen los que tengan que hacerlo y que quien esté tan perdido como yo, quien no esté tan vacío como para creerse toas mis mentiras, se acerque. Que se marche quien tenga que hacerlo y, si os marcháis… pues eso.

 

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