CANDELARIO.

 

Siempre que quería ver el almanaque, decía “pásame el candelario” y se reían de él; trataba de cambiar, pero la palabra “almanaque” no le salía.

 

Entonces decidió renunciar a los días, empezó a ignorar las semanas y los meses para que finalmente fueran los años los que olvidara y al parecer los años se olvidaron de él, porque no envejecía.

 

 

Imagen: Internet.

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