Buscando a Marta (5ª entrega)

 

Buscando a Marta

Permanecer oculta es su única pretensión. Marta necesitaba que llegara la noche. Cuando se vió lo suficientemente alejada de aquella muralla, se detuvo un instante para comprobar hacía dónde sería más aconsejable dirigirse e intentó recuperar el aliento y las fuerzas. Le temblaban las piernas, las manos sobre las rodillas y la cabeza gacha, la hacían parecer más agotada de lo que realmente estaba. Salir a correr algún que otro amanecer, en su vida diaria, ahora le estaba sirviendo de gran ayuda. No era una runner, pero cumplía los objetivos fijados en cada sesión de entrenamiento que se fijaba. Se sentía orgullosa. Anochecía tan lentamente que se le estaba haciendo un mundo seguir corriendo, pero pudo ver a no más de un kilómetro un poblado en el que refugiarse. Buscaría a alguien, aunque Fernando le hubiera recalcado que allí nadie le ayudaría.

Llegó intentando aparentar normalidad. aunque llamaba la atención de los habitantes del lugar, ya que principalmente llevar el cabello descubierto siendo mujer, la delataba como no persona del lugar. Al menos era morena, pensó Marta. Quería ser positiva y comenzó a mirar a todos los puestos que habían por toda la plaza que se abría en mitad del pueblo. Para ser la hora que era, el lugar estaba en plena actividad. Tal vez, el intenso calor durante el día hace que la vida empiece a unas horas en las que el sol no achicharra y las gentes aprovechan para mezclarse, charlar, comprar o lo que quiera que hacen en esos paises. No le importaba a Marta, de hecho aunque le sorprendió el gentío, lo agradeció. Se mezcló entre ellos y pensó que hacerse con un fular para taparse era la mejor opción. Después de ir caminando y observando puesto por puesto, una mujer, que le pareció muy mayor, y que pintaba unas artesanías típicas del lugar, la observaba desde un rincón. Se encontraron sus miradas en ese instante y Marta acudió a ella como si hubiera sido un reclamo directo y claro. Le hizo una especie de reverencia con ambas manos unidas, del modo más cortés que supo, para que no se asustara. Al fin y al cabo había sido aquella sabia mujer la que la estaba observando a ella. Por algo sería. Quiso creer en el destino.

Lo primero que hizo, la anciana, sin mediar palabra, aunque tenía claro que, por el idioma, no se iban a entender, fue ofrecerle un pañuelo para que se cubriera. Marta la observaba, con sus manos tatuadas y tapada completamente, allí sentada y le causó una enorme ternura. Probablemente para aquella mujer, la apariencia desemparada de Marta, también fué lo que le llamó la atención.

La ayudó a colocárselo y le ofreció sentarse junto a ella, mientras le preparó un te. Marta observaba aquellos bellos recuerdos que los visitantes suelen comprar y admiró la destreza de la anciana.

Se sonrieron. Y fue oscureciendo en la noche de Tunez, en aquel momento de mercadeo en el que Marta, allí sentada, tapada con su velo, se sintió ya de la zona, mezclada en aquel bullicio que fue lo que la ayudó a que el día acabara como ella quería, libre.

Casi dos horas después de estar allí, junto a aquella mujer, apareció un muchacho de la edad de Marta, que se quedó sorprendido al observar a su abuela junto a aquella desconocida.

Mantuvieron una conversación, de la que Marta no pudo ni por asomo deducir qué se decían. No parecía enfadado. Por lo que era un buen agurio. Al cabo de un rato, ella no tenía idea de que hacer, por lo que se levantó y se dirigió a ambos:

-Disculpen las molestias, no deseo que tengan ningún problema por mi presencia. Ya me marcho.- Y de nuevo a modo de reverencia dió las gracias.

-No molestas.- Dijo el muchacho.

-Hablas mi idioma?!.-Exclamó Marta de tal modo que sonaba más a pregunta que a otra cosa. Lo que le pareció estúpido, puesto que lo había escuchado perfectamente. Se iba a poder entender con aquel chico. Sonrió abiertamente.

-No muy perfecto el español, pero entiendo. Y hablo un poco. Ella es Amal. Yo soy Aban.

Marta escuchaba a aquel chico que se esforzaba por explicarle quienes eran ellos, cuando para ella, le parecían sus salvadores. No sabía muy bien cómo, ni cuándo le explicaría que hacía ella allí, pero de momento refugiarse junto a ellos, descansar y esperar a mañana era su única opción.

Al día siguiente ya vería como hacía para que Aban le ayudara a huir de aquel pais, donde ella estaba sin dinero, sin documentación ni nada que la identificara….

————————- CONTINUARÁ —————————-

About Miriam Giménez

Adoro escribir y contar desde mi punto de vista, que la vida es todo lo bonita que nosotros la queramos vivir.

1 comentario en “Buscando a Marta (5ª entrega)

  1. Parece que Marta ya está viendo un poco de luz después de todo… Aunque me da a mí que escapar de Túnez no le va a resultar nada fácil. Espero que al menos cuente con la ayuda y el apoyo de Amal y Aban. Tendremos que esperar una semana más para saber cómo continúa la historia. Me tienes enganchaíta, jejeje!! Besotes, guapa! 😉

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