Bendito olor

 

 

 

 

 

 

¡Bendito olor! pensó, bendito olor el que le traía la brisa marina a través de las montañas. Quizá era tanta su nostalgia que ya creía oler el Mar por cada rincón de aquella población en la que se hallaba. Sabía que se encontraba muy lejos de su añorado Mar y que difícilmente podía ser cierto aquel olor que percibía. En realidad poco le importaba si se trataba o no de una alucinación olfativa, quería envolverse en aquella bendita fragancia marina, recrearse en su aroma e incluso detenerse en el sabor tan especial a sal que en su memoria perduraba.

Hacía ya demasiado tiempo que no mantenía contacto directo con él, demasiado tiempo para alguien como ella que amaba con locura la inmensidad de las aguas marinas. Le daba igual que no fuera cierto que le llegara su aroma y su sabor, quería mantener vivo el recuerdo de la placidez de sus aguas, del contacto de sus pies sobre la arena en la orilla de sus amadas aguas, dejando que el vaivén de las olas relajara la musculatura de sus piernas y lentamente, como una caricia de seda le recorriera el alma.

Ese recuerdo  mantenía en su alma la esperanza de un pronto reencuentro. Su mayor deseo era volver a sumergirse en las aguas del Mar que durante tantos años la acogió, el Mar que en el murmullo de su oleaje le hablaba, era su cómplice en los peores momentos de su vida, era el Mar quien tenía la capacidad de darle calma a su corazón, de renovar por completo su estado de ánimo cuando sus contradicciones la llevaban a tocar fondo.

Eran sus aguas, su brisa, su conversación, su saber escuchar desde el silencio y la calma, era sentir los reflejos del sol en comunión con las vibraciones marinas sobre su piel lo que la transportaba a mundos mágicos que solo el mar entendía. Se sentía hija del Mar, sirena protegida por Neptuno, sabía que ningún mal le ocurriría si prestaba atención a los mensajes de aviso cuando algo le enfurecía. Siempre la protegió, le brindó su amor y en correspondencia a su cariño, amor infinito ella le devolvía.

¡Bendito olor me acercas atravesando las  montañas! A pesar de estar lejos de ti, a pesar del tiempo y la distancia nunca me he sentido de ti tan cercana. Muy dentro de mi pensamiento te encuentras, amado mío, en mi alma te llevo incrustado. Miles de lágrimas brotan de mis agotadas cuencas y cual ríos torrenciales discurren y se precipitan a tu encuentro. Agua salada fluye de mis ojos, ríos de sal que quieren besar tus aguas. 

 

 

 

Imagen de la red

4 comentarios en “Bendito olor

Deja tu comentario, así nos haces grande

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: