Bajo la luz de la luna 14.

Después de haberse relajado en el jacuzzi, se instalaron en la suite y bajaron al salón donde estaba previsto que dieran la bienvenida a todos los invitados. Elisabeth se puso nerviosa cuando vio a tanta gente allí y ella no conocía a nadie. Alan se percató de que Elisabeth se tensaba y, para tratar de calmarla y se sintiera cómoda, le colocó el brazo alrededor de la cintura y le susurró al oído:

–  Creo que tú no te has relajado demasiado.

Elisabeth le miró a los ojos y le sonrió con complicidad antes de responder:

–  Tendremos que hacer terapia intensiva de relajación.

–  Regresemos a la suite, nadie se dará cuenta de que nos hemos ido. – Le propuso Alan.

–  ¡Alan, pero si has venido! – Exclamó un hombre a su espalda. Alan y Elisabeth se volvieron para mirarle y el hombre añadió: – ¡Y has venido muy bien acompañado!

–  Ya ves, Luís. Alguna vez tenía que venir y a Guillermo se le ha ocurrido que de este año no pasaba, así que aquí estoy. – Le dijo Alan estrechándole la mano a Luís, el director creativo. Agarró a Elisabeth por la cintura con posesión y le dijo con voz seria: – Elisabeth, te presento a Luís Cobo, el director creativo de la empresa.

–  Un placer conocerla, señorita Elisabeth. – La saludó Luís mientras cogía su mano y se la llevaba a los labios para besarla, mostrando su lado más seductor.

–  Luís. – Le advirtió Alan y el aludido captó de inmediato el mensaje. Alan le dio un beso en la mejilla a Elisabeth y le susurró: – Voy a por un par de copas, tardo un minuto.

Alan se marchó y Elisabeth se quedó con Luís, que la miraba como si quisiera comérsela y aquello la incomodaba.

–  Así que has venido con Alan, ¿eres su novia? – La interrogó Luís en cuanto tuvo ocasión. Elisabeth no respondió pero le desafió con la mirada y él añadió: – Supongo que no es asunto mío, disculpa.

Luís se retiró y la dejó sola rodeada de gente a la que no conocía, pero prefería estar sola que aguantando sus preguntas indiscretas.

–  ¿Qué ha pasado? – Preguntó Alan con la voz grave provocando un respingo en Elisabeth que no le había visto acercarse.

–  ¿Qué se supone que tiene pasar? – Preguntó Elisabeth desconcertada.

–  He visto como Luís salía huyendo y él nunca se separa de una chica preciosa mientras tenga ocasión.

–  No ha pasado nada, supongo que querrá saludar a sus compañeros. – Mintió Elisabeth.

Alan sabía que Elisabeth le estaba ocultando la verdad, pero lo dejó pasar al ver que no se sentía incómoda ni nerviosa, parecía relajada y a gusto y a él con eso le bastaba.

Apenas avanzaban un par de pasos hacia el centro del salón cuando algún compañero de trabajo de Alan los saludaba y les presentaba a su esposa o pareja con quien habían venido a acompañados. Cuando por fin lograron llegar a la mesa donde les habían ubicado junto al resto de directivos y sus respectivas esposas, Elisabeth se percató de la hostilidad que emanaba entre Alan y Luís. No sabía el por qué, pero estaba segura de que aquellos dos se odiaban y tenía la intuición de que ella acabaría estando en medio de alguna disputa entre aquellos dos, pues Luís no dejaba de provocar a Alan al adular a Elisabeth constantemente. Al principio Elisabeth se divertía, pero al ver cómo Alan pasaba de estar molesto a furioso, decidió que lo mejor era mantenerse al margen de aquella pelea de leones.

La comida fue bastante amena, pero después del café, Alan se las ingenió para escaparse con Elisabeth y dar una vuelta por los alrededores del hotel.

–  ¿Vas a darme veinticuatro horas de sinceridad? Te recuerdo que me dijiste que en los Pirineos responderías a todas mis preguntas. – Le recordó Elisabeth divertida.

–  Y soy un hombre de palabra. – Le contestó Alan besándola en los labios antes de añadir: – Pregunta lo que quieras saber.

–  ¿Por qué os odiáis Luís y tú?

–  No es odio exactamente, supongo que es rivalidad.

–  Los hombres y las mujeres somos muy diferentes en cuanto a relaciones sociales se refiere. – Le dijo Elisabeth. – Vosotros lo hacéis todo más fácil, os conocéis, encontráis algún tema en común del que podáis hablar y os hacéis amigos, pero las mujeres somos más malas, supongo que por eso siempre se me ha dado mejor tener amigos y no amigas.

–  Te metiste en el bolsillo a Oli y Marta el primer día. – Le recordó Alan. – Puede que Oli no cuente porque ella se lleva bien con todo el mundo, forma parte de su carácter, pero te aseguro que mi hermana es muy selectiva y exigente con sus amistades y sin embargo a ti te adora.

–  Las dos son estupendas y me han ayudado mucho desde que llegué.

–  Supongo que no te refieres a ir de compras para decorar y amueblar la casa y el apartamento. – Le dijo Alan bromeando.

–  A eso también, pero yo me refería a una ayuda más emocional.

–  ¿Por qué te has ido de Londres y te has venido a Barcelona tan repentinamente?

–  Necesitaba cambiar de aires, conocer gente diferente y poder ser yo sin más. – Le respondió Elisabeth encogiéndose de hombros. – ¿Alguna vez te has sentido tan perdido que has llegado a olvidar quién eras?

–  Sí, una vez. – Reconoció Alan y su mirada se volvió más oscura que nunca.

–  Aún no me has contado el porqué de esa rivalidad con Luís. – Le recordó Elisabeth para cambiar de tema al ver que Alan se tensaba.

–  Vale, pero te advierto que no te va a gustar oír la respuesta. – Le advirtió Alan con una media sonrisa que la hizo sonreír. – Luís empezó a salir con una chica y un día la trajo a un bar de copas donde solíamos ir todos los viernes al salir del trabajo. Ese día yo llegué más tarde y antes de ver a mis compañeros tropecé con ella cuando se dirigía al baño. Una cosa llevó a la otra y acabamos montándonoslo en el baño, pero como ella tardaba Luís fue a buscarla y nos pilló.

–  ¡Qué mala suerte tienes! – Exclamó Elisabeth divertida.

–  Pero eso no fue todo. – Continuó Alan. – El lunes siguiente nos volvimos a ver en la oficina y nuestro jefe nos reunió porque ambos nos habíamos presentado para la vacante de director ejecutivo y me la dieron a mí, aquello ya firmó nuestra rivalidad. Desde entonces tratamos de mantener las formas en público y nos dedicamos a putearnos en privado.

–  En tu defensa debo decir que tú no obligaste a esa chica a hacer nada que no quisiera y que si te dieron a ti el puesto de director ejecutivo es porque tu jefe creyó que tú estabas más capacitado que él, por lo que no tiene nada que reprocharte. – Opinó Elisabeth. – De hecho, te tendría que estar agradecido porque gracias a ti ahora sabe que aquella chica no le convenía.

Ambos se echaron a reír y a Alan le gustó poder hablar con ella de cualquier cosa con tanta naturalidad y sobretodo que, pese a lo que le contaba, ella seguía defendiéndolo. Nunca se había sentido así con ninguna chica, ni siquiera con Laia, y eso le sorprendió.

Continuaron hablando durante toda la tarde mientras paseaban por el valle y bordeaban el pequeño río que por allí pasaba. Regresaron al hotel sobre las ocho de la tarde y subieron directamente a la suite para ducharse y vestirse para la cena, donde tendrían que seguir haciendo vida social.

Cuando bajaron al salón un par de fotógrafos se habían colocado frente a la puerta del comedor donde hacían posar a los invitados para fotografiarlos. Elisabeth se tensó nada más verlos, no le gustaban los fotógrafos y le gustaban aún menos después de la anulación de su compromiso.

–  ¿Tenemos que hacernos la foto o es voluntario? – Se oyó preguntar Elisabeth.

–  No es obligatorio, pero todo el mundo se la hace. – Le respondió Alan y añadió desconcertado: – Si no quieres, no nos hacemos la foto. Pero después nos las regalan y sería un bonito recuerdo que me gustaría tener.

–  Vale, me has convencido.

Alan y Elisabeth posaron frente a los fotógrafos y entraron en el comedor, donde cenaron de nuevo con los empleados de la empresa. El único que allí faltaba era el presidente y director de la empresa y su esposa, que llegarían el sábado por la tarde para asistir a la cena de gala.

Aguantaron hasta después del café y la primera copa, pero después Alan se encargó de volver a ingeniárselas para escabullirse con Elisabeth y encerrarse en la suite, donde seguirían con su particular terapia de relajación.

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

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