Bajo la luz de la luna 12.

El sábado a media mañana los cuatro amigos se dirigieron hacia a la pequeña urbanización y comieron en el bar de Fernando. Después de comer, fueron de compras a un centro comercial cercano para comprar la comida y la bebida para la fiesta de la luna llena.

Cuando cayó la noche, los cuatro se dirigieron a la pequeña cala donde improvisaron una pequeña mesa colocando una toalla sobre la arena y otras dos a los lados donde se sentaron por parejas. Alan y Elisabeth no habían hablado en todo el día del beso que se habían dado la noche anterior, pero tampoco habían tenido la ocasión de quedarse a solas.

Elisabeth miraba hipnotizada la gran luna llena que se reflejaba en el mar e iluminaba la noche como si de un gran faro se tratara cuando Alan se acercó a ella por detrás y le susurró al oído con la voz ronca:

–  Es una preciosa noche de luna llena, ¿no te parece?

Sin dejar de mirar la luna llena, Elisabeth sonrió y susurró:

–  Me encantan las noches de luna llena.

Charlaron alegremente mientras cenaban y brindaban por aquella noche de luna llena. Encendieron una pequeña hoguera con algunas ramas secas y la delimitaron con piedras pese a estar sobre la arena de la playa y a escasos tres metros de la orilla del mar.

Elisabeth descubrió que aquellas fiestas de luna llena se basaban en cenar en la playa, emborracharse con los amigos y bañarse en el mar bajo la luz de la luna. Marcos contaba cientos de anécdotas de fiestas de la luna llena anteriores y todos reían divertidos.

–  ¿Te lo estás pasando bien? – Le preguntó Alan a Elisabeth cuando Marcos y Olivia se levantaron para pasear por la orilla.

–  Sí, me lo estoy pasando muy bien. – Le confirmó Elisabeth con una sonrisa coqueta en los labios.

–  Tengo que preguntarte algo. – Le confesó Alan dejando sus labios a escasos milímetros de los labios de Elisabeth. Elisabeth le miró a los ojos y contuvo la respiración hasta que le oyó preguntar: – ¿Te enfadarás si vuelvo a besarte?

Elisabeth no contestó y le besó a modo de respuesta. Fue un beso lleno de pasión y deseo que ambos anhelaban desde hacía semanas, pero sus cuerpos ansiaban más, mucho más.

–  Si seguimos así un segundo más no voy a poder parar. – Le dijo Alan con la voz ronca mientras se apartaba lentamente de Elisabeth y trataba de mantener la compostura.

Marcos y Olivia se acercaron a ellos y Marcos, con tono burlón, les dijo:

–  Chicos, nos vamos a casa a seguir con esta mágica noche y creo que vosotros deberíais hacer lo mismo. – Se volvió hacia a Elisabeth y añadió: – Te robo a Olivia esta noche, pero estoy seguro de que Alan estará encantado de hacerte compañía si así lo deseas.

–  Llámame si necesitas algo, da igual la hora que sea, ¿de acuerdo? – Le dijo Olivia a Elisabeth con un tono de preocupación que no pasó inadvertido.

–  No te preocupes, estaré bien. – La tranquilizó Elisabeth.

Olivia asintió y finalmente se marchó con Marcos. Elisabeth esperó hasta asegurarse de que aquellos dos ya estaban lo suficiente lejos como para no verles y escucharles y le dijo a Alan que estaba sirviendo un par de copas de vino:

–  Quiero bañarme en el mar bajo la luz de la luna.

Alan le entregó una de las copas y bebió un trago de la otra copa que dejó en sus manos, la miró fijamente a los ojos y le preguntó:

–  ¿Es una invitación a bañarme contigo?

Elisabeth no contestó, le dedicó una sonrisa traviesa, se puso en pie y se quitó el vestido ibicenco dejándolo caer al lado de Alan sobre la toalla, quedándose vestida tan solo con un diminuto conjunto de sujetador y culote de color fucsia, por suerte para ella, uno de los mejores conjuntos que tenía. Alan recorrió su cuerpo con la mirada y volvió a beber otro trago de vino de su copa antes de ponerse en pie y quedar frente a Elisabeth. Se quitó lentamente la camiseta y después hizo lo mismo con los pantalones mientras ella lo observaba llena de deseo. Alan se acercó y la cogió por la cintura para atraerla hacia a sí y estrecharla entre sus brazos antes de volver a besarla. Tras ese beso, Elisabeth le cogió de la mano y lo guio hasta a la orilla, donde ambos se miraron antes de zambullirse en el agua. Elisabeth sacó la cabeza a la superficie y se vio envuelta por los brazos de Alan, que la estrechó contra su cuerpo y le susurró al oído:

–  Estás preciosa bajo la luz de la luna.

Alan la besó en los labios y sus cuerpos volvieron a encenderse por el deseo de lo que aquella noche prometía. Las caricias y los besos cada vez les excitaban más hasta que Alan dijo con la voz ronca:

–  Eli…

Pero ella no le dejó hablar. Le besó en los labios provocándole y excitándole y después le dijo con una sonrisa maliciosa:

–  Olvídate de todo durante una noche. Ahora solo estamos tú y yo y ambos deseamos lo mismo, una noche bajo la luz de la luna.

Con aquellas palabras, Elisabeth le dejó muy claro a Alan lo que deseaba y también que sabía lo que él deseaba. Alan entendió el mensaje y no desaprovechó la oportunidad. En cuestión de segundos, Alan le quitó la ropa interior a Elisabeth e hizo lo mismo con la suya. Desnudos en el mar y bajo la luz de la luna llena, Alan adoró, acarició y besó cada rincón de la piel de Elisabeth mientras ella se dejaba hacer y hacía lo propio con Alan. Elisabeth se estrechó contra la erección de Alan y empezó a colocarse sobre su miembro, pero Alan la detuvo sosteniéndola por los muslos y le preguntó mirándola a los ojos:

–  ¿Estás segura de que quieres hacerlo?

–  ¿Estás seguro de que quieres que piense en ello ahora o prefieres que lo haga después? – Le respondió Elisabeth sonriendo burlonamente.

–  No quiero que mañana te despiertes y te arrepientas o, peor aún, que ni siquiera te acuerdes. – Le contestó Alan sin ningún rastro de estar bromeando.

–  Nunca me arrepiento de algo que he deseado hacer y he disfrutado haciéndolo, sería como ser hipócrita con uno mismo, ¿no crees? – Le respondió Elisabeth. – En cuanto a lo de no recordarlo, no estoy tan borracha para eso.

Elisabeth se encajó y descendió al mismo tiempo que se empalaba y Alan soltó un gruñido de placer que la hizo sonreír. Alan entraba y salía de ella con delicadeza y a Elisabeth le gustó el detalle, pero no era así como a ella le gustaba y estaba segura de que tampoco era como le gustaba a él, así que movió las caderas aumentando la velocidad, la frecuencia y, sobretodo, la intensidad. Alan entendió las exigencias de Elisabeth y no pudo evitar sonreír, Eli no dejaba de sorprenderle.

–  Vas a volverme loco, pequeña kamikaze. – Susurró Alan.

–  Los locos son los más felices. – Opinó Elisabeth.

El ritmo de las embestidas se fue acelerando y en pocos minutos ambos alcanzaron juntos el orgasmo entre gemidos de placer mientras se abrazaban satisfechos. Se quedaron abrazados en el agua del mar un par de minutos, hasta que ambos recobraron la respiración con normalidad y Alan se puso en pie sosteniendo a Elisabeth en los brazos y la llevó hacia a la hoguera para que se calentara. Se sentó sobre una de las toallas, colocando a Elisabeth entre sus piernas y se envolvió con otra de las toallas junto a ella. Permanecieron en silencio, abrazados frente a la pequeña hoguera de la que apenas quedaban ya las ascuas y envueltos en una toalla bajo la luz de la luna.

–  A partir de ahora, creo que me van a encantar las noches de luna llena. – Le susurró Alan al oído. – Lo malo es que solo ocurre una vez cada veintiocho días.

–  Pues será mejor que vayamos a casa y aprovechemos lo que nos queda de noche de luna llena. – Le propuso Elisabeth.

Alan no se lo pensó dos veces y, tras apagar las ascuas de la hoguera, vestirse y recoger las toallas, se dirigieron al coche y regresaron a casa de Elisabeth. Subieron directamente a su habitación y se metieron juntos en la enorme bañera vintage con cuatro patas doradas, donde volvieron a hacer el amor con la misma pasión que la vez anterior.

Pasaron la noche haciendo el amor y no se quedaron dormidos hasta el amanecer.

About Rakel Relatos

Mi nombre es Rakel,tengo 30 años y vivo en Barcelona.Soy una aficionada a la escritura y la lectura sobre todo de novelas románticas y eróticas.Siempre me ha gustado escribir y en abril de 2013 me animé y cree un blog en Blogger. Los relatos de Rakel. Tras poco más de dos años y medio , inicio una nueva etapa en wordpress.En mi blog podréis encontrar relatos y novelas en las que el amor, el sexo y las aventuras son los protagonistas.¡Gracias por vuestra visita!

4 comentarios en “Bajo la luz de la luna 12.

  1. Biennnn, ya era hora de que se dejaran llevar por la pasión y…la magia de la luna. Me ha encantado el capítulo Rakel!!! Besazos todos guapísima.

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