Auto de Pasión

Dos días después

Una vez más se encontró mirando al horizonte, sentada sobre las piedras de aquella maldita playa. Era veroño y a veces refrescaba, sin embargo, aquella mañana había una brisa agradable, con ese olor a humedad que precede a la tormenta.

Escuchó los coches en el paseo marítimo, sabía que aquel periplo terminaría pronto, y sin embargo cada minuto se ralentizaba hasta durar un universo. Su máquina del tiempo había quedado estancada en aquel dormitorio. Ahora el presente simplemente no existía.

Se había convertido en una zombi, deambulaba de un sitio a otro sin ver, a donde la llevaran sus pies.

Oyó un enorme frenazo, pero fue incapaz de volver la cabeza, no sentía la menor curiosidad por lo que estaba ocurriendo. Se abrió la puerta del acompañante de aquel vehículo atravesado en el paso de peatones. El policía salió acelerando su paso hacia la playa, a la vez que desenfundaba su arma, atravesó la arena y llegó a la zona de piedras. El otro policía había salido haciendo exactamente lo mismo que su compañero. El primero dijo su nombre y apellidos y a continuación la fase fatídica.

-“Ana Laínez Entralgo está usted detenida como presunta autora de un asesinato”

Ella se levantó muy despacio, ofreció sus manos, sumisa, sin dejar de mirar a las piedras, mientras le ponían las esposas. Todos los que allí estaban pudieron observar su llanto, sólo lloraba y sus lágrimas a su paso, manchaban su vestido. No dijo ni una palabra.  Les acompañó hasta aquel coche cuya luz azul intermitente giraba sin parar. Pusieron el vehículo de nuevo en marcha. Ella no levantó la mirada de sus pies. Seguramente en el viaje a la comisaría revivió el momento vivido dos días atrás.

El  día después

No podía creer lo que aquella mujer le estaba diciendo. No sabía cómo había encontrado el teléfono de su casa, lo único que sabía es que esa mujer le estaba hablando de una persona con la que compartía su vida desde hacía muchos años, con la que se había casado y había tenido dos hijos. Sin embargo no era capaz de reconocer  a quién ella le describía.

Lamentablemente él se encontraba en uno de sus viajes de negocios y no podría tener una conversación cómo la que ella necesitaba, cara a cara hasta dentro de dos días.

Escuchó atónita las revelaciones, una interminable lista de mujeres y ciudades, un sinfín de encuentros íntimos con ellas. Lascivia y sexo duro. Pero si apenas mantenía contacto carnal desde hacía años con ella, tan sólo un poco de tonteo en alguna fiesta señalada, cumpleaños, Nochevieja, lo de siempre. Aquel hombre no podía ser su marido. Pensó que la mujer se había equivocado hasta que comenzó a describir su cuerpo con cada una de las marcas, que ella tanto conocía. Pero ¿de dónde se había sacado aquel hombre toda esa vida erótica a escondidas? y ¿Cómo era posible que ella nunca hubiera sospechado nada?

Su vida familiar había sido ejemplar hasta aquel mismo instante. Desempeñaba su trabajo con profesionalidad, tanto a ella como a los niños les hacía disfrutar de sus ratos de ocio. Siempre había sido un padre ejemplar.

Pobre, no le cuadraba nada. Pero aquella mujer insistía en que se encontraran personalmente.

Hizo tantas maniobras de escape como pudo, y finalmente logró aplazar la cita para cuando él pudiera estar también presente, quería ver su cara cuando aquella desconocida fuera esgrimiendo su relato.

Después de escuchar tantas historias, quedaron que en un par de días se encontrarían.

El día de autos

Cuando él dio por acabada su relación con ella, sin consenso evidentemente. Pues ya había decidido él lo que les convenía a los dos. Comenzaron a cuadrarle algunas sospechas que había mantenido durante todo el tiempo que estuvieron juntos.

Algunas mujeres se aproximaron amistosamente para relatarle sus historias y ella escuchaba atónita todo cuanto querían contarle, siempre era el mismo personaje el protagonista. Siempre mujeres que se sentían solas, hastiadas de la vida y sin embargo con la energía que da el sentirse desaprovechada por tantos y tantos factores.

Meticulosa e inteligente comprobó cada una de las historias y verificó su autenticidad después de obtener toda la información pertinente sobre lugares exactos, duración de las relaciones, tipo de contactos. Ahora conocía con pelos y señales a muchas de las mujeres que habían estado con él.

Y por supuesto, por lo que habían pasado, primero la ilusión exacerbada, después los encuentros furtivos, y finalmente una relación que creían con futuro, aun sospechando que había gato encerrado. Se aferraron a ese tren con uñas y dientes, pero todas se quedaron en algún andén esperando.

Ella, conociendo sus planes de viaje, le propuso un encuentro más. El reticente puesto que ya tenía una nueva historia con otra persona se mostró dubitativo, pero finalmente con tal de aprovechar todo lo que iba a obtener a cambio, le merecía la pena el riesgo y aprovechó la coyuntura como un buen macho. A ella le contó que sólo estaría una noche, y ella aceptó acudir al hotel para verle. Antes se preocupó de investigar en el hotel que la reserva era para dos noches.

Después del apetecible y tórrido encuentro, la acompañó a coger el autobús.

Ella tenía su vigilancia planificada. Tomaría el autobús de camino a casa, pero se bajaría en la siguiente parada y volvería sobre sus pasos.

Llegó a una cafetería próxima al hotel desde la que veía la entrada, y se dispuso a esperar. Sabía que él no dejaría pasar la oportunidad para encontrarse con alguien más, sabía quién era ella, y por tanto la reconocería si llegaba.

La espera finalmente no fue en vano, tal y como ella esperaba, la mujer y él se encontraron en recepción y salieron a cenar a un restaurante cercano.

Más tarde volvieron al hotel y allí permaneció hasta que vio como la mujer abandonaba el lugar.

Entró por recepción como si volviera a su habitación y nadie la interpeló, no podía creer su buena suerte, al fin la casualidad se aliaba a su favor. Subió a la habitación y llamó a la puerta. Él pensó que era su segunda invitada que habría olvidado algo. Pero cuando abrió la puerta y contempló sus ojos pensó que naturalmente lo habría vigilado y venía a montarle una escenita.

Ella con una calma inaudita comenzó a besarle apasionadamente, y a bajar su pantalón. Empezó su felación sabiendo que él caería en un éxtasis lo suficientemente intenso como para perder sus nociones de discernir la realidad. Fue entonces cuando sacó su navaja del bolso y mientras él se recostaba en la cama le atestó un navajazo cortando sus genitales de raíz… El alarido fue atronador, pero incorporándose sobre su cuerpo, pronunció unas palabras que fueron ininteligibles para él, se abalanzó sobre su pecho y en su abrazo clavó de nuevo su navaja en la zona del corazón. De nuevo los gritos, salió de la habitación a toda velocidad y corrió escaleras abajo.

Durante su huida nadie la detuvo, solo al pasar por recepción escucharon esos susurros que entre sollozos pudieron a duras penas entender…

“Ya no te reirás de más mujeres, ya no …” Repetía una y otra vez.

Salió corriendo y deambuló por las calles sin sentido, confundiendo a todos quienes se tropezaban con ella.

Fue después de muchas horas, nunca supo cuántas, se percató de que en la huida había cogido el móvil de él, en lugar del suyo.

En su cabeza daba vueltas una idea… Tantas mujeres sabían cómo ese hombre era, todas, menos una, su mujer. Y en ese móvil encontraría su teléfono. Tomó la precaución de poner el número oculto y la llamó. Desgranó una a una las historias que conocía, pero ocultó el final. De todas formas lo que su mujer quería no iba a poder ser posible. Ni ella, ni nadie más tendrían con él una conversación cara a cara, a no ser que fuera frente a su lápida.

@carlanoestasola

En una noche de Halloween de 2017, eso que yo no celebro, porque me resulta más atractiva la noche de Difuntos de toda la vida.

Música: Tchaikovsky : Symphony No. 6 “Pathetique” / Valery Gergiev & Mariinsky 1995 Japan Live

5 comentarios en “Auto de Pasión

  1. Menuda historia Carla…sin palabras me he quedado!!! Excelente relato querida amiga. Que tengas una bonita noche. Besos todos guapísima.

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