Píndaro – Colección de poesía – Instrucciones para detectar un monstruo – La leyenda de los atractores.

Instrucciones para detectar un monstruo – La leyenda de los atractores.

Gocho Versolari, Poeta

Sueños y fantasía
Dice la ciencia en su lenguaje abstracto que un atractor es un conjunto de valores numéricos hacia los que un sistema evoluciona. Es así que el atractor funciona como un molde que acoge y brinda sentido a determinado sistema. Dichos valores numéricos pueden presentarse como una curva, un punto o una variedad fractal de combinaciones en cuyo caso se estaría hablando de “atractores extraños”.
Esta introdución es suficiente: aquí detengo el lenguaje abstruso y por lo general apartado de la poesía, como es el de la matemática. Sin embargo, hay una clara relación en el libro de mi autoría que aparecerá el próximo mes de setiembre en la colección “Píndaro” de poesía a través de la Editorial Fleming. El título del volumen es “Instrucciones para detectar un monstruo”. Las cuarenta páginas se dividen en dos partes, la primera “Instrucciones…” donde hay varios poemas generales sobre monstruos. La segunda parte, en cambio, forma un conjunto, casi una historia, o al menos una situación con un intenso elemento común, y lleva por título “Crueldades y ternuras de los extraños atractores”.
En este punto el lector se pregunta ¿Es poesía, física o matemática? ¿Qué tienen que hacer aquí los atractores?
En realidad el objetivo, como ocurre con algunas manifestaciones de mi literatura es brindar a la ciencia tal como la vemos (y a veces la sufrimos)  una dimensión mítica. De allí que en esta serie de poemas los atractores sean pájaros y los seres humanos como sistema, están atentos a ellos. Atentos por una peculiaridad: según la leyenda, cuando un atractor al surcar el cielo mira fijo a alguien, puede convertirlo en un monstruo. Asimismo las jóvenes cuando toman contacto con los atractores, pueden caer en una forma de locura. Los atractores juegan entonces el papel de un arquetipo dual: un peligro que produce un profundo gozo. Las madres cuidan a los hijos de sus miradas, de la atracción que ejercen sobre ellos esos pájaros misteriosos. Los esposos cuidan a las mujeres, ya que al confrontar los ojos de esas oscuras aves, suelen caer en una locura por la cual aspiran a cumplir sus propios objetivos y olvidan los deberes conyugales.
Muchas veces cuando se habla de los mitos, quien lo hace plantea que la ciencia, como ápice del progreso, habría llegado a demostrar lo que los hombres sabían desde hace mucho y que se volcaba en leyendas tradicionales,  en prácticas médicas primitivas o en observaciones astronómicas. Mi postura es la opuesta: se trata de convertir los hechos científicos en mitos. Así los atractores toman cuerpo, mirada, presencia y procuran invadir la vida del lector.
De este modo la lectura de los poemas podrá llevarte a un extraño páramo donde cuentas con un abrigo rudimentario para tapar tu cabeza y evitar que los atractores se fijen en ti… aunque quizá el júbilo de convertirte en monstruo, de bañarte en el caos para salir renacido, sea lo suficientemente tentador como para mirar fijamente los ojos de las aves y entregarte al éxtasis.
INSTRUCCIONES PARA DETECTAR UN MONSTRUO
Autor: Gocho Versolari
Ilustraciones: Luisa Fernanda Otero Prada
Píndaro, Colección de poesía – Editorial Fleming.
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GOCHO VERSOLARI

Una Cita Con Gocho Versolari [RCAG] Roberto Álvarez Galloso

abrigo
abrigo
26 de may. de 2018
Hoy me encuentro con el gran poeta argentino Gocho Versolari en otra serie de nuestras citas con los blogueros de WordPress. He aqui los resultados de la bella tertulia
Quien es Gocho Versolari y como fueron sus inicios como poeta?
Gocho Versolari es el heterónimo de Ricardo Iribarren. Este último es el nombre que figura en mi pasaporte y en la documentación que acredita mi identidad “oficial”. Cuando digo heterónimo me refiero al sentido que le diera a la palabra Fernando Pessoa: un ser imaginario, pero con vida propia, que desarrolla una creatividad singular. En cuanto al nombre, Gocho, es así como se denomina a los naturales de los Andes venezolanos; parte de mi vida transcurrió en Mérida, Venezuela, donde permanecí siete años, y me identifiqué con la nobleza de los habitantes. Versolari es “poeta” en euskera, y hace referencia a la fuente de toda poesía, es decir la expresión y la trasmisión orales. En cuanto a mis inicios, escribo desde los diez años. Ya adolescente, en la ciudad de Mar del Plata, participé en sociedades de escritores y gané algunos concursos locales, pero lo más destacado fue el inicio de mi poesía, orientada por Carmelo Bonet, un profesor autor de numerosos libros de “preceptiva literaria” como llamaba a la disciplina. En uno de sus volúmenes, aconsejaba al poeta incipiente la tarea de “cazar imágenes”. Armado de libreta y lápiz, recorrería las calles de su ciudad, y con nociones básicas de las figuras retóricas, expresaría poéticamente aquello que impresionara sus sentidos. Amaneceres y atardeceres de aquella lejana Mar del Plata; personajes y escenas urbanas; el mar y todos los matices; aquellos cielos con menos contaminación que hoy, fueron traspuestos en imágenes a través de los ojos del Gocho Versolari adolescente
Como fueron los inicios del blog Gocho Versolari ,Obra Poetica?
Mi Blog más antiguo, que lleva por título Gocho Versolari, Obra poética, fue creado en un principio como recurso para evitar las consecuencias de una tendencia que en términos de la Medicina Tradicional China fuera definida como “Yang disperso y Ying débil”. Paso a explicar: todo en mi vida, y especialmente la poesía, suelo abordarlo con una pasión muy intensa, que enseguida pierde fuerza y es reemplazada por otro centro de interés. La consecuencia es que, en el curso de los años, especialmente en mi juventud y adolescencia, perdí gran cantidad de poemas. A fines de los ochenta, con el advenimiento de Internet primero y la popularización del formato del Blog después, encontré la solución al problema: todo poema que escribo va a parar a ese depósito tenue; a esa lectura sin soporte, donde permanece inmutable a despecho de todos los cambios. De este modo pude conjurar la fuerza de mis vendavales interiores que sumían en el olvido y en la pérdida endémica las cuartillas de versos en papel. De este modo, con el paso de los años, el blog se transformó en un enorme reservorio, irregular, polifónico; un extraño monstruo del cual nunca puedo llegar a percibir el contorno completo. Como corolario de un artículo escrito recientemente y titulado Los libros como murallas, puedo afirmar que este blog es lo opuesto a un libro. No está presentado entre dos cubiertas, no tiene un principio y un fin; no tiene un índice, de modo que el lector interesado debe encararlo como una tarea de exploración. Yo mismo cuando busco algo, debo recurrir a la barra de búsqueda. Entonces lo abordo por temas, por títulos, hasta que me muestra las entrañas de las miles de entradas. Otras veces tomo poemas de diez o veinte años atrás, los corto los vuelvo a armar; compongo una nueva versión y siento la alegría de transferir a las letras el inicial carácter caótico y bullente, que me permite modelarla y convertirme otra vez en alfarero de los versos.
Cual es su inspiración en escribir poesía?
La pregunta acerca de la inspiración es interesante, ya que encierra una cosmovisión de carácter mítico. Las musas eran diosas que en la antigua Grecia se enamoraban del poeta y originaban en él sucesivos trances de los cuales surgía la poesía. Nuestra civilización excluyentemente pragmática y utilitarista, impide que podamos apreciar y vivir la belleza del mundo. La metáfora, la imagen el tropo poético es una forma de expresión de una visión mítica del cual el poeta es un representante tardío. El mundo no un lugar donde el hombre, de modo excluyente, debe modificar la naturaleza para satisfacer sus necesidades, sino un sitio donde todos los seres – inanimados o no – participan de la vida, y son protagonistas potenciales de las letras del vate. Cuando el bardo entra en la adolescencia, y en su cuerpo se producen las alteraciones que lo conducirán a la vía de las letras; cuando esos dioses presentes en su entorno irrumpen en su ser y lo llevan a escribir, una nueva forma de ver el mundo intenta tomar la conciencia. De seguir la sugerencia de un entorno hostil a los versos y a la lírica, el poeta puede abandonar esta visión, que quedará en su vida como un brillante recuerdo. De persistir en este camino, con el paso del tiempo no será necesaria la inspiración. Escribir versos será una tarea natural como respirar o comer. La visión y todos los sentidos se habrán conectado con esas capas del mundo que trasponen la realidad y la modifican para expresarla en poesía. Entonces al vate le bastará sentarse frente al ordenador para componer un poema; luego otro y otro, de modo que cuando llegue el final del día habrá elaborado un pequeño volumen.
4. Cual es la diferencia que ves entre la literatura en Argentina y los EEUU en este Siglo? En especial la poesia?
Esta pregunta es sumamente amplia, y responderla cabalmente y en todos sus aspectos, requeriría de un pequeño libro. Procuraré la síntesis, a riesgo de simplificar demasiado una realidad con importantes matices. Estados Unidos tiene el problema de una creciente obsesión por la eficacia; por lo útil y aséptico. Como hipertrofia secularizada de la ética protestante, todo aquello que no entra en el complicado engranaje de la sociedad utilitarista, es arrojado a la periferia. De este modo, en los siglos XX y lo que va del XXI, la sociedad estadounidense no “produce artistas o escritores” a través de las estructuras escolásticas. El resultado es que quienes llegan a sobresalir, lo hacen en un constante batallar con esta sociedad formal y excesivamente ascética. Los ejemplos son muchos y citaré entre otros a John Cheever, Philip K. Dick y en especial Charles Bukowski. En cuanto al arte, mencionaré a Jason Pollock. Todos ellos vinculados al alcoholismo, al consumo de drogas, al límite con la psicosis o como en el caso de Cheever, a una hostilidad de la sociedad formal. Las escuelas en tanto forman administradores de arte, pero ese grado de inconformismo, de cuestionamiento social que requiere un artista es criticado y combatido por los valores imperantes. “La naranja mecánica”, novela de Anthony Burgess, es una metáfora de este proceso. No es posible que en estos días surja un nuevo Walt Whitman con su afirmación: “La prueba de un poeta es que su país lo absorba sentimentalmente de la misma forma que él absorbió a su país”, ya que hasta el siglo XIX, la locura poética podía ser en cierto grado metabolizada por la sociedad sin necesidad de castrarla.
En mi experiencia en Saint Louis, donde resido hace seis años, he traducido al inglés algunos de mis poemas y participado en varios cenáculos literarios. No encontré en ellos el grado de informalidad, de pasión, de creatividad sin cortapisas propio de los países de Latinoamérica que recorriera. Es de destacar que la creatividad autóctona se desarrolla en el ámbito informal que he mencionado. En otro aspecto, los latinos en Estados Unidos, aportan un aire nuevo, desafiante, que lentamente va forjando otra forma de concebir la literatura.
En cuanto a la literatura argentina, luego de mi adolescencia estuve apartado de cenáculos y sociedades de escritores, como un modo de preservar la soledad: condición creativa por excelencia. La excepción fue el período comprendido entre 2009 al 2012, en el que residí en Buenos Aires y asistí a algunas de las múltiples reuniones que se celebran en la capital de Argentina. He podido constatar que, desde la aparición de figuras como Borges, Cortázar o Sábato, no hay condiciones en la Argentina de hoy para que surjan sus equivalente. Cierta epicidad y sentido de misión, se han perdido a través de las generaciones. De algún modo, las sucesivas crisis económicas, han recreado la contradicción que mencionara al referirme a la sociedad estadounidense. En el país del sur, los términos son la búsqueda de la estabilidad en un medio donde cada vez es más difícil obtener la subsistencia y el emerger del artista. A nivel universitario se privilegian las carreras competitivas como Derecho y Medicina, y si bien quienes escriben al entrar en la adolescencia son cada vez más numerosos, resulta difícil encontrar un puesto en la sociedad que permita el desarrollo del arte.
Entre las voces destacadas en poesía, citaré tres: Cristina Villanueva, Gabriela Bruch y Anamaría Mayol. Volveré sobre las mismas en futuros artículos. Destaco que Cristina Villanueva es anfitriona de artistas y poetas en su casa conocida en Buenos Aires como “El jardín de Uriarte”. Allí reúne con cierta periodicidad a escritores y plásticos que exponen sus obras. Igual que a principios del siglo XX, ciertos lugares físicos como los cafés, principalmente el Tortoni, eran aglutinantes de los escritores que se reunían en ellos. A su vez, Cristina Villanueva, excelente poeta y escritora, cumple el papel de una nueva Victoria Ocampo, la que a principios del siglo XX apadrinara artísticamente a figuras como Borges o Murena.
Cual es su mensaje para el mundo?
En otro blog llamado Guía de viajes y retornos, trato de volcar a través de sucesivos y polémicos artículos, lo que resulta de mi cosmovisión: la imagen del mundo; la weltanschauung como dirían los alemanes. En cuanto a un “mensaje para el mundo”, creo que dada la polifonía de las expresiones que se vierten en la actualidad, tendría más sentido dar un mensaje a los poetas. Los mismos, lo sepan o no, lo admitan o no, son los herederos de un enfoque mítico; los responsables de percibir y exponer el corazón de la realidad a través de sus múltiples voces. Oscuramente y con mayor o menor claridad, todos somos conscientes de que el mundo debe cambiar. Intuimos con un alto grado de certeza que aquellas ramas de la sociedad que debieran producir ese cambio – la religión o la política – son incapaces de realizarlo. Hace ya tiempo que renunciaron a obtener la felicidad del ser humano. Esta misión le corresponde hoy a los poetas y a los artistas. Como dice el Tao Te King: Lo blando vence a lo duro / Lo débil vence a lo fuerte. De este modo, la parte consciente del mundo, aquella capaz de recibir cualquier mensaje, son los poetas: aquellos que persisten en escribir, en generar belleza dentro de un entorno cuyos valores son los opuestos.
Al respecto, señalaré dos puntos en relación con quienes se lanzan a escribir:
El primero de ellos es la búsqueda de originalidad y resalto esta palabra, ya que por lo general es considerada como sinónimo de novedoso. El significado auténtico es “la vuelta al origen”, es decir un constante retrotraerse a lo que fuera el inicio de cualquier proceso. Suele ocurrir que el impulso inicial que nos lleva a escribir poesía se vea interrumpido por la búsqueda de lo que se conoce como tópicos o lugares comunes: aquellas expresiones que en su momento fueran ingeniosas, pero que al repetirse van formando una muralla que impide el acceso a nuevas formas de expresión. Las publicaciones en las redes sociales hacen que en muchos casos el nuevo poeta procure el aplauso fácil y por eso apela a esos recursos que sabe producirán en el lector la reacción inmediata frente a la emoción asociada a esa expresión. De este modo, suele formarse una literatura con un lenguaje absolutamente previsible, celebrada por aquellos que no quieren profundizar. Una voz poderosa es la que lidera todo inicio literario. Lo importante es ser consecuente con la misma, aunque haya que pagar el precio de una temporaria soledad por el rechazo de los lectores a los nuevos modos de expresión. Nuevos modos que no son otra cosa que la versión original de nuestro impulso; la voz propia con que nuestro ser expresa el mundo.

El segundo punto es un consejo que Borges repetía y que a su vez recibiera en los primeros años de su formación. Se le dijo: No te apresures en publicar. Y en efecto, no fue hasta muchos años después que salió su primer libro, “Fervor de Buenos Aires”. Si bien las redes sociales permiten una difusión fácil e inmediata de nuestra obra, es de notar que a la misma le falta el prolongado período de maduración silenciosa y oscura. El cuento “La Cenicienta” es de origen oriental, y en sus primeras versiones hacía referencia a un concepto muy antiguo que fuera tomado por el budismo. Se trata de la expresión japonesa Intaku que significa “trabajar en las sombras”, por la cual aquello que se realiza fuera de la vista de los demás, sin que implique la obtención de un reconocimiento inmediato, es la única garantía de la obtención de una obra luminosa y duradera. Es la receta para construir no un “best seller” sino un clásico: una obra permanente capaz de influir sobre los hombres y a través de ellos en el mundo.
Para terminar y en relación con lo anterior, transcribiré mi breve poema “Versos que nadie leerá”:

Amo esos versos que nadie leerá.
Amo las palabras silenciosas
que nacen para disolverse
con los escarabajos fantasmas de las lluvias,
con los lejanos aleteos de las grullas
y la saliva del sol
pasado
pasado

GOCHO VERSOLARI

El dedo gordo – Georges Bataille

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Este texto de Bataille pretende ser un contexto a mi novela “Los pies desnudos”. La misma será publicada por editorial Fleming en noviembre. Lo de Bataille es un ensayo, una de ,muchas fuentes que en su momento me llevaron a escribir la obra. La misma, recuerdo a mis amigos, trata sobre un hombre, un barefooter que se encuentra con la muerte. La parca afirma que si alguna vez llega a cubrir sus pies con algún tipo de calzado, se presentará a llevarlo. A partir de allí se describen los cambios del mundo para quien acostumbra a vivir descalzo. El texto de Bataille pone en primer plano esta parte del cuerpo, relegada a las sombras y a la vergüenza por parte de los occidentales. Es lo que tiene en común con mi novela; quizá una reflexión oculta, implícita: si el hombre le hubiera prestado tanta atención a los pies como lo hiciera con el cerebro, no nos encontraríamos en la actualidad con las encrucijadas del mundo contemporáneo. 

GOCHO VERSOLARI

El dedo gordo (Georges Bataille)

El dedo gordo del pie es la parte más humana del cuerpo humano, en el sentido de que ningún otro elemento del cuer­po se diferencia tanto del elemento correspondiente del mono antropoide (chimpancé, gorila, orangután o gibón). Lo que obedece al hecho de que el mono es arborícola, mientras que el hombre se desplaza por el suelo sin colgarse de las ramas, ha­biéndose convertido él mismo en un árbol, es decir, levantán­dose derecho en el aire como un árbol, y tanto más hermoso en la medida en que su erección es correcta. De modo que la fun­ción del pie humano consiste en darle un asiento firme a esa erección de la que el hombre está tan orgulloso (el dedo gordo deja de servir para la prensión eventual de las ramas y se aplica al suelo en el mismo plano que los demás dedos).
Pero cualquiera que sea el papel desempeñado en la erec­ción por su pie, el hombre, que tiene la cabeza ligera, es decir, elevada hacia el ciclo y las cosas del cielo, lo mira como un escupitajo so pretexto de que pone ese pie en el barro.
Aun cuando dentro del cuerpo la sangre fluye en igual can­tidad de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, se ha toma­do el partido de lo que se eleva y la vida humana es considera­da erróneamente como una elevación. La división del universo en infierno subterráneo y en cielo completamente puro es una concepción indeleble. El barro y las tinieblas son los prin­cipios del mal del mismo modo que la luz y el espacio celeste son los principios del bien: con los pies en el barro pero con la cabeza cerca de la luz, los hombres imaginan obstinadamente un flujo que los eleva sin retorno en el espacio puro. La vida humana implica de hecho la rabia de ver que se trata de un movimiento de ida y vuelta, de la basura al ideal y del ideal a la basura, una rabia que resulta fácil dirigir hacia un órgano tan bajo como un pie.
El pie humano es sometido generalmente a suplicios gro­tescos que lo vuelven deforme y raquítico. Es imbécilmente destinado a los callos, a las durezas y a los juanetes; y si sólo tenemos en cuenta costumbres que están en vías de desapare­cer, a la suciedad más repugnante: la expresión campesina “tiene las manos tan sucias como los pies”, que ya no es válida hoy para toda la colectividad humana, lo era en el siglo XVII.
El secreto espanto que le provoca al hombre su pie es una de las explicaciones de la tendencia a disimular en la medida de lo posible su longitud y su forma. Los tacos más o menos altos según el sexo le quitan al pie una parte de su carácter bajo y plano.
Además tal inquietud se confunde frecuentemente con la inquietud sexual, lo que es particularmente sorprendente en­tre los chinos quienes, tras haber atrofiado los pies de las mujeres, los sitúan en el punto más excesivo de sus desviacio­nes. El mismo marido no debe ver los pies desnudos de su mujer y en general es incorrecto e inmoral mirar los pies de las mujeres. Los confesores católicos, adaptándose a esa abe­rración, les preguntan a sus penitentes chinos “si no han mira­do los pies de las mujeres”
Idéntica aberración se da entre los turcos (turcos del Volga, turcos del Asia Central) que consideran inmoral mostrar sus pies desnudos e incluso se acuestan con medias.
Nada similar puede citarse con respecto a la antigüedad clásica (aparte del uso curioso de las altas plataformas en las tragedias). Las matronas romanas más púdicas dejaban ver constantemente sus dedos desnudos. En cambio, el pudor del pie se desarrolló excesivamente durante los tiempos mo­dernos y no desapareció sino hasta el siglo XIX. Salomon Reinach expuso ampliamente ese desarrollo en el artículo ti­tulado “Pies púdicos”1, insistiendo sobre el papel de España donde los pies de las mujeres fueron objeto de la preocupa­ción más angustiada y también causa de crímenes. El simple hecho de dejar ver el pie calzado sobrepasando la falda era juzgado indecente. En ningún caso era posible tocar el pie de una mujer, familiaridad excesiva que era, salvo una excepción, más grave que ninguna otra. Por supuesto, el pie de la reina era objeto de la prohibición más terrible. Así, según Mme. D’Aulnoy, estando el conde de Villamediana enamorado de la reina Isabel, pensó en provocar un incendio para tener el placer de llevarla en sus brazos: “Se quemó casi toda la casa que valía cien mil escudos, pero él se consoló cuando aprove­chó una situación tan favorable, tomó a la soberana en sus brazos y la cargó por una pequeña escalera. Allí le robó algu­nos favores y, lo que se destacó mucho en aquel país, tocó inclu­so su pie. Un paje lo vio, le informó al rey y éste se vengó matando al conde con un disparo de pistola.”
Es posible ver en esas obsesiones, como lo hace Salomon Reinach, un refinamiento progresivo del pudor que poco a poco pudo conquistar la pantorrilla, el tobillo y el pie. Aun­que en parte es fundada, esta explicación sin embargo no es suficiente si pretendemos dar cuenta de la hilaridad común­mente provocada por la simple imaginación de los dedos del pie. El juego de los caprichos y los ascos, de las necesidades y los extravíos humanos es en efecto tal que los dedos de las manos significan las acciones hábiles y los caracteres firmes, los dedos de los pies la torpeza y la baja idiotez. Las vicisitu­des de los órganos, la pululación de estómagos, laringes, cere­bros que atraviesan las especies animales y los innumerables individuos, arrastran la imaginación a flujos y reflujos que no sigue de buen grado por odio a un frenesí todavía perceptible, aunque penosamente, en las palpitaciones sangrientas de los cuerpos. El hombre se imagina gustosamente semejante al dios Neptuno, imponiendo con majestad el silencio a sus propias olas: y sin embargo las olas ruidosas de las vísceras se hinchan y se vuelcan casi incesantemente, poniendo un brus­co fin a su dignidad. Ciego, tranquilo no obstante y despre­ciando extrañamente su oscura bajeza, un personaje cualquie­ra dispuesto a evocar en su mente las grandezas de la historia humana, por ejemplo cuando su mirada se dirige hacia un monumento que atestigua la grandeza de su país, es detenido en su impulso por un atroz dolor en el dedo gordo porque el más noble de los animales tiene sin embargo callos en los pies, es decir que tiene pies y que esos pies, independiente­mente de él, llevan una existencia innoble.
Los callos en los pies difieren de los dolores de cabeza y de muelas por su bajeza, y sólo son ridículos en razón de una ignominia explicable por el barro donde los pies se sitúan. Como por su actitud física la especie humana se aleja tanto como puede del barro terrestre -aunque por otra parte una risa espasmódica lleva la alegría a su culminación cada vez que su impulso más puro termina haciendo caer en el barro su pro­pia arrogancia- se piensa que un dedo del pie, siempre más o menos deforme y humillante, sería análogo psicológicamen­te a la caída brutal de un hombre, vale decir, a la muerte. El aspecto repulsivamente cadavérico y al mismo tiempo llama­tivo y orgulloso del dedo gordo corresponde a ese escarnio y le da una expresión agudizada al desorden del cuerpo huma­no, obra de una discordia violenta de los órganos.
La forma del dedo gordo no es sin embargo específicamente monstruosa: en eso es diferente de otras partes del cuerpo, el interior de una boca abierta por ejemplo. Sólo deformacio­nes secundarias (aunque comunes) han podido darle a su ig­nominia un valor burlesco excepcional. Pero la mayoría de las veces conviene dar cuenta de los valores burlescos por una extrema seducción. Aunque estamos obligados a distinguir aquí categóricamente dos seducciones radicalmente opuestas (cuya confusión habitual ocasiona los más absurdos malentendidos de lenguaje).
Si hay un elemento seductor en un dedo gordo del pie, es evidente que no se trata de satisfacer una aspiración elevada, por ejemplo el gusto completamente indeleble que en la ma­yoría de los casos induce a preferir las formas elegantes y co­rrectas. Al contrario, si escogemos por ejemplo el caso del conde de Villamediana, podemos afirmar que el placer que obtuvo al tocar el pie de la reina estaba en relación directa con la fealdad y la inmundicia representadas por la bajeza del pie, prácticamente por los pies más deformes. De modo que aun suponiendo que el pie de la reina haya sido totalmente lindo, sin embargo tomaba su encanto sacrílego de los pies deformes y embarrados. Siendo una reina a priori un ser más ideal, más etéreo que ningún otro, era humano hasta el desgarra­miento tocar lo que en ella no difería mucho del pie transpi­rado de un soldado raso. Es experimentar una seducción que se opone radicalmente a la que causan la luz y la belleza ideal: los dos órdenes de seducción a menudo se confunden porque nos agitamos continuamente entre uno y otro, y dado ese movimiento de ida y vuelta, ya sea que tenga su término en un sentido o en el otro, la seducción es tanto más intensa en la medida en que el movimiento es más brutal.
En el caso del dedo gordo, el fetichismo clásico del pie que culmina en el lamido de los dedos indica categóricamente que se trata de baja seducción, lo que da cuenta de un valor burlesco que se vincula siempre más o menos a los placeres reprobados por aquellos hombres cuyo espíritu es puro y su­perficial. El sentido de este artículo parte de una insistencia en cues­tionar directa y explícitamente lo que seduce, sin tener en cuenta la cocina poética, que en definitiva no es más que un rodeo (la mayoría de los seres humanos son naturalmente débiles y no pueden abandonarse a sus instintos sino en la penumbra poética). Un retorno a la realidad no implica ninguna acepta­ción nueva, pero esto quiere decir que somos seducidos bajamente, sin ocultamiento y hasta gritar, con los ojos desorbitados: así desorbitados ante un dedo gordo.
1 En La antropología, 1903, pp. 733-736; reimpreso en Cultos, mitos y religio­nes, r. I, 1 905, pp. 105-1 10.

 

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