Colección “Píndaro” – Editorial Fleming. Vittorio Acquaroli – El perfume de la poesía.

VITTORIO ACQUAROLI

El perfume de la poesía.

 

 

“Sombra Mínima” – Primer volumen de poemas a publicar en mayo por la colección “Píndaro” de la Editorial Fleming.

 

Tutto puó essere tutto e tutto puó essere tramutato in qualcos´altro. Se non riusciamo a vedere gli schemi nell´architettura della Natura, é perché non guardiamo abastanza da vicino. La poesía non scopre o inventa nulla, é semplicemente il ricordare ció che é stato dimenticato
 
Todo puede ser todo y todo puede convertirse en otra cosa. Si no podemos ver los patrones en la arquitectura de la naturaleza, es porque no miramos lo suficiente. La poesía no descubre ni inventa nada, es simplemente recordar lo que se ha olvidado
Vittorio Acquaroli – Concepto de la poesía.
Hay dos formas de hacer poesía. Una de ellas es el afán de llenar con contenidos diversos las líneas regulares o irregulares de los versos. La otra es asomarse a eso que bulle en el interior de nosotros; a la  realidad volcánica  siempre presente; la que podemos ubicar en una parte de nuestro cuerpo; la  que modela la forma, la música que contiene el poema; la que constituye el  venero del canto.
La primera modalidad poética  busca con ansiedad el lector externo. En muchos casos omite el tiempo de madurez que implica el silencio. Es la poesía de la guirnalda, el oropel, la alegría, el llanto;  del desborde emocional. Insensiblemente,  en algún momento, seguirá a las escuelas que han tenido éxito. Poesía que se vuelve conservadora y que más tarde o más temprano, de una forma u otra, termina renunciando al impulso original para servir  el gusto inmediato  del lector.
La segunda forma de hacer poesía, es la que reivindica la anamnesis socrática, la que busca y sigue  los hilos del recuerdo cósmico del poeta;  tiene en cuenta la expresión y el impulso  antes que el gusto del lector Es  la que ama lo desconocido y conquista territorios; la que toma fuerzas del vacío. Es el verbo fundante, capaz de crear el mundo al dominar la clave para llamar a las cosas. Como dice nuestro poeta: La poesía no descubre ni inventa nada, es simplemente recordar lo que se ha olvidado
A esta lirica pertenece el bagaje  de Vittorio Acquaroli. En el postulado poético que inicia el presente artículo, el poeta se refiere a la realidad profunda que se oculta detrás de la apariencia. El vate Vittorio es el testigo. Va observando la vida, la miseria, la grandeza, el dolor y el goce. Como un niño entre volcanes que explotan, el poeta nos muestra la vida; reflexiona sobre ella con un perfume de resignación. Por momentos la voz poética nos recuerda a Johan, el niño de la película “El Silencio” de Ingmar Bergman.
 
Niño de ayer querido
en mi tiempo de hoy;
amarga adolescencia
que se opone al dolor de los eventos.
 
Afán de trascendencia; por momentos el poeta ensaya el Salto Kierkegaardiano. Esa dimensión donde el espíritu descansa.
 
¡Pienso en ti oh corazón mío!
Ese pequeño río
apenas sonoro, aguas claras
donde se miraba el Eterno.
 
  “Sombra Mínima” es un viaje en el que el lector es guiado por el poeta; en el que se encuentra recorriendo los meandros de su propio ser. Y por encima de todo, la poesía despide un perfume profundo que actúa más allá de la dupla consciente-inconsciente; un perfume que modula las honduras del ser y que por su naturaleza no puede ser agotado en esta reseña. Dicho aroma no se encuentra en uno o en varios de los poemas individuales. Es en la última página, cuando el lector experimenta los sentimientos encontrados de la  melancolía y el gozo; cuando puede ver el mundo con ojos nuevos.
 
En el próximo mes de mayo Sombra Mínima será publicado por la Editorial Fleming a través de la Colección de Poesía “Píndaro”. La primera de las obras selectas que se irán presentando. Una herramienta de belleza para los lectores que deseen bucear en su propio interior.

Campli:

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El sitio donde vive el poeta tiene su importancia. Esa familiaridad con el mundo interior, esa dimensión de la poesía de Vittorio Acquaroli, donde los pasos del lector parecen resonar en el silencio; esos matices sutiles que el vate trasmite están relacionados con su entorno. Esto se vincula a un artículo – Obsolescencia Programada publicado días atrás por el escritor Francisco J. Martín en su blog sobre economía,  Lo Mejor está al Caer. 
Allí se sugiere que vivimos rodeados por objetos descartables, sin identidad, sin capacidad para influir sobre nosotros. Objetos que forman un ambiente anónimo, hostil a la acción poética. Como lo hace Vittorio, escoger un sitio con densidad histórica permite  que el ambiente, más tarde o más temprano,  influya  sobre los versos.
Si podemos elegir un entorno lleno de belleza, la misma se engendrará  en nosotros.

Vittorio Acquaroli

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Nació en Ludwigshafen (D) el 11 de marzo de 1964 y actualmente reside en Campli, un típico pueblo medieval en el centro de Italia.
Es miembro de la Academia Internacional de los Micénicos.
Publicó su primera colección en verso “Este día ha terminado” seguido de “Solo poemas”.
Ha participado en diversos concursos de poesía en Italia, Francia y Suecia, donde recibió buenos premios: menciones honoríficas en el “Montale 1998”, premio especial en el “Viareggio 1999”, mención honorífica en la “Capital de Florencia de Europa 99 “, tercer lugar en” Dante Alighieri 1998 “. Finalmente, el segundo puesto en el “Grand Trophèe Ville de Nice 1999”. Las participaciones concluyeron con el tercer premio en el “Gran Premio Internacional de Arte y Cultura Hallstahammar”.

 

Romance de mis riñones

Cuando mis riñones duermen
se empequeñecen
y caben en una de mis palmas.
Llegará la aurora
y al exprimirlos sobre el papel
para que vuelquen los  versos del sol joven,
gemirán suavemente.

 

Entonces,
de la textura húmeda y áspera,
emergerán pájaros, brezos, insectos amarillos
 púrpuras recuerdos y el cálamo
dispuesto a perforar la página
que cuelga del cuadrante de los cielos.

 

En la media mañana,
llevaré mis riñones a mis ojos,
como un par de catalejos
Observaré con ellos
tu modo de llover sobre las cosas;
tus pies descalzos a la altura de mi cuello;
tus movimientos seductores
al entrar y salir de mi costilla.

 

Desde mis manos
 te evocarán los riñones con un afán de sombras.
Convocarán a las estrellas; ordenarán
que se abalancen sobre tus empeines,
y las aves de la luna
buscarán en el fondo del lago
ciudades olvidadas.

 

Llévate mis sueños.
Te los cambio por un puñado de alfileres
que alguna vez hendieran mis pupilas. Llévate mis fuerzas
Las verás arrojarse desde el alma
a la verde enredadera del sol
y llenarán de gatos
  las jaulas de tu pecho;
transitarán tus pies desnudos
 por los arrabales del pan.

 

Llévate mis riñones brillantes que auguran y repiten
el anuncio de mi muerte
 cuando las tardes copulen con caballos desbocados;
cuando galopes una gaviota azul;
cuando mezcles mi espíritu
con una cucharada de levadura densa.
cansada, añil, grumosa
como las últimas rosas del otoño.

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GOCHO VERSOLARI

Las Garras del Sol

Me vi a mí mismo caminando en las sombras
en pleno mediodía
cuando los pájaros levantaban el mundo sin saberlo,
cuando los potros de la noche relinchaban nerviosos
y un pedazo de luna brillaba en el azul.
Me vi a mí mismo caminando en las sombras
desnudo,
silente,
roto,
como el estruendo del crepúsculo.
Me vi a mí mismo y contemplé mis huellas:
disueltas apenas las trazaba.
El lento gruñido de la tarde
se asentó en mis entrañas  
y mi hígado cabalgó sobre la playa
en busca del lejano muelle
donde la aurora gravitara en nuestros cuellos;
las huellas de un cielo fugitivo
y Sevilla a lo lejos.
Me vi a mí mismo caminando en sombras;
la noche había llegado; mis riñones
soñaban con la aurora
y un lento caracol trepaba por mi sexo
en busca de los antiguos monolitos,
de las tallas arcaicas de mi carne,
de las brújulas eternas que guardo
en mis talones.
De las garras del sol.
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GOCHO VERSOLARI

 

Ilustraciones: Sam Weber y Soledad Fernández

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