Somos preguntas de una mañana de domingo

 

 

En algún domingo cósmico

de esos que escapan por los agujeros negros,

alguien nos engendró como preguntas

arrojándonos

a las bocas negras de los acantilados.

Desde entonces

Buscamos la respuesta a nosotros mismos,

luminosos interrogantes

que nos lanzaran a los ocultos caos

en una mañana de domingo,

cuando los pájaros cantaban y el sol

pintaba suavemente

las entrañas del día

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GOCHO VERSOLARI

 

Ilustración: Tina Blondell

La Huella de tu Pie en los Cielos de Aldebarán

Siento que me alejo demasiado 

de esta tarde amable

llena de bancos, de ancianos y de soles.

 

 El fragor de las inmensidades

late en la base de mi sexo

mientras amueblas la sala

sonríes,

te abanicas.

 

En mis adentros,

observo que la huella de tu pie

 aún late en los cielos de Aldebarán. 

 

Entonces te acercas 

y me dices si llueve,

si haremos el amor junto a la cuarta columna del patio,

si el perro llegará a husmear tus rodillas

cuando las estrellas se desplomen a eso de las doce.

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 En mis ojos

podrás ver la caída de los mundos

mientras sirvo el té a tu madre

y converso sobre el perro del vecino. 

 

Todo está calculado.

La cantidad de sol sobre esa hierba,

la turgencia del pan;

el lunar que late en tu pezón izquierdo

y la cantidad precisa del azul

que tiñe la segunda estrella

 yendo al sur.

 

GOCHO VERSOLARI

Llegarás cuando la noche se abalance.

 

 

Era una época en que las noches traían tigres trasparentes,

ecos de leones

y un desfile de langostas llegaba hasta mi puerta. Era una época

que dejó abierta entradas clandestinas

para que las recorra cuando las tardes aprontan espinas y arrabales.

Entonces conocí los rulos del tiempo

la inanidad de todos los espacios,

aunque el muñeco con mi rostro

seguía recorriendo las tardes con mirada suicida.

Después los crepúsculo

hicieron de cada día

holocaustos de corbatas, de zapatos

de pieles perfumadas y de zorros muertos.

A veces la lluvia. A veces

la melancolía como una culebra más fina que un cabello

y siempre el dolor

a veces como un regusto, a veces

como una mariposa negra colgándose del cuello.

 

Llegarás cuando la noche se abalance

desde sus abismos invertidos. Llegarás

cuando hayamos roto los alambiques

y cada trozo de pan

embriague los crepúsculos y canten los coros de cigarras

la llegada del sol.

 

GOCHO VERSOLARI

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