Caprichos del destino 9.

Jason se quedó en Barcelona hasta el 4 de enero, que regresó a Londres para pasar la víspera y el día de reyes con su familia. El día 7 de enero volvió a Barcelona, esta vez con gran parte de sus pertenencias, pues ha comprado una casa en la misma urbanización lujosa dónde Ana y Marcos tienen su preciosa casa. Lo primero que hizo fue enseñarme su nueva casa, todavía por amueblar, y después me llevó a comprar un coche, el BMW 118 de color negro, el cual se empeñó en comprar alegando que era su regalo de Navidad para mí.

Jason se queda en Barcelona hasta principios de febrero, que empieza la pretemporada y él y Marcos viajan a Londres. Ana se queda en casa, por primera vez en siete años decide no acompañar a Marcos en la pretemporada. Los chicos vuelan de vuelta a Barcelona todos los fines de semana, hasta mediados de marzo que empieza la temporada. Ana acompaña a su marido pero yo no puedo acompañar a Jason, tengo trabajo del que ocuparme, sobre todo desde que Alicia dimitió el pasado mes de febrero cuando encontró trabajo de lo suyo en un colegio como pedagoga.

Jason y yo hablamos todos los días por teléfono y viene a Barcelona cada vez que tiene un par de días libres, lo cual no ocurre muy a menudo, solo un par de veces al mes.

Aitor y Alicia han seguido viéndose desde la noche de fin de año y su relación parece haberse vuelto más seria de lo que todos esperábamos, lo cual nos alegra.

Como tengo que ponerme al día en el trabajo ya que aún no me han puesto a otra ayudante y creo que tampoco tienen intención de hacerlo, aprovecho y adelanto trabajo. Reviso los informes de los presos a los que se les ha concedido la condicional en los últimos meses y los archivo. Todo va bien hasta que me encuentro con el expediente de Nelson Figueroa, un preso con una condena superior a 20 años de los cuales no ha cumplido ni 6 meses y a quien le han concedido la libertad condicional pese a la existencia de informes por mala conducta en su expediente. Lo aparto para llevármelo a casa y leerlo completamente mientras sigo revisando informes. Al final del día he apartado diez expedientes idénticos al de Nelson Figueroa, y eso que no he terminado de revisar ni la mitad de ellos.

Cuando llego a casa me doy un baño, pido comida china a domicilio y me acomodo en el sofá para revisar los informes. Los diez expedientes tienen las mismas características: presos de nacionalidad colombiana detenidos en España por homicidios premeditados, con condenas superiores a 20 años de los cuales el que más tiempo ha cumplido es Nelson Figueroa y solo ha estado seis meses en prisión. Una banda de sicarios colombianos, asesinos a sueldo, a los que le conceden la condicional por supuesto buen comportamiento a pesar de que no hay aportado ningún informe al respecto en el expediente. Reviso la firma del fiscal y el juez que han llevado los casos y en todos los expedientes aparecen las mismas firmas: el juez Castro y el fiscal Jorge Espinosa. Está claro que esos dos tienen algo entre manos y pienso averiguarlo.

Al día siguiente termino de revisar y archivar expedientes y me encuentro con otros dieciocho casos con las mismas irregularidades, todos firmados por el mismo juez y el mismo fiscal. Entro en la base de datos desde mi despacho y reviso todos los expedientes archivados en los que han coincidido Castro y Espinosa y los copio a un pendrive para llevármelo a casa. Voy a tener que investigar que tienen en común esos veintiocho presos, el juez y el fiscal.

Tras pasar toda la semana revisando minuciosamente todos los expedientes, llego a la conclusión de que el juez Castro y el fiscal Espinosa son dos funcionarios corruptos, pero necesito poder demostrarlo antes de acusarlos, de lo contrario nadie me escuchará y la perjudicada seré yo.

El domingo 21 de abril, quedamos todos en mi casa para ver la carrera del Gran Premio de Bahréin y todos queremos ver a Jason y a Marcos. Es la cuarta carrera de la temporada y Bjorn Wolf va en primer lugar en la clasificación para el mundial con 75 puntos, seguido de Jason que va segundo con 54 puntos y Marcos tercero con 45 puntos. Los tres han subido al podio en las tres carreras, Wolf ha quedado primero en las tres, Jason segundo y Marcos tercero.

Durante la carrera todos gritamos y nos emocionamos en cada vuelta en la que Jason intenta adelantar a Wolf y cuando lo consigue todos nos levantamos de nuestros asientos y saltamos eufóricos. La carrera termina con Jason primero, Wolf segundo y Marcos tercero, pero la clasificación del mundial no mueve puestos, sigue estando primero Wolf con 93 puntos, Jason con 79 y Marcos con 60.

En el podio veo a Jason sonriendo, más de lo que él suele sonreír en público. Vemos cómo se riegan con champagne para después de ser entrevistados. Uno de los reporteros, le hace una pregunta a Jason y presto toda mi atención para escuchar lo que dicen mientras mis amigos bromean y gritan eufóricos:

–  Ha sido una carrera dura, ha perseguido a Wolf vuelta tras vuelta y ha conseguido adelantarle para hacerse con el primer puesto, ¿hay alguien en especial a quién quiera dedicárselo?

El silencio se hace en mi casa y el corazón se me para esperando a escuchar la respuesta de Jason, que sonríe al otro lado del televisor. Desde enero, han salido especulaciones en programas de televisión, periódicos y revistas anunciando que Jason había iniciado una relación estable con una chica de Barcelona y el periodista, un español, ha preguntado lo más sutilmente que ha podido.

–  Se lo dedico a alguien que estará pegada al televisor rogando que no diga su nombre. – Le contesta Jason al reportero con una maliciosa sonrisa en los labios.

Cómo era de esperar, Jason desaparece de la rueda de prensa en cuanto puede. Nunca le han gustado los periodistas, dice que crean un circo de la Fórmula 1 y debo reconocer que en ocasiones es así.

–  Eres la envidia de todas las mujeres del mundo. – Me dice Esther divertida. – Si yo estuviera en tu lugar le rogaría para que dijera mi nombre y todo el mundo supiera que tiene dueña, hay mucha lagarta suelta por ahí. ¿Te has fijado en las azafatas que traen el champagne?

–  Cariño, mejor quédate callada, ¿quieres? – Le sugiere Víctor.

–  ¿Cuándo regresa Jason? – Me pregunta Aitor.

–  Mañana aterriza su avión y hasta el jueves día 9 de mayo no tiene que correr, además el próximo Gran Premio es el de España y nos ha conseguido entradas para ver la carrera en Montmeló, así acompañaremos también a Ana. – Les informo y todos quedan encantados.

–  ¿Tienes ganas de verle, Sara? – Me pregunta Aitor con sorna. – Supongo que estos periodos de abstinencia no son muy buenos para ti.

–  Siempre puedes buscarte un amante, yo en tu lugar elegirá a David. – Bromea Esther.

–  Cariño, creo que la que se va a quedar sin sexo vas a ser tú cómo vuelvas a nombrar al vecinito. – Le advierte Víctor a Esther.

–  ¡Qué celoso, cuñado! – Se mofa Raúl.

–  Estoy segura de que a Jason le encantará que le repitáis todo lo que acabáis de decir. – Les advierte Alicia, la voz de la cordura entre mis amigos.

–  Que conste en acta que yo no he abierto la boca. – Digo bromeando con las manos en alto en señal de inocencia. – Yo no tengo nada que ver con lo que aquí se está diciendo.

–  Oye, ¿crees que si le pido a Jason que me deje probar su coche, lo hará? – Me pregunta Aitor.

–  Lo dudo mucho. – Le contesto encogiéndome de hombros. – Imagino que esos coches solo los tocarán los mecánicos e ingenieros del equipo, los probadores y los pilotos.

–  Pues a mí me gustaría conducir uno de esos. – Dice Aitor con melancolía.

–  Olvídalo, Aitor. – Le aconseja Raúl y añade con sorna. – Con un poco de suerte, te dejará mirar el coche.

Después de ver la Fórmula 1 y comer, todos empiezan a marcharse hasta que me quedo sola. Recojo y limpio el piso, así mañana no perderá ni un solo minuto en hacer tareas del hogar y podré dedicarme única y exclusivamente a Jason, con la excepción de que tengo que ir a trabajar.

Caprichos del destino 8.

A la mañana siguiente me despierto rodeada por los brazos de Jason, con la cabeza sobre su pecho. Le miro y está despierto, me sonríe alegremente y me besa en la coronilla antes de decirme:

–  Buenos días, nena.

–  Buenos días, nene. – Le contesto divertida. – Creo que necesito darme una ducha.

–  Lleno la bañera y nos bañamos juntos. – Me dice pícaramente besándome en los labios. – No creas que he acabado contigo todavía.

Tras una sesión de sexo en la bañera no apta para menores, Jason y yo bajamos a desayunar a la cocina, dónde todos están  desayunando, unos con mejor aspecto que otros.

–  Buenos días, parejita. – Nos dice Aitor bromeando. – ¿Qué tal habéis pasado la noche?

–  Seguro que mejor que yo. – Se lamenta Raúl, el único que ha dormido sin compañía.

–  No te preocupes, hermano. – Le consuela Víctor. – Otra vez será.

–  Chicos, tengo que irme. – Nos informa Alicia. – Tengo comida familiar y me gustaría pasar por casa a ducharme y cambiarme de ropa.

–  Nosotros también nos vamos. – Dice Esther. – Raúl ¿vienes con nosotros?

–  Si, nosotros también tenemos comida familiar. – Secunda Raúl.

–  Alicia, espera. – Le dice Aitor. – Te llevo a casa.

–  Y vosotros, ¿qué planes tenéis? – Les pregunto a Ana y Marcos.

–  Ninguno, lo cancelamos todo para dar la fiesta en casa. – Responde Marcos. – ¿Y tú?

–  Iba a ir a casa de mi padre, ¿me queréis acompañar? – Les propongo. – Él estará encantado de teneros por casa y Marcos saldará una deuda conmigo.

–  Por supuesto, me encanta la idea. – Dice Marcos con entusiasmo.

–  A mí también, tengo curiosidad por conocer a tu padre, Esther me ha dicho que si ella pudiera cambiar a su padre lo cambiaría por el tuyo. – Bromea Ana.

–  ¿Voy a conocer a mi futuro suegro? – Pregunta Jason divertido.

–  No, vas a conocer al padre de tu amiga. – Le corrijo. – Y, si quieres llevarte bien con él, te aconsejo que pienses en la palabra “amigo” en el más estricto sentido de la misma.

–  ¿Un suegro duro de roer? – Se mofa Marcos.

–  Si tienes en cuenta que nunca le ha gustado ningún chico con los que he salido, un poco. – Les confieso encogiéndome de hombros.

–  ¿Nunca le ha gustado un novio tuyo? – Me pregunta Jason, sin rastro alguno de mofa. De hecho, bastante preocupado. – Alguien le gustará para su hija, ¿no?

–  Sí, tienes razón. – Le contesto sin importancia. – El hijo de su vecino.

–  ¡Oh, Esther me enseñó una foto suya anoche! – Exclama Ana. – Te aseguro que si no estuviera felizmente casada ese bombón no se me escapaba.

–  Gracias, cariño. – Le dice Marcos con sarcasmo.

–  ¿Algo más que deba saber? – Me pregunta Jason molesto.

–  No le mientas. Tiene un sexto sentido para detectar las mentiras.

–  Genial, tengo que fingir que solo quiero una sana amistad contigo y tu padre es especialista en detectar mentiras. – Responde malhumorado. – ¿No prefieres tirarme al río con los cocodrilos?

–  ¡Qué dramático, por favor! – Estallo en carcajadas. – Mi padre es un hombre normal y corriente, pero solo tiene una hija y quiere lo mejor para ella, como todos los padres. Marcos, ¿qué tal te fue con tu suegro la primera vez que le conociste?

–  Genial, sus padres me invitaron a cenar a su casa y, cuando creía que no había nadie cerca, le di una palmada en el trasero a Ana y su padre me pilló. – Nos cuenta Marcos divertido. – Me echó de su casa en el acto mientras los hermanos y la madre de Ana se reían, totalmente humillante.

–  ¡No fue para tanto! – Protesta Ana.

–  Lo fue, te lo aseguro. – Le reafirma Marcos a Jason.

–  Si no te apetece ir, llamo a mi padre y le digo que voy mañana a verlo, no pasa nada. – Le sugiero.

–  Eso es lo que a ti te gustaría, por eso me estás diciendo todo esto. – Me dice Jason cogiéndome en brazos y haciéndome cosquillas. – Confiésalo.

–  Vale, vale. He exagerado un poquito. – Confieso. – Estoy segura que le caerás bien, tienes a tu favor que entiendes de coches y además eres un piloto de Fórmula 1. Pero no he mentido respecto a la opinión de mi padre sobre mis novios, eso es verdad.

Un par de horas más tarde, los cuatro llegamos a Sitges. Marcos aparca el X6 frente a la puerta del jardín y mi padre sale al porche para recibirnos antes de que bajemos del coche.

–  ¡Feliz año, hija! – Me dice mi padre abrazándome en cuanto llega a mí. Se despega parcialmente de mí para echar un vistazo a mis amigos y los reconoce en seguida: – ¡Pero si son Marcos Roldán y Jason Muller, pilotos de la Fórmula 1! ¿Qué están haciendo aquí?

–  Han venido para comer con nosotros, papá. – Le respondo divertida. – ¿Recuerdas que te he llamado hace un par de horas para avisarte?

–  Si, pero se te ha olvidado mencionar ese pequeño detalle. – Me reprocha mi padre. – Pasad todos dentro, aquí fuera nos vamos a congelar.

Como era de esperar, Diego está en casa con mi padre. David trabaja hoy, pero les ha prometido que se pasará en cuanto acabe el turno. Tras hacer las presentaciones oportunas, mi padre quiere saber de qué los conozco, así que le cuento la verdad, que Jason fue quién me embistió con el coche.

–  ¿Este es el pijo al que le dijiste que tenía que aprender a conducir? – Bromea mi padre, más feliz de lo que lo he visto últimamente.

–  Sus palabras exactas fueron “¿dónde te han regalado el carné de conducir?” – Se mofa Marcos.

–  Me alegro de que no le pasara nada a mi hija. – Le dice mi padre a Jason con un tono de voz bastante amenazador incluso para él. – El viejo Golf aún está en el taller, Sara quiere repararlo en vez de comprarse un coche nuevo.

–  ¿Aún no te has comprado un coche? Me dijiste que ya tenías coche. – Me reproche Jason.

–  Y lo tengo, Aitor me presta el suyo siempre que se lo pido, él no lo utiliza y yo quiero arreglar mi viejo Golf, es una reliquia. – Me defiendo.

–  Es tan cabezona como lo era su madre, no la vas hacer cambiar de opinión. – Le advierte mi padre a Jason. – Es mejor optar por el chantaje emocional, entonces a lo mejor consigues que ceda.

Diego, Marcos y Ana se echan a reír, pero Jason ha captado a la perfección lo que mi padre le acaba de decir y opta por ponerlo en práctica:

–  Sara, si conduces en ese viejo e inseguro coche y te pasara cualquier cosa, todos nos preocuparíamos mucho. Si te compras un coche nuevo, todos viviremos más tranquilos.

–  ¡Aprende rápido, el chico! – Bromea Diego.

Pongo los ojos en blanco y salgo al porche a fumarme un cigarrillo. Antes de cruzar el umbral de la puerta, oigo la voz de mi padre decirle a Jason en voz baja pero audible desde donde yo estoy:

–  Es una cabezota, pero es muy buena chica y mi hija. No sé ni quiero saber lo que os traéis entre manos, ella es muy recelosa con su intimidad y vosotros sois de mundos distintos. No quiero ver sufrir a mi única hija.

–  No tengo la más mínima intención de hacerle daño, señor Moreno. – Oigo a Jason asegurarle.

–  Papá, te estoy escuchando. – Le advierto alzando la voz antes de salir al porche.

Ana se levanta y sale al porche conmigo para hacerme compañía.

–  Qué fuerte, creo que es la primera vez que alguien se atreve a amenazar a Jason. – Se mofa. – Me cae bien tu padre, Esther tenía razón.

Ambas nos reímos y bromeamos sobre el interrogatorio que mi padre le debe estar haciendo a Jason hasta que finalmente me apiado de él y decido ir en su busca.

–  ¿Todo bien por aquí? – Pregunto mirando a mi padre con advertencia.

–  Por supuesto, cariño. – Se afana en responder mi padre. – Jason me estaba contando que su madre es española, de Blanes.

–  ¿Ah, sí? – Pregunto sorprendida. – No sabía que eras medio español. – Le digo a Jason. – ¿Cuál es su historia?

–  Mi madre vivía en Blanes, se fue a estudiar a Londres, conoció a mí padre y se casó. – Me resume rápidamente Jason. – De pequeños, siempre veníamos un par de semanas a Blanes de vacaciones, pero cuando mis abuelos murieron dejamos de venir. Mis padres vienen de vez en cuando para cuidar de la casa y ver a viejas amistades.

–  Vienen a disfrutar del sol y de las playas que no tenéis en Londres. – Se mofa Marcos.

–  A Sara también le gusta mucho la playa y el sol, no creo que seas capaz de conseguir llevártela a Londres, si es eso lo que pretendes. – Le advierte mi padre a Jason.

–  ¡Papá! – Le regaño.

–  Me has dicho que nada de preguntas inoportunas, así que me limito a hacer comentarios. – Se defiende mi padre. – Además, me habéis dicho que sois amigos y puedo ver en sus ojos que Jason quiere mucho más que una amistad contigo.

–  Papá, cierra la maldita boca. – Le espeto furiosa.

–  Tiene razón, señor Moreno. – Le dice Jason dejándome atónita. – Pero le aseguro que no pretendo llevarme a su hija. Estoy buscando residencia en Barcelona.

–  ¿Qué? – Logro preguntar.

–  Quería darte una sorpresa pero, dadas las circunstancias… – Me explica Jason.

–  Vale, nos vamos. – Les digo poniéndome en pie.

–  Pero, ¿no le vas a decir nada? – Me pregunta mi padre. – Se va a comprar una casa aquí por ti, ¿qué clase de amigo hace eso?

–  Papá, te veo el día de reyes. – Me despido de él dándole un beso en la mejilla. – Dale recuerdos a David y dile que lo veré la semana que viene.

Marcos, Ana y Marcos también se despiden de mi padre y de Diego. Quiero salir de aquí antes de que alguien diga algo más de lo que no estoy preparada para escuchar.

Nada más subirnos al coche, Jason, que va sentado a mi lado en la parte de atrás del X6 de Marcos, me pregunta con el ceño fruncido:

–  Creía que te ibas a alegrar de que buscara casa en Barcelona, ¿no quieres que lo haga?

–  No es eso, es que todo está yendo demasiado rápido. – Me excuso. – No quiero que compres una casa sólo para estar cerca de mí. ¿Qué pasa si esto no sale bien?

–  Tengo dinero de sobra, puedo permitirme comprar una casa donde quiera y quiero hacerlo en Barcelona. – Me dice. – ¿Tienes algún problema si compro una casa en Barcelona porque me gusta la ciudad?

–  No. – Le respondo.

–  Bien, en ese caso me compraré una casa porque me gusta la ciudad. – Me dice Jason divertido. Me besa en los labios y añade: – Es una suerte que tú vivas en esta ciudad.

–  Eso es hacer trampas. – Me quejo.

–  Estoy dispuesto a todo por conseguir que estés a mi lado, incluso a trasladarme. – Me susurra al oído desarmándome y dejándome sin argumentos para rebatirle.

Han pasado demasiadas cosas en apenas veinticuatro horas. Cosas que aún no he asimilado porque aún estoy flotando sobre las nubes.

 

Caprichos del destino 7.

Tras un largo y frío mes de diciembre combinado con la locura navideña, por fin es 31 de diciembre, el último día del año. Durante este último mes, han pasado muchas cosas. Desde que Jason vino a Barcelona expresamente para hablar conmigo y decidimos ser amigos, hemos hablado por teléfono todos los días. Le cuento cómo ha ido mi día y él me cuenta su día. Hablamos de todo, familia, trabajo, amigos y también de enemigos. Me he puesto al día sobre la Fórmula 1 con la ayuda de Aitor y de Raúl, que me han informado pacientemente. Al parecer, un tal Bjorn Wolf, un alemán del equipo de Wings, es el número 1. Ha ganado tres mundiales consecutivos, el de 2010, 2011 y 2012, mientras que Jason quedó segundo y Marcos quedó tercero. Marcos y Ana han pasado a formar parte de nuestro grupo de amigos. Viven en nuestra misma ciudad y, cómo aún no ha empezado la temporada, Marcos está de vacaciones. Hemos congeniado tan bien con ellos que incluso hemos modificado nuestros planes para fin de año. No podíamos ir con ellos a celebrar fin de año entre la muchedumbre, así que cuando decidimos cambiar los planes Ana se ofreció a darnos la mejor cena y fiesta de fin de año en su casa, a lo que no pudimos negarnos. Alicia también asistirá, el único que faltará será Jason. No lo he visto desde hace tres semanas y me encantaría que esta noche estuviese aquí, pero está en Londres con su familia y me prometió venir después de reyes.

Estoy saliendo de la ducha cuando oigo el timbre de la puerta. Miro el reloj, es demasiado temprano para que Aitor y Raúl vengan a buscarme. Me envuelvo en una toalla que apenas me cubre el pecho y una pequeña parte de los muslos y pregunto al descolgar el telefonillo:

–  ¿Quién es?

–  Creo recordar que alguien quería que esta noche estuviera aquí y, como ya sabe, señorita Moreno, sus deseos son órdenes para mí.

¡Es Jason!

Abro la puerta sin contestar, eufórica y feliz de que Jason esté aquí, de que podamos pasar juntos la noche de fin de año. Un minuto después, las puertas del ascensor se abren y sale Jason con una magnífica sonrisa en los labios. Sin poder contenerme, salgo al rellano y me arrojo a sus brazos sin esperar a que él llegue hasta a mí, estoy demasiado nerviosa.

–  Si llego a saber que enviándote un mensaje vendrías, lo habría hecho mucho antes. – Le confieso mientras él me sostiene entre sus brazos.

–  Si voy a tener este recibimiento cada vez que llegue, puedes estar segura de que vendré. – Me dice bromeando al mismo tiempo que entra en casa cargando conmigo en brazos. – Será mejor que entremos antes de que los vecinos te denuncien por escándalo público. ¿Cómo sales así vestida? Bueno, vestida por llamarlo de alguna manera…

–  Estaba saliendo de la ducha cuando he oído el timbre. – Le contesto. – Y, si mal no recuerdo, acabas de decirme que vendrás siempre que te lo pida si te recibo de la misma manera.

–  La próxima vez espérame así vestida pero dentro de casa. – Me susurra al oído para después besarme en la frente y excitarme aún más de lo que estoy. – Vístete, nos tenemos que marchar pronto si no queremos llegar tarde y que Ana nos mate.

Una hora más tarde, Jason y yo nos estamos bajando de un taxi a las puertas de la increíble casa de Marcos y Ana. Me quedo con la boca abierta nada más verla y Jason sonríe divertido. No es la primera vez que he estado en casa de Ana y Marcos, pero cada vez que vengo me pasa lo mismo, me impresiona tanto que me quedo embobada.

Entramos en la casa y todo está perfectamente decorado para la ocasión. Todos se han enterado que Jason venía de camino, todos excepto yo. Según me ha dicho Jason, lo decidió en cuanto recibió mi mensaje y buscó el primer vuelo que salía hacia Barcelona. Desde el aeropuerto llamó a Marcos para avisarle, quién se lo dijo a Ana y Ana se encargó de decírselo a todo el mundo excepto a mí.

Cenamos entre bromas, risas y anécdotas de tiempos pasados. Cuando empiezan los cuartos, todos nos ponemos en pie para tomarnos las uvas al son de las campanadas. Cuando nos metemos la última uva en la boca, todos gritamos:

–  ¡Feliz año nuevo!

Me abrazo a Jason para felicitarle el año, es al que tengo más cerca y es el primero al que felicito. Tras un largo abrazo, Jason me sujeta por la cintura estrujándome contra su cuerpo y me mira a los ojos con auténtico deseo. Consciente de lo que está pensando, le doy un suave beso en los labios y después le susurro al oído:

–  Ten paciencia, tenemos toda la noche por delante.

Su cara se ilumina, le acabo de afirmar que lo que él desea va a pasar esta noche. Le sonrío maliciosamente y me vuelvo para felicitar el año a todos mis amigos. Cuando llego a Ana, me pregunta al oído para que los demás no puedan escucharla:

–  ¿Acabas de besar a Jason o voy muy borracha?

–  Las dos cosas. – Le respondo divertida y ambas nos echamos a reír.

En ese momento, unas manos que reconozco al instante, me rodean por la cintura. Es Jason. Me abraza desde atrás y nos pregunta:

–  ¿Qué es lo que os parece tan divertido?

–  Cosas de chicas. – Le respondemos Ana y yo al unísono y volvemos a echarnos a reír.

Jason frunce el ceño en señal de desaprobación y yo vuelvo a besarle en los labios, esta vez más larga y apasionadamente que la primera vez.

–  Es fácil hacerte enfadar, pero es más fácil hacerte sonreír. – Le susurro al oído cuando veo que en su rostro se ha vuelto a dibujar esa sonrisa que me tiene loca.

Bailamos y bebemos durante toda la noche. Alicia y Aitor se han enrollado y han desaparecido para dirigirse a una habitación o cualquier otra parte donde tengan un poco de intimidad. Poco después, desaparecen Esther y Víctor, seguidos por Raúl. Cuando ya solo quedamos Marcos, Ana, Jason y yo, me levanto y les digo:

–  Es tarde, yo también voy a subir ya. – Me vuelvo hacia a Jason y le pregunto divertida: – ¿Me acompañas o quieres quedarte un rato más?

–  Estoy seguro de que Jason quiere quedarse un poco más. – Bromea Marcos.

–  Sí, contigo. – Le contesta Jason burlonamente.

Ana pone los ojos en blanco, su manera de decir que esos dos son tal para cual, y nos da las buenas noches.

Jason me coge en brazos y sube las escaleras hacia la planta superior cargando conmigo. Se detiene frente a la puerta de su habitación (la que utiliza siempre que viene de visita a casa de Marcos y Ana), me deposita cuidadosamente de pie en el suelo y me pregunta:

–  ¿Estás segura?

–  Completamente. – Le respondo con rotundidad.

Jason me coge de los muslos por debajo del vestido y coloca mis piernas alrededor de su cintura. Me besa con fuerza, con deseo y excitación. Nuestras manos recorren nuestros cuerpos impacientes. Seguimos besándonos mientras le quito la camisa y le desabrocho los pantalones. Vuelve a dejarme en el suelo y, con la voz grave y ronca de excitación, me ordena:

–  Quítate el vestido, quiero verte desnuda.

Doy dos pasos atrás para separarme de él y, tras lanzarle una ardiente mirada, desabrocho mi vestido y lo dejo caer al suelo, quedándome únicamente vestida con un diminuto tanga de color rojo y los zapatos de tacón de aguja de color negro.

Jason se acerca despacio y empieza a acariciarme los hombros, baja por los brazos hasta llegar a mis manos y sujetarlas para sostenerlas sobre mi cabeza y así tener acceso directo a mis pezones, los cuales se dedica a lamer y darles pequeños mordisquitos que me llenan de placer.

–  Eres perfecta. – Me susurra al oído al mismo tiempo que deja libres mis manos para así poder terminar de desnudarme. Se arrodilla frente a mí y me quita el tanga diminuto lentamente, dejando mi sexo totalmente al descubierto. – Lo llevas completamente depilado, me encanta. – Añade besándome en el monte de Venus. Con el dedo índice, marca un recorrido que va desde mi ombligo hasta el punto exacto de mi placer, el cual estimula presionándolo ligeramente. – Estás húmeda, ¿estás excitada?

–  Mucho. – Logro responder entre gemidos mientras trato de mantenerme en pie.

Jason vuelve a cogerme en brazos y esta vez me tumba sobre la cama.

Nunca habría pensado que se pudiera tener sexo tierno y salvaje a la vez, follar y hacer el amor. Esta noche he descubierto el inmenso placer de fundirme con Jason.

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