Avanzo en desierto y mar de tristeza

Avanzo tocando el negro profundo de mi tristeza

Esa que nació conmigo y como fiel amante nunca logró abandonarme

Siento el calor sofocante de la arena que se abre paso bajo de mí

Y deseo con religioso fervor que me sepulte bajo las dunas que va gestando

 

Súbitamente siento frío

Vagando desde el espacio más hondo de mi corazón

Y en medio de este desierto me recuerda cómo se tornó en valle seco también

Después de vaciar sus aguas a causa de las lágrimas derramadas sin fin

 

Doy lentos pasos cubierta por estas burdas telas

Telas que cubren mi rostro, mi cuerpo y mi alma

Camino uno a uno los segundos que me llevarán a la calma

Camino en espera de avanzar a donde no haya dolor ni habite la tristeza

 

 

Avanzo tocando el negro profundo de mi tristeza

Y no alcanzo a sentir la claridad que te dan los días felices

Porque no recuerdo haberlos vivido, ni sentido jamás

¿Cómo puede haber recuerdos cuando la vida nunca empezó?

 

Puedo sentir la pausa de mi respiración, pesada y casi ausente

Y avanzo. Sólo avanzo sabiendo que es el final del camino

 

Sin fuerza caen mis rodillas y siento un ligero calor invadiendo mi cuerpo

Mi respiración se vuelve más pausada y casi silente

Paz. Siento una invasión de paz que recorre mi cuerpo y penetra mi alma

Paz. Esa que he buscado siempre y se me había negado

 

Sin pensarlo, me tiendo sobre mi espalda contemplando el sol

Que me ciega y poco a poco me va abrasando con sus firmes llamas

Con los ojos puedo ver el cielo

Y los tonos negros que antes me invadían se tornan en dorada luz

 

Logro escuchar a lo lejos el canto gutural que habla de retorno

Me dejo llevar por las notas sagradas que extienden su mano hacia mí

 

Paz. Navego en la paz

Mi alma avanza en la paz anhelada desde mi llegada a este mundo

 

Mi cuerpo yace

Sobre las azules mantas que lo cubren y lo cubrirán por siempre

Azul el cielo y azul el eterno descanso que lo ha tendido en medio de las arenas de este dorado desierto

Avanzo tocando el plateado profundo de mi inmensa paz.

Femme Fatale

Femme Fatale

Escribirá de mí la historia

 

No ibas a pensar que siempre sería lo que dicen los poemas

Santa, buena, pura y casta

Eso se queda para la inocente damisela que vivió dentro de mí en el pasado

 

No creas hoy que soy la fiel y leal que espera por tus besos

La que se sienta a ver el horizonte para imaginar que llegas

Y se queda ahí, plantada como aneja raíz atada a la tierra

 

Hoy me levanté con la mirada más allá de ti

Más allá de la inocencia que se alimenta de creer que podrás amarme

Más allá de la jaula en la que yo misma me encerré al amarte tanto

 

Me visto de sedas, de dorados y plateados

calzo tacones y fumo delante de tu aliento

Camino mis pasos sin tus cadenas

Avanzo en mis días sin el lastre que me arrastra hacia ti

 

A partir de hoy, corre sangre por mis venas

Y sí.

Acierto a decir que hago de mis días un placer

Que puede cualquiera asomarse a mis ojos y perderse ahí

Soy la intensidad de muchos anhelos y la perdición de su corazón

 

No importa qué ojos me miren y qué labios mueran por besarme

No importa lo que piensen o sientan

O si esperan desde el fondo que yo sea el amor de toda una vida

 

Entregaré este cuerpo al postor que me plazca

Regalaré mis días y mis pasiones a quien mi fortuna convenga

Sin amores ni ataduras, sin falsos amores ni resentimientos

 

Mírame tú

Y mírenme todos

Si de geisha me ves pinta danzaré por ti

Gastaré mis segundos sirviendo té a tus sentidos

Y al final del día sólo querrás ser mi suspiro eterno

 

Si de gitana de ves la figura

Entraré en tus sábanas mientras leo tu futuro en cartas

Y me amarás sin poder olvidarme ni en el final de tus días

Devoraré tu cordura, tus sentidos y hasta tu alma

 

O tal vez.

Quieras que dance entre velos que suavemente rocen tu cuerpo

Que el vapor de aromáticos inciensos se mezcle con el poco pudor que le quede a mi cuerpo

 

Femme Fatale

Escribirá de mí la historia

 

Inolvidable para tus besos

Inalcanzable para tus anhelos

Arrancando a cada día el poder de dominar tus deseos

De poseer y de arrancarte el cuerpo

 

De vivir al margen del corazón

Fingiendo amar con la sed de la razón

 

Femme fatale

A causa de morir esperando por tus besos

 

 

No vivamos en una jaula hecha de miedos

 

No importa qué nombre tiene ella, lo que importa es esta larga lista de miedos, cimentando una jaula,  que han ido poniendo sobre su esplendor.

Al perecer, esto pasa en la Ciudad de México; sin embrago, al entrar en las redes y comentar con personas de otros lugares, ella se fue enterando poco a poco que es un fenómeno que ocurre en todo el mundo.

Es algo que ocurre en muchas ciudades, en muchos pueblos y en muchas casas.

Ella, acostumbra salir a trabajar cada mañana.

Muy temprano tomaba el transporte público y llegaba a su oficina; pero hoy se ha quedado encerrada en una jaula que aprisiona su cuerpo y su corazón.

Es una mujer, que puede ser mexicana, latina, española, es simplemente una mujer que teme salir de su casa y no volver, pues se ha puesto la maldita moda de ver cómo se les va arrancando la vida.

Y ahora están en una jaula, construida con las cadenas del miedo. De ese miedo que es real y de ese que todos van erigiendo alrededor; de ese que se monta en las redes y le causa temor incluso de su misma sombra.

Se encuentra metida y sumida entre el hierro doloroso que arrastra a los hermanos, a los padres, a las madres y a las personas, y eso es lo más triste de cada una de las historias; el gozo de unos cuantos por encerrar al mundo en una jaula de temor.

Justo al amanecer, se encuentra un grupo de gente que lucha por romper las cadenas y derrumbar cada uno de los fierros de la jaula de temores; porque extienden la mano y andan el camino erguidos con la mirada llena de luz bajo el deseo de cobijar a cada alma que se siente en peligro.

Hoy, a través de las sombras que entran en su jaula, ella ha visto que la gente lleva pulseras moradas como símbolo de apoyo; pero eso no la convence a salir de la prisión.

Porque es el miedo el que nos mantiene encerrados. El miedo de ser atacada, el miedo de que nuestra amada no regrese, el miedo a ser nosotras mismas las que no volvamos. Es el miedo lo que más nos acaba.

Y entonces, cada una ve una pequeña luz colándose por una rendija, viene de la ventana y nos aclara los pensamientos; es esa luz que nos lleva a llenarnos de fuerza, la que nos impulsa a seguir y salir cada día y nos va llevando de nuevo a vivir los días.

Es esa fuerza que ha perdurado desde nuestros ancestros, la fuerza de la madre que partió, la de las abuelas y las sabias del pasado.

Es esa fuerza que hoy, no permitirá que ella y todas mueran encerradas dentro de la jaula del miedo; que puede ser mayor que el peligro que con tristeza sabemos, existe en las calles.

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