Mala Madre

 

Busqué en aquella fotografía los ojos de una madre y no los hallé. Ni siquiera en el abrazo retratado, tus brazos palpé. Y aunque ahora, ya una adulta, observó tu apariencia, no te siento, no te quiero, no te amé.

Busqué en otros hermanos a alguien de mi piel y no encontré, de aquella historia que no fue, de un apellido, una sangre y una jerarquía que jamás entenderé.

No te vendas, no me busques, no estaré.

La canción que me invade, la que me llena los ojos de lágrimas, la que define una madre y la que aun odiándote con toda mi alma, se que en el fondo es amor, y me hace volver a caer. Es la sensación de querer saber, de entenderte, porque ahora que soy madre, yo no puedo, no comprendo el abandono. No soporto el recuerdo. No tolero tu desprecio.

Me disfrazo de alguien fuerte. Me tapa la máscara de mujer grande. De persona sin tormentos. De madre primeriza. Y siempre eres tu la protagonista. Aun así, eres tu la que continua haciendo herida.

By Miriam Giménez Porcel.

La cordura

He perdido el control de mi locura. 

Parece de locos e incluso incoherente, pero lo cierto es que vuelvo a estar cuerda y no me gusta.

He perdido las ganas de todo. 

Si bien es cierto que todos aconsejaban, sin haberles preguntado, que debía retomar el camino adecuado, jamás les tomé en cuenta. 

No escuché sus miedos. 

Todos infundados, porque yo me sentía viva.

Pero ahora, ¿qué he ganado? – les pregunto. 

Porque no me siento mejor. Ni siquiera realizada. Ni resuelta.

Era feliz con aquella soltura, con aquel modo mío particular de ver el mundo. 

Al fin y al cabo mi mundo. 

He perdido las ganas de vivir, porque vivir de este modo no es bonito.

Hacía el bien. Me llenaban las ilusiones, me entristecían las penas.

Pintaba los días del color que me gustaba,

escribiendo poemas y cartas.

Sonreía al sol cada mañana.

Y recibía la lluvia agradecida.

Maquillaba mis labios de rosa fucsia.

Jugaba con las texturas.

Construía sabores. Formaba sensaciones.

¿Crees que es una broma?

Era mi particular cordura. 

Y ¿quién es quién para evaluar cada conducta? 

Merece la pena saber quién eres y qué buscas. Tu filosofía. Merece la pena ser autentica, real, única. Y eso solo lo sabe un@ mism@.

By Miriam Giménez Porcel.

Sin tapujos

 

Demasiada sal y poca azúcar.

Hay en esta casa tan revuelta.

Tan sencilla y enquistada de recuerdos.

Muy sútil te das la vuelta.

Sin mirarme ni a la cara,

son excasos tus recursos.

Demasiada sal y poca azúcar.

Repito yo a mis adentros.

En esta casa sin espejos.

Tan cargada de lamentos.

No fue el tiempo el que cerró estancias.

El que corrió el pestillo y abrió la jaula.

No fue eso quien nos hizo correr lejos.

Buscando la luz que jamás hubo dentro.

Fue la ausencia de silencio.

Fue buscarse un refugio.

 Huir de esas paredes

 de las que jamás se borraría el adn de nuestros juicios.

Fue ese miedo en cada noche,

en cada insulto,

en cada nuevo duelo.

Gritarse todo sin tapujos.

Demasiada sal y poca azúcar.

En aquella casa donde siempre faltó paz

y sobró mucha falta de respeto.

By Miriam Giménez Porcel.

A %d blogueros les gusta esto: