No eres rosa eres camelia

Amaneciste Rosa

pálido

confusa.

Te vestiste

con tu mejor traje:

desnuda.

Saliste al balcón

dorada y fresca

Susurrabas

palabras eternas

encadenadas.

Tu equilibrio de barandilla

mil veces ensayada

-falló el engaño-

Caíste ángel

de alas cortadas

como el destino.

Tus manos ya,

Camelia,

ensangrentadas.

 

M. L. F.

 

Latidos

Me quedé prendida

en la parte de arriba

de mis emociones

colgando por dentro.

Miré la salida

que había aprendido

con la razón

golpeandome el pecho.

Quise apoyarme

en la barra de mis recuerdos

sintiendo mi mundo

caer al infierno.

Porque…,

¿por qué no te alejas

girando tu cuerpo

a medias con tu sonrisa?

-Me preguntaba-.

No quise oír la respuesta

caer

rodando

por la escalera

diciéndome nada.

M. L. F.

 

Nada es lo que parece

Delante

del valle que forman mis piernas

acontece un espectáculo

-centrado e inmóvil-,

que se sostiene en el aire

encima

del manto de la oscuridad.

Lo único posible es el vacío,

lleno de charlas y risas

-tres en raya:

uno farsante,

desplazado otro –

pasadas

ya.

M. L. F.

 

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