Quédate conmigo

 

 

 

 

 

 

 

Quédate conmigo, quédate aunque solo sea un instante después que de mi ensueño despierte. Quédate tatuado en mi piel como recuerdo perpetuo de sueño realizado.

En continuo movimiento la mirada se desliza en desesperado recorrido a la caza y captura de la estela que en la oscuridad de la noche dejó en mi espacio tu huella. Al encuentro de tu esencia se dirige mi alma, inconfundible fragancia a desnudez de piel amada que en el silencio de las horas impregnadas de tu aroma mis sábanas amanecen.

Quédate conmigo al alba, no abandones el sueño cuando la luz del día me sorprenda y mis brazos extienda en busca de tu abrazo cual viajera peregrina que refugio y cobijo demanda en tu morada.

Deja que mi aliento acaricie tu sonrisa franca, que se enreden mis dedos en tu cabello de  plata, que me pierda en tu montaña y sucumba a los deseos que se leen en tus entrañas.

Quédate una vez más en mi sueño, antes que  despunte el día y se rompa el mágico conjuro que ideó la noche al amparo de mis deseos como cómplice y aliada de la onírica ilusión de mi fantasía.

Quédate muy cerca de mis anhelos, antes que la noche se encienda y tu imagen se evapore  como humeante recuerdo de amor inalcanzable. Del sueño de amor eterno que se repite noche tras noche y persistente me hace entrega de un amor que en un suspiro se desvanece y mi alma se resiste al olvido y vivo lo mantiene como auténtico y real.

Quédate conmigo por siempre, hazte real y visible y transforma tu silenciosa imagen en física materia moldeada en mi sueño. Deja que siga soñando que todo es posible y que serás tú quien esté a mi lado, junto a mi cuerpo fundido, cuando al amanecer la luna se despida y hacia ti la mirada vuelva sintiendo tu cálido contacto, el calor de nuestros cuerpos enlazados, sonriendo al juntos despertar del mismo sueño al que estamos condenados.

 

 

Imagen de la red

En el fuego

 

 

 

 

 

 

 

En el crepitar del fuego quedaron calcinados los recuerdos, capítulos pasados de una historia que obsoleta queda y en la memoria del tiempo pierde su fuerza. Construí una pira en el aire y allí deposité algunas banalidades, sobras y deshechos que de nada sirven ahora, en el fuego arden y se desintegran, se reconstruye la memoria, se purifica el aire.

En el rojo crepitar del crepúsculo cuando la luz del sol va decayendo y el astro rey reclama su descanso, en espectáculo divino queda la mirada prendida atraída  por la mágica transformación que su espectro dejó en el firmamento. Momento de plenitud cuando la piel arde y memoriza, arde en recopilar datos que le dejaron en sus células apasionadas y cálidas caricias.

Rojo, fuego, intenso ardor que despide el día en su último suspiro agasajando al dios Sol. Atardeceres con sabor a remembranza, atardeceres plenos de emociones, enervando instantes al acercarse la noche con redoble de trompetas anunciando sus misterios. Desvelando al no durmiente, abriendo brechas de amor y lágrimas, enjugando llantos en las sábanas plateadas que la diosa Luna presta amablemente, haciendo gala de comprensión con el sentir de quienes a ella se confiesan, para ser consuelo y paño sobre los que depositar sus penas.

En el crepitar del fuego acabaron por quemarse los rencores, murieron abrasados los errores salvándose del fuego los recuerdos que se negaron a perecer. A fuego quedaron grabados los más bellos momentos, recuerdos que no prescribieron ni caducaron en el corazón a pesar del tiempo. Recuerdos inmortales que no se tornaron viejos, recuerdos que en el pensamiento se incrustaron y con el alma viajan transgrediendo las leyes del espacio y el tiempo.   

 

 

Imagen de la red 

Con furia

 

 

 

 

 

 

 

Con furia descargó la tormenta sobre material impermeable que supo soportar con heroico estoicismo el despliegue torrencial de agua, piedra y fuego. Destrucción a su paso queda, quiso la tormenta acabar con sus cimientos, mas tan profundas raíces no pudo demoler ni arrebatar a la tierra. Destrozos  dejó en la cobertura de la capa que su cuerpo envolvía sin llegar a extirpar de raíz lo esencial que en su interior habita.

Ser inmaterial que se alimenta de buenas intenciones y bellos sentimientos. No pudieron vencerla las fuerzas del mal que en continuo movimiento pululaban entre la espesa niebla de las noches de su infierno. No lograron su más puro ser erradicar ni tsunamis ni tempestades de arena.

La visión más clara con el día amanece, fuera de su reino exilió los conflictos que durante tanto tiempo la paz consigo misma le impidieran. Excomulgó inquisidores pensamientos que a su alma torturaban y en un acto de exorcismo vomitó los demonios que la mantuvieran en permanente martirio en las miles de noches de insomnio cual aquelarre de desatada locura.

Con furia descargó la tormenta sin conseguir arrebatar su alma y arrojarla a los infiernos. Con furia reaccionó ante el terror de ser en vida enterrada, corroída por la pesadilla constante de dolores en todos los tiempos heredados. Su alma, su ser son de su pertenencia, no permitió que las fauces voraces de las adversidades la engulleran y la aniquilaran. Sellada quedó la paz, restablecida la consciencia. 

 

 

Imagen de la red 

A %d blogueros les gusta esto: