Sólo tú

 

 

 

 

 

 

Sólo tú tienes la capacidad de dar luz a mi corazón, sólo tú puedes conquistar el reino en el que habito con solo una mirada.

Sólo tú tienes el bendito don de hacerme sonreír en noches de oscuridad y  de llanto.

Sólo tú eres capaz de crear para mí el mejor de los mundos, el más intenso azul de cielos y mares.

A ti es a quien mi boca las frases más hermosas dedica, las palabras más tiernas y apasionadas que de mis labios brotan y con su palpitar el corazón me dicta . Para ti es mi composición de sentimientos vibrantes, emociones latentes que inunden de vida tu cuerpo y conforten y den alivio a tu alma.

Por ti, que sin necesidad de presencia desencadenas en mi ser tempestades de fuego y agitadas mareas.

Por ti mi corazón no deja de latir de forma desbocada, por ti que te fundes en mis sueños perfumando con tu esencia mi almohada.

Para ti es todo el amor que del tuyo se nutre y sólo con tu amor se siente saciado. Para mí sabroso néctar eres, inyección golosa que penetra por mi piel y circula por mis venas.

Para ti, y no me cansaré de cantar una y otra vez baladas que el amor me inspiren. Mi voz se propagará en tu honor por todos los senderos y recodos de tu anatomía.

Su eco se hará coro alado y la melodía trascenderá más allá de lo soñado, uniéndose como única sinfonía al sonido cósmico que fluye y se expande por todo el Universo.

 

 

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Como en una madeja

 

 

 

 

 

Como en una madeja enorme, revuelta y enmarañada por la que se busca el cabo de inicio, nacimiento y origen del camino andado.

Tirar del primer hilo que se encuentra y creer que tras él pronto el ovillo quedará deshecho, tirar y tirar, encontrando la madeja deshilachada en la que nunca se consigue desentrañar del todo la raíz y pureza de la lana.

Hilos de seda cortados y compactados formando una apariencia perfecta, mas sesgados están los finos hilos dejando en el recorrido la madeja resquebrajada.

Intentar recomponer todo el entramado con la intención de encontrar respuestas, dar sentido a lo ocurrido y cuando la empresa se cree resuelta aparece un nuevo cabo dando comienzo al ciclo continuando la espiral de hilos cortados.

Escudriñar la mente queriendo entender y enterrar pasados, tarea ardua en la que hay que ser pacientes pues las vivencias no acuden al recuerdo como por arte de magia.

Conseguir parar el frenético viaje se hace urgente, a veces las respuestas vienen sin buscarlas y otras, ni aparecen. Gasto en exceso de energías, se olvida lo auténticamente importante, no desperdiciar la vida con la mirada puesta en  historias añejas del pasado.

Vivir con intensidad lo bello que trae la vida en el mismo instante y no dejar asuntos pendientes para cuando se acerque la muerte. Amar la vida, vivir amándome.

Apaciguar la mente y serenar el alma, aceptar que como seres humanos somos ambivalentes  y en nuestro interior se conjuga tanto lo bueno como sus contrarios.

Aceptar nuestros defectos y nuestras virtudes, asumir y perdonarnos por el  daño inflingido, así como perdonar el daño que nos ocasionaron.

Llegar al corazón del ovillo donde  serena queda el alma, envuelta en suave brillo de amor al amor más puro, el que nace en las entrañas,  amor hacia uno mismo como solo yo me puedo amar, como nadie más que yo podrá nunca amarme.

 

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Perdida en mi pensamiento

 

 

 

 

 

Sigo en mí, perdida en mi pensamiento, desgranando los segundos de interminables horas, absorbiendo días de luces y sombras que en el cuerpo se atraviesan como afilados sables, que con saña se clavan y hieren el alma.

Sigo en mí, con tu recuerdo permanente, persiguiendo fantasías, construyendo efímeros mañanas de altas cumbres insondables.

Sigo en mí sin darme por vencida, intentado de la mejor de las posibles formas desterrar tiempos que ya fueron, que ya su oportunidad tuvieron y viven olvidadas en la memoria de los tiempos, en las páginas de la historia que nunca se escribieron.

Cerrar capítulos inútiles que son condenas para el alma, cerrar puertas y abrir ventanas por las que el aire puro entre limpiando brumas y tinieblas de la inhóspita morada.

Sigo en mí, sin aliento, encubriendo emociones que palpitan y se ahogan sin encontrar la salida por donde fluya el torrente y escape sin que a su paso deje surcos grabados en el corazón desgastado.

Días de luces y sombras al mismo tiempo, variaciones súbitas, frenéticas de distintos estados de ánimo por los que el demonio de los pensamientos su simiente va dejando. Dura batalla, maldita, interminable, conjuro que se cierne en la mañana y viste de noche el claro día.

Combatiendo sigo a los demonios en la contienda emprendida, quizá en el nuevo sueño quede impresa la victoria de la esperanza, quizá ya el agotado cuerpo se relaje encontrando el reposo del guerrero en los brazos del amor que fuera, del amor errante que desorientado y sin rumbo por su Universo vaga.

 

 

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