Dice el árbol

Buenas tardes aquí os dejo una gran reflexión que merece la pena escuchar. Deseo que os guste y al mismo tiempo sirva para tomar conciencia sobre lo necesario y los abusos cuando se trata de abastecer nuestras necesidades con lo que la madre Naturaleza pone a nuestra disposición. El daño que causamos en el ecosistema es de suma importancia ya que rompe el equilibrio y la armonía entre los seres vivos que lo pueblan. Hacer un uso responsable de todo lo que la Naturaleza pone a nuestra disposición es la mejor alternativa para mantener el equilibrio. 

 

 

 

Mi esencia

 

 

 

 

 

 

Cierro los ojos y contemplo el mundo en el adentrarme quiero, intento descifrar incógnitas que no resuelvo con los ojos abiertos, intento entender las señales que para mí envía el Universo. Cierro los ojos, me sumerjo en mí, profundizo en el interior y en el descenso, en un primer momento, lo cubre la neblina de pensamientos que adheridos en mí llevo y se niegan a aperase de la nave en que viajo.

¿Dónde estoy, dónde me hallo? Me busco con desespero mas me resulta imposible reconocerme, no se distinguir nada desde el lugar al que he llegado. Sentada, en pie, no veo nada, solo percibo la nada que me cubre. Siento, respiro, me adormezco al ritmo de mi respiración, cuenta atrás hasta alcanzar sumo relax, el ritmo de la respiración se hace más lento, casi no puedo percibir los latidos de mi corazón.

Entro en mí, estoy viva en otra dimensión, quiero quedarme no deseo salir de este estado de placidez en la que no hay lugar para que fluyan pensamientos, la mente queda en blanco, solo observo, respiro, sé que respiro y cada vez, a mí más me acerco. Mi mundo sensorial se agudiza, me abstraigo de todo ruido externo, nada entorpece mi estado de relajación, nada me distrae de la misión que debo realizar, de lo que quiero alcanzar, de penetrar hasta mi más profunda raíz, origen de mi ser, lo que habita en mí, mi más pura esencia.

Siento que floto con la ligereza y suavidad de una pluma, ingrávido mi cuerpo se torna, olvidó su parte física. Aquí no hay sufrimiento, ni dolor, no existen fantasmas que quieran martirizarme con sus recuerdos, ni jueces inquisidores que se atrevan a juzgarme, no hay entrada para el temor, se desvanece poco apoco todo el residuo de anteriores pensamientos.

Paz y armonía imperan en el mundo en el que entro y me espera paciente, quieto, inmutable, me ofrece la oportunidad de sanar y recuperar nuevas fuerzas y avanzar, avanzar, avanzar sin dudar, sin miedo. Soy, sin sombras, fura quedaron las cargas pesadas, en el umbral antes de en mi paraíso entrar. En la nada me hallo, solo silencio y calma, mi silencio y mi Ser conviviendo en paz, instantes sin tiempo en los que vivo, realidad que me envuelve y acudo a serenar mi alma a apaciguar mi mente cuando muere la armonía y vence el desasosiego.

 

@Marina Collado

La espera

 

 

Se sentía perdida entre la multitud, se sentía terriblemente sola en aquel lugar al que acudía cada día como arrastrada por una fuerza sobrehumana que la empujaba y al que acudía como poseída por aquel poder día tras día a la misma hora en la que tenía una cita con la esperanza. Sus ojos se abrían desmesuradamente cuando el tren llegaba a la estación y buscaba con su mirada ansiosa poder hallar el rostro de la persona amada entre los cientos de rostros que se apeaban y salían envueltos en prisa por salir de allí quién sabe hacia dónde.

Se sentía perdida y, sin embargo, allí estaba, en pie como una estatua de mármol, inmune en apariencia a lo que a su alrededor ocurría, su mirad extraviada solo podía mantenerse fija en un punto, en aquel punto en el que un día fatídico su amado tomó aquel tren y nunca pudo llegar a su destino. Un terrible accidente hizo que descarrilara el convoy en el que viajaba y murió antes de poder llegar a su encuentro y conocer la noticia que ella, con toda ilusión ante la llegada del hijo que en su vientre llevaba quería ofrecerle como regalo de bienvenida después de partir en una misión humanitaria hacia un país destruido por los desastres de la guerra. Sobrevivió a las bombas y encontró la muerte en su propio país, casi en su misma puerta, pensaba continuamente de forma obsesiva.

El impacto de la noticia fue tan fuerte que perdió a su bebé y su mente se deterioró de  tal modo que tuvo que ser ingresada en un centro psiquiátrico por intentar suicidarse en distintas ocasiones. Nunca se recuperó del todo y, aunque la medicación y la terapia psicológica la ayudaron a hacer frente a su día a día, en su pensamiento siempre estuvo aquella estación en la que se mantiene esperando ver aparecer el rostro de su amado y acude cada día allí, perdida entre la multitud a la espera de un regreso, motivo de esperanza que la mantiene con vida.

 

@Marina Collado

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