Reseña “Poesía Meta-Metálica” de Fernando Morote

Me llego un correo en el que me solicitaban unas líneas para este poemario de Fernando Morote, y aquí están:

Hace ya 23 años fue publicado y ahora se recupera en una nueva edición.

Sin duda, son letras metálicas como dice su título, muy parecidas a las malditas, pero en este caso son más directas, no dejan lugar a dudas; Podría decirse que “Muerden”

Versos muy breves y dispares. Y en su índice vemos la diversidad existente.

Poesía Metal-Metálica, un asalto al lector que, si se deja llevar, tal vez sienta como es bombardeado por estos versos.

Paseando por sus páginas hay algunos poemas que son una sola frase, en ellos se define perfectamente la intención de lo expresado.

Breves, directos, concisos; al grano sin más.

Digno de ser leídos, aunque solo fuera por el hecho de que te quedarás pensando que es la vida, la tuya, la de todos; la sociedad donde todo se etiqueta y por lo que en definitiva nos regimos.

Y para acabar unas líneas sobre su biografía.-

Nació en  Piura, Perú-1962. Autor de las novelas “Los quehaceres de un zángano” (2009) y “Polvos ilegales, agarres malditos” (2011), los libros de relatos “Brindis, bromas y bramidos” (2013), “La cocina del infierno” (2015) y “Melodías en la orquídea” (2017), así como el poemario “Poesía Metal-Mecánica” (1994). Actualmente está preparando un libro sobre cine clásico.

Besos y suerte navegante de mundos inconclusos donde podría decirse que solo en sueños no vivimos la realidad o tal vez, soñamos despiertos buscando otra percepción que nos agrade.

Marijose.-

Fotograma Subjetivo de Daniel Aragones

A Daniel Aragones ya lo conocéis a través de esta página Web, pues no es la primera reseña que le hacemos.

Y como no podía ser de otra manera, un nuevo libro “Fotograma subjetivo”

Nada más empezar ya nos muestra su manera de escribir, directamente al meollo de la cuestión y nos imprime esa parte oscura del ser humano.

Una sociedad compuesta de seres deshumanizados que no se inmutan ya, ante nada.

Es el individualismo que algunos ya hemos denunciado en nuestras letras desde hace mucho tiempo. Presenciamos un suicidio y nadie se inmuta, pasamos junto a una pelea y no interferimos. Una anciana tropieza y no hacemos nada. Es una muestra de nuestro vivir diario.

Pero volvamos al libro, en sus primeras páginas nos habla del fotograma y este libro es un conjunto de ellos.

Hay una frase que me gusta, por qué refleja el hoy de las redes sociales, en las que las ideas, letras y un largo …

se quedan hay, muertas sin que nadie las lea o tal vez, se de un “me gusta” sin haberlo leído siquiera. “Cementerio de ideas muertas”

Ya me desvié de nuevo, pero es que este escritor me lleva a reflexionar, a pensamientos dispares unos, certeros otros.

He leído a Daniel, todos sus libros publicados y puedo hablar de su evolución y sin duda avanza, se crece a cada nuevo libro que gesta.

Es narrador y personaje principal de la novela. Nos habla de lo difícil que es escribir o mejor dicho publicar en este mundo entremezclando con los sucesos que transcurren a lo largo del libro. El mal acogimiento que recibe un escritor de letras malditas, aquellas que muestran sin miramiento alguno el lado oscuro del hombre, de la sociedad, del mundo. La realidad sin más.

Comienza con la idea de un suicidio por qué su mente se dispersa preñándose de vacíos sus recuerdos. Un deudor de apuestas. Vislumbra algunos sucesos su mente, como el encuentro en determinados momentos de una mujer “Isabel”

Una crisis existencial va entre líneas de manera muy directa.

Una mente que ve otra mente, viajes a otros mundos, dice él, mientras muestra los periplos del escritor para conseguir vender sus libros acompañada de una muy buena crítica a nuestra sociedad.

Sin duda, les gustará, no les dejará indiferentes.

Les dejo el enlace donde pueden comprarlo si así lo desean.

Marijose.-

Libro Fotogramas

 

Una historia cualquiera.-Capitulo II

Barajaron sus cartas, guardaron las mejores, cambiando las tornas, a ratos, pues se duermen los brazos e incluso a veces las piernas; curiosean los cuervos y las urracas, esperan la ocasión para robar tus ojos, no saben ellos que el causante de ese brillo jamás lo permitiría.

Te acaricio cada día, vierto mi ser en ti, deslizo mis dedos suavemente a cada instante.

Te miro con delicadeza, con enfado y con orgullo, depende de cada momento del día, a nuestra edad, el carácter se hace cambiante y se agria un poquito, pero mi rostro  siempre se dibuja en tu mirada

Aliviamos el deseo en cada uno de los pliegues de nuestro cuerpo. Paladeamos nuestro néctar, sabiéndote-me a tu vera, en nuestro caminar cada tropiezo nos obliga a desandar camino, no importa, la prisa no es dueña de nuestro tiempo y podemos decidir en que cruce desviarnos.

El viento mimetiza a la alondra mientras a tu oído susurra “ven”, es solo un pensamiento mío que a estas alturas soy capaz de canalizar con esa naturaleza que nos rodea.

En el atardecer de nuestra vida ya fuimos coherentes y lastramos todo aquel equipaje innecesario para nuestro último viaje, el más largo de todos, tal vez, el más hermoso, donde nada de lo ya vivido tendrá ningún sentido, solo lo que nuestro ser haya aprendido, creciendo en su entidad.

La ruptura con todo aquello que nos rodea fortaleciendo nuestra esencia.

En mis pensamientos quedan retazos de aquellos paisajes que compartimos, entre verdes, lilas, rojos y amarillos, en altas cumbres donde el rugido del oso producía en nuestro cuerpo risas desbocadas, ilusión de verle más que miedo, ansiando el encuentro con tan hermoso ser de la tierra.

Entre las dunas evitando escorpiones y esas culebras que bajo la ardiente arena esconden sus vidas a nuestros ojos.

Difuminarse los colores cuando la noche domeña al día y al caminar rumbo al horizonte, el cielo y el mar parecen fundirse.

Ahora solo este mini bosque es nuestro templo de silencio, vida y universo que nos llena de armonía.

La ciudad, bosque de cemento, refugiados en colmenas donde apenas la luz se refleja a través de esos pequeños ventanales.

El mirón o la vecina curiosa que entre los barrotes de la ventana observa las huellas de tus pasos.  El parquet flotante de tu casa que resuena en la casa vecina cuando marchas de una habitación a otra.

Fantasmas, pasos rápidos que dejan vacío en la calle, sin reflejos en los cristales de los escaparates de las tiendas.

No ven siquiera a los niños que a su vera pasan. Solo ruidos es lo que queda, incluso en las noches, ruidos fantasmas los llaman, esos que nos acompañan siempre, una respiración, un gemido, las tuberías, el parquet que cruje, la nevera que se desconecta al alcanzar la temperatura perfecta.

El tic tac del reloj que en la estantería se encuentra, bajo los pergaminos que trajimos de aquel viaje increíble a ese país divino, donde las maravillas de aquellos tiempos te embrujan, un sueño embriagador

El ir y venir del péndulo; a veces me levanto y lo quito, dejándolo allí junto a la pequeña estatua de Anubis, rey egipcio  de la muerte que lleva ahí ya tantos años.

Menos mal que nos tenemos el uno al otro, que vivimos plenamente sin interferencias.

Hoy pareces otro, andas molesto, malhumorado, se que no es por mi, pero enmudeces.

El silencio tuyo me duele, por que queda tu dolor en la garganta y el murmullo en tus adentros.

Supuran mis entrañas en muselinas servidas. Se que nuestros momentos se acortan, después de lo vivido, ella te reclama.

Bajo la luz tenue de las farolas, en las noches, la veo envuelta entre las sombras, esperando.

Marijose.-

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