ODA A LA LLUVIA 

Bendito es el diluvio que escupe el cielo furioso
Brusco y violento es tu modo de brindarte a la naturaleza
Tu ira puede sentirse en el viento que te corteja

El suelo cansado de recibirte sin remedio, se rebalsa de tu llanto desesperado
Como cachetadas, tus manos pretenden atravesar el vidrio de la ventana
La catarata que forma tu saliba lanzada al vacío bloquea la vista como un manto en los ojos

Tus golpes aniquiladores se oyen con temor
Los gritos amenazantes de estos truenos salvajes me dejan sin habla y casi sin aliento
Las calles encharcadas ruegan piedad a tu impune permanencia

La casa tiritando de un frío que recorre las paredes todas,
suplican sin éxito que el fin te encuentre pronto
Tormentoso es el recuerdo del correr del agua en los azulejos
Y una vez más la esperanza es que te retires de inmediato

Aunque una sabia fuerza superior te susurra que aguardes tu partida, que te quedes aquí
Los árboles sedientos disfrutan de tu manantial
El lago se colma del agua renovadora con energía vital y fresca

Los seres vivos se zamarrean de un lado al otro pero bailan así en tu ceremonia bendita
Bendita desde el cielo, se bendice el cemento, el pasto, la tierra seca sedienta de tu humedad
Es un mientras tanto, sólo vos sabés porqué te presentaste y cuándo partirás

No parecés querer secarte, más bien tu intención es barrer esa brisa cálida que acompañó los últimos días
Mañana quizás te hayas ido, tal vez dejes estragos o quizás no
¡En nombre de la fuerza Divina no lo hagas!

Humectá la tierra, llevate el calor y esa pegajosa sensación en la piel,
pero ¡por favor conservá la entereza de la ciudad sin destruir lo que alimentaste!
Que la tierra, el pasto, los árboles, el cemento, el lago y la gente permanezcan intactos
Que tu pasión desenfrenada no arrase como un huracán
Que se apacigüe y se calle tu vozarrón avasallante y chillón.

TARDE DE PRIMAVERA EN EL CAMPO

Caminando por el campo, en medio de la nada. Podría elegir el sonido del reproductor de música pero hoy elijo oír el sonido del viento, admirar todo a mi alrededor, el aroma a pasto fresco, el verde invasor de la primavera, el cantar de los pájaros, el cielo más celeste que nunca y los cabellos despeinados por el aire que me pega en los pómulos y en el cuello.

*

El sol aunque débil pica más que hace un mes atrás y la campera sólo se siente necesaria cuando se intensifica la fuerza del viento porque bajo el sol casi que estorba. Más aroma a pasto fresco, más pájaros cantores dando un magnífico concierto ideal para la tarde, la ropa parece volarse del cuerpo y el viento parece barrer hasta las pestañas.

*

La estación más inconstante que existe pero la más alegre está haciéndose presente de verdad, ahora después de quince días de comenzada en el calendario. La que antecede a esa otra en la que desaparece el viento casi todo el día para templarse hasta el atardecer.

*

Y el atardecer primaveral. Vaya espectáculo de la naturaleza, gratuito e irrepetible cada día.

*

Hoy me puse a pensar en todas estas pequeñas cosas que nos hacen grande la vida y no puedo hacer otra cosa más que agradecer, una vez más, de estar viva y de hacerme grande con todos esos regalos naturales que aprecio con amabilidad y gratitud.

*

No cualquiera tiene esa belleza servida en una bandeja de lujo, no cualquiera sabe abrir bien grandes los ojos para poder vislumbrar un poquito de todo esto. No es suerte, no es simplemente un regalo, es merecido luego del gran despertar a la luz.

*

La imagen de dos niños perdiéndose entre los yuyos crecidos del campo alejándose cada segundo un poco más, me avisan de toda esta hermosa, loca y maravillosa aventura que es la vida y la hermosura que significa vivirla en ese lugar de armonía en el espíritu y sencillez en el alma.

SU PENA

Recorrían su rostro suave
las lágrimas de ayer,
aunque su pena es de hoy

Frente al lago le confesaba al agua
aquietada por la calma de la tarde
ese dolor que la aquejaba
Su amiga le ofreció un pañuelo
que absorbía su tristeza,
su angustia y esa pena de ayer,
de hoy y de mañanaEl sol apenas templaba su pecho,
resquebrajado por el helado pesar
que recorría su corazón
y avanzaba en todo su cuerpo

Si esa persona que la hace llorar por la tarde
–y quién sabe cuántas horas del día-
supiera cuánto le pesa en la espalda ese sufrir,
dejaría de dormir por las noches

Al final de la jornada

se apaga un poco su dolor,
se adormece con ella,
se acuesta en su cama
para regresar en la mañana
a recordarle cuánto sangra aún su herida
Ojalá en este preciso instante tuviese
un alma que la cubra de amor
y la arrulle en caricias,
ojalá que esas lágrimas
ya no corran por su rostro,

ni por su piel ni por su pecho

El alma que provoca su pena

no es un alma en realidad,
o quizás lo es pero resulta
que es un alma gris,

un alma de espinas y de barro

El alma que ella necesita

debe ser de flores,
de luz del sol y de agua cristalina pura,
como la del lago que la alojó un instante
para contener su pena,
cálida como la tarde

que la abrigó mientras en su rostro húmedo diluviaba

Mientras tanto su pecho permanece atravesado

por esa estaca que le aprieta el alma
y seguirá invadido por esas espinas
que le rasguñan el corazón y la piel,
provocándole heridas que llueven mares.
A %d blogueros les gusta esto: