FIN DE AÑO

Mientras el año 
se va despidiendo 
de a sorbos, 
diciembre se extingue 
para florecer
estrenando
los pétalos
de la esencia.

El tiempo sucede
y este verano
llega contrariado
con el hielo
en las hojas
que carga
la primavera.

Con el correr de los días
el calendario se acorta
y el ciclo se va apagando.

REMEMORANDO EL OTOÑO

19 de Marzo de 2018, anochecer.

[En la imagen, la foto que le tomé al árbol aledaño al de las hojas amarillas, esas que están a punto de soltarse en vuelo hacia la finitud]

En un día le tomé fotos a diferentes árboles, a sus hojas.

¿Será que las hojas (especialmente las del otoño) me sugieren libertad?

Quizás. Lo que sí sé es que la danza de esas hojas próximas a emprender el viaje de independencia del árbol se asemejan a las alas de la libertad.

La libertad que conquistan al caer de la copa, al desprenderse de sus otras compañeras verdes. Y se sueltan para migrar en su vuelo, el propio, para tomar el camino que las diferencia del resto.

Así me siento algunas veces, como las hojas que de secarse de un nuevo ciclo, se desprenden para migrar a otro sitio donde poder volar y danzar sueltas.

NOVIEMBRE Y LAS SENSACIONES

Noviembre se estrella en el hielo de mis constelaciones,
aquellas en las que encuentro mundos subliminales
donde habitar sin respuesta.

Racimos de sueños voy enfrascando
en mi vientre, los guardo con el perfume del azar.

Charcos de sed pretenden ser humedecidos con la irrupción de la lluvia.

Noviembre se eleva con la energía de un verano
que no parece llegar pero sabrá venir
para calibrar los fríos crudos que el alma intenta esquivar.

Me leí a mí misma hablándome sobre el orden del hogar,
acerca de esa búsqueda natural que pide reciclarnos. 

El nido se reestrenará.

El cuerpo estará más liviano.

El hogar es infinita y cíclicamente modificable,
a la par de la velocidad del sol al girar. 

Un nuevo amanecer vendrá, uno nuevo donde resugir
(donde inevitablemente fue caos)
para barrer todo aquello impuro e innecesario.

Y entonces será noviembre el cierre para abrir el ciclo que viene
desde lo ahora incierto,
aunque lo luminoso se vislumbre y anhele allí.

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