Cuentos de Ayer y de Hoy

 

En algún sucio tugurio.

Aranjuez, Septiembre 1992

 

He cosido mi vida entera
A hilvanadas de licor
Entre nieblas y pecados,
Un cigarro, el beso amargo
De otra botella de ron.
¡Hoy saldrá negro el sol!
He danzado por el abismo
Sobre alambre y sin colchón,
Dueño soy de mi letargo,
Esclavo del fracaso
Sin lamento ni coraza
Escupiendo tinta roja,
Desgranando el corazón .
Tú, Tristeza, compañera,
Hoy sólo estamos tú yo
En lo más profundo
De esta oscura habitación.
No hagas ruido,
No grites,
La parca duerme al lado,
Esperando la ocasión
De llevarme a su lado
Sin importarle mi opinión.
Tiempo lleva esperando
Esta vez la espero yo.
Un crujido seco,
Sueños rotos
Y por fin la sumisión.

 

Aranjuez, 30 de Octubre, 1992

 

Recuerdo aquellos días
Que afanoso, buscaba tu nombre
Por todos los soportales.
Manantiales de vida y de muerte.
Golpeando con los nudillos todas las puertas,
Soñando con poderte encontrar.
Y por fin un día, apareciste
Con tu falda de princesa,
Tu sonrisa carmesí
Y tus zapatos de cristal.
Y allí, en el alféizar me quedé,
Clavándome una estaca
En el fondo del hasta entonces
Triste y ojeroso corazón.
Descubriendo en esta vida
Aquello que llaman amor.
Será que mi cansino caminar
Obtuvo premio al fin,
Dejando atrás, en el camino
Al desencanto.
Sólo quiero hoy
Envolverte el cielo para regalo
Y cada octubre poder recordar,
Que por fin,
Me sonrió, contigo, el destino.

La mala educación

“Y ahora tú, qué pensarás,

Si cuando más me oprimían, más amé la libertad

Y es a a quién canto hoy,

Enseña a tu hijo, enseña a tu hijo

A amar, la libertad.”

Asfalto. Días de Escuela.

 

Hace tiempo que la luna dejó de reflejarse

En el espejo del humedal de tus ojos,

Inundado por lágrimas de soledad,

Hace tiempo que caminas

Por la senda inhóspita,

Calvario de lúgubres sombras

Amenazantes de miseria indómita.

Peregrinaje de ilusiones perdidas,

Fuegos fatuos, santa compaña.

Es el tiempo una pandemia

Que nunca para de brotar

Uno a uno los caminos pudre

Con su lento caminar.

Perdida la constancia

Perdida la ilusión

Del desengaño atenazada

Polvos de mágico cristal

Te invitan a soñar…

…Despierta.

Caminas sola, como hace tiempo

Por el alambre de la insensatez

Por el alféizar del tedio

Por la maldad del qué dirán.

Esa noche de frío invierno

Te encontraron en un portal

De Belén o de Raquel

Dio igual a cuenta del fin

Noche trágica de navidad

Que fuiste allí a morir

Con un burro y un buey

Apretando tu brazo

Con la goma, la jeringa y el maniquí.

Todo esto incapaz

De sanar por voluntad

La ignorancia y maldad

Del que nunca supo amar

Por la fuerza voluntaria

Del no saber educar.

 

Mil maneras de traicionar

La traición es más vieja que el tiempo, más eterna que la vida. Fiel a la dama de la guadaña, oscura como la noche sin luna que vaga por la marea de tu alma condenada en ola sin espuma, en silencio, agazapada, saltando cuando menos la esperas. Siempre deja su sello grabado en la fragua del destino. En lo más hondo del sentir humano. El corazón. Lo quiebra por dentro, lo carcome, lo corrompe en el olvido y en el cinismo, en la maldad y el desamparo. Dante condenó a los traidores al último círculo de su infierno, justo al lado de satán.

Pero, ¿Por qué traiciona el traidor? ¿Por qué clava sus uñas por detrás? ¿Por dinero? ¿Por un minuto de gloria, o una línea en una enciclopedia que nadie leerá nunca? ¿Por sentir el aroma de la codicia quizá? ¿O simplemente por libertinaje? ¿Por justicia?

Analicemos las circunstancias de traidores célebres de la historia, oigamos su versión.

Bruto asesinó a Julio César, su mentor, sí, ¿pero alguien ha podido pensar que el sublime César pudo convertirse en un tirano que quería acabar con la República Romana? Y por eso pudiera estar justificada su participación en el magnicidio, o no.

Vellido Dolfos, para los castellanos un vil asesino, para los zamoranos digno de ser esculpido en un monumento.

Claus Stauffenberg intentó asesinar a Hitler, es, a todos los efectos, un mártir en Alemania, traidor e infiel a todo fanatismo y a traidor a todo régimen totalitario. Lo que me devuelve a la época romana:

La figura de Judas, que a mí me ha fascinado desde niño cuando, en los días previos a mi primera comunión, nos contaron con ese dramático deje la conducta aviesa de ese apóstol traidor. ¿Quién puede olvidar la escena del plato compartido en la Última Cena y las palabras de Jesús diciendo a sus comensales que uno de los allí presentes lo traicionaría y que sería quien mojara a la vez que él el pan en el plato? ¿O el beso en el Huerto de Getsemaní, entre una penumbra de centuriones y olivos al fondo?

Un niño se hace pocas preguntas, en su mente infantil la palabra traición no la tiene clasificada y la vive en forma de decepción, desilusión, desencanto por algún hecho o acontecimiento que no entiende ni asimila.

Durante esa etapa de su vida todo transcurre en un marco en el que permanece bajo la protección de sus progenitores y cree a pies juntillas todo lo que le cuentan. Es más tarde, antes de entrar en la adolescencia cuando el mundo que le construyeron empieza a desmoronarse y comienza a entrar en el desencanto, la desilusión, la decepción, comenzándose a gestar en su mente la palabra “traición”.

La mayor desilusión que recibí durante la infancia fue comprobar que el espíritu navideño que imperaba en casa iba desapareciendo, las preguntas se acumulaban en mi interior y las respuestas cada vez eran menos convincentes por parte de mis progenitores. Para mí el día de Reyes era el mejor de todos los días del año y de la Navidad. Era el día soñado, los nervios por ver la luz de la mañana me impedían coger el sueño. Esperaba con ansiedad la llegada de sus Majestades los Reyes Magos de Oriente, en ese día todos los deseos se veían cumplidos y creían firmemente en la leyenda que se había creado a su alrededor, creía con firmeza en que eran magos de verdad y que no había deseo que pidiera que no se pudiera cumplir.

La primera decepción fue aquel año en que no tuve los regalos que pedí en mi carta a sus majestades. La escribí con sumo cuidado de que se entendiera bien mi petición y me esmeré en que mi caligrafía fuera clara y entendieran lo que quería. Les había pedido una bicicleta, un casco y rodilleras por si me caía no hacerme daño, también un tren eléctrico y un escalextric. Al despertar por la mañana y salir corriendo al comedor con toda la ilusión y la confianza de encontrar todo mi pedido allí. Mi sorpresa fue mayúscula al comprobar que solo me habían dejado el tren eléctrico y una mochila para el cole. Me puse a llorar con desconsuelo y al preguntar a mis padres por qué ese año sus majestades no habían dejado lo que les pedí por respuesta me dijeron que aquel año los Reyes Magos habían recibido más solicitudes de las esperadas y que no tuvieron tiempo de poder llevar a tiempo todos los pedidos y tuvieron que repartir lo que traían para que ningún niño se quedara sin su regalo…No me convenció nada aquella explicación y a partir de ahí empezaron a surgir muchas preguntas como, por ejemplo ¿cómo era posible que siguieran vivos después de tantos siglos? ¿cómo podían estar en tantos lugares a la vez? ¿cómo podían cruzar mares y desiertos a lomos de camellos con toda la carga de regalos que llevaban…?

Sí, aquello desmontó todo el mundo de ilusión que con tanto cariño construyeron mis padres para mí. Aquella fue la primera de las grandes decepciones de mi infancia, la primera de una serie de frustraciones y desilusiones por las que tuve que pasar a medida que me hacía mayor y convertirme en un ser con mente pensante y de pensamientos propios que me llevaban a hacer conjeturas y me acercaban cada vez más a la realidad del mundo adulto.

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