Frase de día – Eduardo Ramirez

 

FRASE DEL DÍA

gustavo marijose

En la Vida todo es prescindible, excepto el Amor.

EL CALAMAR MELOSO

Aquella tarde parecía normal. Una tarde más en la ajetreada vida de Dexu. El acostumbrado zumbido propio de los trabajadores en la fosa oceánica no indicaba lo contrario. Tampoco las hiperrealistas recreaciones del extinto Machupichu sobre su escritorio titilaban más de lo habitual.
En resumen, ningún proteo peligroso de temporada de invierno había conseguido colarse en la terapia Glen.
– ¿Cuántos llevas a la superficie, Nadea?
– Con éste van 3 hoy. No creo que pasen de 40 los seres adscritos a la vida esta semana.
– Bien, así me gusta. Una síntesis bien hecha vale más que una nueva especie, ya sabes lo que dicen arriba.
– Si seguimos a este ritmo, en dos horas estamos en casa.
– El holograma de conversación se está cerrando en vertical. Hablamos en la cena, amor. Hoy he reservado mesa en el mediterráneo ¡el calamar meloso! dicen que allí abajo se puede ver al primer calamar v55 brillando en cruz.
– ¡Magnífico, Dexu! ¡Nunca dejes de sorprenderme, cariño! ¿A las 11 entonces?
– A las 11 como siempre, en la cabina norte. Ah, Nadea, no te olvides de traer las retinas gluco que te regalé o no podremos ver el espectáculo en toda su intensidad
– Ok
Los acuáticos jugueteaban en elipses tras la mampara central de su despacho, mientras montones de informes eran enviados a la órbita de seguridad mediante registro fotónico. Dexu se sentía tranquilo ahora. Había conseguido recomponer a tres nuevos seres y disponía de un par de horas, tiempo más que suficiente, para el reenvío de un cuarto.
Animal o persona, o ambas cosas, esperaban pacientes su sesión en el acuario.
Los pies de Dexu ya empezaban a bailar sobre la placa, mientras cerraba los ojos y estiraba todos los dedos del cuerpo abriéndose de mente frente al ser del acuario.
En sólo siete segundos, se abría la Unimente y ambos córtex cerebrales empezaban a transmitirse mensajes positivos y ruedas de gravedades en construcción.
La entrada al complejo es fastuosa, llena de detalles, de luces, de afrodisíacos y erotizantes, y a sus pies un cilindro de cristal juega con los reflejos de los peces alrededor de un Dexu nervioso que camina veloz porque se le ha hecho tarde otra vez.
– Vale… vale… -dice antes de que ella abra la boca.
– ¡Llevo veinte minutos esperando, te parece bonito! -contesta exaltada Nadea.
– Ha sido una supraterapia dura, nena…
– No me vengas con rollos psicológicos. A mí también me cuesta convertirlos, eso no es excusa. ¡A ver tus manos! -y comprueba que no están escamadas ni azuladas.
En contadas ocasiones algún ser había poseído la mente del supraterapeuta y los primeros síntomas habían sido escamas azuladas en el dorso de las manos, aunque Nadea ya lo hacía por manía, y justo ahora, porque estaba irritada.
– ¡Por favor, Nadea!, ¿qué haces…? –dice Dexu.
– Yo me estimo mi vida –y, más calmada al no advertir síntoma alguno en sus manos, añade: Bueno, toma tus retinas que va a comenzar el espectáculo. Parecía que Nadea tampoco había tenido una fácil última supraterapia.
Queda todo a oscuras, zanjando la discusión, y el público aplaude entre murmullos, expectante ante la gran obra de arte genético que van a exhibir en el recién inaugurado restaurante.
De repente, como salido de la nada, un calamar gigantesco avanza a toda velocidad hacia ellos. Nadea y Dexu se cogen las manos. En el momento de estrellarse contra el ventanal del restaurante submarino, un castillo de fuegos artificiales fabulosos crea una ciudad de luz sobre el coral y se escuchan suspiros. El éxtasis es total. Las luces escapan al espectro que ve el ojo humano. Nadea y Dexu se miran como drogados y se besan.
Comienza a escucharse música de dioses y el inmenso ser se desliza hacia otro punto y vuelve a estallar un monumental mundo de luz y color, aunque esta vez un pequeño punto rojo no escapa a la mirada de Nadea.
– Mira, su centro cerebral… -le susurra a Dexu.
– Este no contesta.
Vuelve a repetirlo y sigue sin contestar; intenta levantar las manos y se da cuenta de que no puede moverse; se halla en plena terapia de Unimente con el ser. Antes de poder reaccionar, el punto rojo comienza a agrandarse y se dirige a gran velocidad hacia ella.
Está sudando, temblando y gritando, mientras Dexu alterna sonrisas de amor con gestos de complacencia hacia el precioso espectáculo del restaurante italiano. Nadie nota nada cuando un humano se encuentra en Unimente.
Ella está muriendo de horror, mientras Dexu ignora que su mente está siendo poseída por un ser que ha burlado las supraterapias, y por lo tanto, tiene la capacidad de matar mentes, igual que un asesino invisible, y el punto rojo se hace cada vez más grande. Nadea siente impotente que va a morir. En ese momento, el gigantesco ojo de 7 metros de diámetro se abre ante ella y, telepáticamente, le transmite: Estás muerta.
En un esfuerzo de habilidad supraterapéutica, practicado en lances parecidos, resuelve acertadamente: Tú solo no puedes, proteo, sabes que se necesitan dos para matar a un humano. Y sonríe mentalmente.
El público aplaude entusiasmado, poniéndose en pie. Y Nadea suspira por haber salvado su vida en una buena jugada supramental.
Entonces, el potencial genocida de especie proteo contesta sádicamente: Te olvidas de que los proteo estamos genéticamente diseñados para matar, Nadea. Pero además te olvidas de lo más importante, un proteo no sólo necesita de otro ser de su misma especie para hacerlo, sino que cualquier convertido puede servirnos de puente mental.
– ¿Qué? ¿Qué? -Exclama Nadea, ahora sí aterrorizada de verdad, y mira hacia las manos escamadas y azuladas de su novio Dexu, que está clavando vorazmente los puntos rojos de sus ojos sobre ella.

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