Dama Luna

Lo más duro de esta noche sin día

es mirarle la cara a la luna, recién lavada,

sin tus palabras maquillándola.

Sin la sonrisa que tu le pintabas al observarla para mí.

Sin el color de la esperanza contenida

en sus tímidos rayos plateados.

Sin el sonido de un nocturno

que se cuela entre los ladrillos de tus calles empedradas.

En cada esquina donde un antiguo farol

se disuelve la neblina nocturna

entre el calor que sus labios

destilando versos

(o cómo él decía a Bversos)

Es triste la oscuridad del eclipse repentino

cuando se cierne la noche oscura

y los leves haces de las farolas

ni siquiera son suficientes para

iluminar tus pies

Ella,

bella dama blanca, camina siempre delante,

contenta, menea su rabo,

y olisquea entre las hierbas del parque

esas con las que aliviar su estómago doliente.

Porque ella hoy presiente que tú la engañas,

Y es sabia la dama, no la convencerás,

sabe que allá donde ella quiere ir

tu no la seguirías.

Por eso,

te quedas mirando su alegría,

que contrasta con la amargura de tus días.

Sin ella no serías nada,

pues por mucho que la ates,

honesta es, pero libre,

Te da el brillo de sus ojos

para que tú sepas,

que su libertad,

fue quedarse contigo

hasta que no haya más remedio

por cuestiones físicas, que separarse

Sencilla y humilde le ladra celosa

a esa luna que te abstrae de mirarla

como debieras.

¡Mírala hombre de Dios!,

¿No ves que ella te dio su vida?,

al menos cuida de ella como

si tu propia vida fuera.

Ella ya lo ha sabido siempre,

Y tú, ¿qué haces por ahí descubriendo Américas?

Devuélvele la mirada y se agradecido.

Porque quizás ella sea el único

amor sincero que lleves en la maleta,

y lo sabes…

Dedicado a  Dama, a Rex, a Isi, a Sito, a Pruna, ellos son los más fieles

Carla Duque

@carlaestasola

20 MINUTOS

Nunca pensé que llegaría a subir a ese tren.

7:39 Atocha (andén)

Ella abandonó unos segundos su móvil, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Reparó en mí un instante. En sus jóvenes manos, subí dos escalones, entré…

Ni un minuto de retraso.

Ojeó rápido las páginas, pero de repente el led de su móvil parpadeaba nuevamente, me deja en el asiento y vuelve a su wasap

 

7:47 Villaverde bajo

Tanto escribir, apenas se dio cuenta de que ya había parado el tren y era su estación. Abandonó el asiento precipitadamente, y yo quedé tendido y sólo en aquel asiento del vagón de nuevo.

El hombre del traje me mira desde su asiento, pero no se atreve a cogerme. Con un ademán despistado, eludiendo las miradas del resto de los pasajeros, finalmente da cuenta de mis páginas apresuradamente.

 

7:55 El Casar

Espero que esta vez, este caballero me lleve con él. Me doble entre sus manos con la avidez a medio saciar, para dar cuenta de la lectura en otro momento más relajado.

Pero finaliza la lectura y de nuevo me abandona en el asiento…

Noooo, ¡no lo hagas!

 

8:03 Pinto

El joven que escucha música heavy con sus cascos también cae rendido a mis encantos. Me toma en sus brazos, el sí, seguro que esta vez, me deja permanecer a su lado. ¡Buena señal!, me enrolla en una suerte de canuto y da pequeños golpes a los respaldos de los asientos antes de dirigirse a la puerta de salida.

Estoy tan contento, que los saltos entre respaldo y respaldo, no permiten que se enturbien mi tersura y mi perfume a tinta fresca.

 

8:10

Desciende los dos escalones que le separan del andén y camina ligero hacia la salida de la estación, pero en uno de los bancos lo ve…

Apesadumbrado y maloliente, sucio y con un bocadillo recién rescatado de una papelera cercana, sacia su hambruna de horas sin nada que echarse al cuerpo.

El joven se conmueve, saca unas monedas de su bolsillo y me desembaraza del canuto en el que me había reliado.

-¿Me dejas el periódico chaval? Si es que ya lo has leído, claro…

-Toma quédatelo y ten un buen día, ¡hasta luego!.

El hombre de las manos sucias me está mirando al revés, ainss que me temo lo peor, este no me va a valorar como merezco.

Descuidadamente separa en dos haces mis hojas, las aplana en el banco donde se haya sentado y coloca el trozo de bocadillo restante encima de la sección de Horóscopos.

No, ¿dime que no va a hacerlo? –ruego, pido clemencia silenciosa…

Y arrebuja mi cuerpo en torno a ese bocadillo grasiento, lo está haciendo…

Un día más.

Nunca llegaré al final de la línea, aquí se acaba mi trayecto.

Después de haber sido fruto de la lectura de varios pasajeros, podría haber seguido de mano en mano todo el día, como otros días lo hago.

Pero hoy no, de nuevo envuelvo un bocadillo, y probablemente esta noche cuando con la primera helada nocturna recupere el bocadillo de su bolsillo y se tome el último blocado, terminaré calentando sus manos unido entre otros compañeros al fuego de una hoguera callejera.

Efímera la vida de este que les habla y que tiene nombre, 20Minutos, periódico gratuito para los ciudadanos, un servidor.

 

 

@Carlaestasola

para El Poder de las Letras

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