Notas musicales –Acróstico-

Entramos en el último tramo del año y por lo tanto debemos ir diciéndole adiós a este 2018 que nos deja, con sus defectos y sus virtudes.

Para lo cual por ser la última entrada que voy a publicar aquí (por este año). Quiero que sea algo musical, algo con ritmo y que mejor que las notas musicales hechas poemas, ya bastantes poemas nos da la música, ¿No creéis?

Feliz año nuevo a todos los que hacen posible esta página y a todos los que la leen que son muchos más.

Dormida te encuentro cada día.

Rezumas amor, como un manantial que baja por la ladera.

Mimas las palabras, me acaricias con mimo.

Fantaseas en la cama, jugamos a juegos prohibidos.

Solos tú y yo, amándonos en la noche.

Lamiendo nuestros cuerpos, deseos con ansia.

Silencios rotos, gemidos de placer.

Doblegas mi mente, mi cuerpo, mi ser.

Super Poema contra la “Violencia de Género”

Super poema

No me pidas que te ame

si me tratas con maldad

al maltratador que no quede impune

y se castigue sin piedad.

Son mis pasos vacilantes

cuando marcho hacia tu encuentro

Tus palabras son las balas

que disparas sin cesar.

El amor no es posesión

ni tampoco soy tu esclava,

quiero ser respetada,

y que no me apaguen la voz.

Soy mujer y soy persona,

sin dueño que a su voluntad me quiera someter

no permitiré ser el felpudo sobre el que tus pies pisen

no destruirás mi mente, ni aniquilarás mi ser.

No me pidas que te ame,

ya no puedes exigirme, asustarme ni anularme.

Destruiste mi autoestima,

pero hoy ya no, ahora empiezo otra vida.

Una vida nueva comienza para mí,

donde no habrá más cabida,

donde ya no tendrás hueco,

donde toda la violencia se volverá contra ti.

Estoy harta de la ira que acompaña a tus palabras.

Me matas por dentro cada vez que intentas apartarme de mi familia.

No quiero más tus besos envenenados.

No quiero más mi desdicha.

Qué habrá sentido tu corazón durante mi llanto

Estoy segura de que no comprendes mi distancia

Hoy me desvisto de tus manos frías

Hoy me despido de tus besos sin amor.

Que el dolor  creado.

¡Ese dolor!

Le sea devuelto.

Que sienta en sus carnes lo que él mismo ha provocado.

Lo que pudo haber sido y no fue.

Aquella tarde iba con prisas, como casi siempre. Llegó a las puertas de la tienda de ropa y se paro a que estas se abrieran, entró decidido, sabía a lo que iba y quería perder el menor tiempo posible. Una de las dependientas que estaba colocando ropa cerca de la puerta le saludo educadamente y el correspondió a su saludo. Se dirigió al final del establecimiento a la sección de ropa y accesorios deportivos. Cogió varías prendas de su talla que le gustaron y se dirigió hacía la caja. En el pasillo central volvió a ver a la dependienta de la entrada y cruzaron una sonrisa como si se conocieran de antes. Él llegó a la caja y espero su turno para que la cajera le cobrara, cuando le toco, pago el importe que le solicito la empleada a la vez que guardaba la ropa en una bolsa de plástico. Recogió su cambio y se dispuso a salir por las puertas cuando la alarma antirrobo comenzó a sonar, se quedo parado y se volvió a la cajera preguntándose — ¿si lo he pagado porqué suena?— alguien le agarro la bolsa y le dijo. —Disculpe un momento—. Al mirar vio a la dependienta del principio que había vuelto a las estanterías donde estaba cuando entro.

  • Sí claro. ¿Voy a ir a la cárcel por esto? —le pregunto un poco en broma.
  • No lo creo señor —dijo la chica— a mi compañera se le ha debido saltar alguna de las alarmas y por eso le ha pitado.

Mientras la dependienta buscaba en la bolsa entre la ropa, él no podía quitarla los ojos de encima, era una chica morena de un metro setenta aproximadamente y con una nariz muy bonita, sus ojos eran color café, y la sonrisa ahora que la veía de cerca le dibujaban unos hoyuelos en las mejillas. Al cabo de unos pocos minutos, muy pocos le pareció a él, ella le devolvió la bolsa.

  • Ya esta — le dijo la muchacha enseñándole un aparatito que parecía un botón— disculpe las molestias señor.
  • No hay nada que disculpar, aunque parezca raro ha sido un momento agradable —le contesto él sonriéndola—lástima que las circunstancias no sean otras.
  • Sí. Es una pena —dijo ella mostrándose de nuevo los hoyuelos.

Él le pidió el bolígrafo que llevaba ella en el bolsillo de la camiseta y en el dorso del ticket le escribió un numero, ella que lo vio le dijo.

  • ¿Pero esto lo necesita, por si tiene que devolver algo de lo que lleva?
  • Bueno, entonces tendrás que llamarme para devolvérmelo. ¿No crees? —le contesto él mientras se dirigía hacía la salida y sin nada que le impidiera ya salir.

Al cerrarse la puerta miro hacia el interior, y la sonrió de nuevo.



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