El comienzo

 

Hoy me siento frente a esta hoja de papel en blanco, armada solo con mi pluma y desnuda en mis sentimientos. Necesito plasmar en ella todo lo que siento por ti, para que quede abierto al mundo y por escrito. Las palabras son solo eso, palabras, que se lleva el viento a su antojo meciéndolas sin descanso hasta hacerlas desaparecer. Pero la letra escrita, esta, perdura para siempre.

Necesito hacerlo así porque es mi deseo que jamás lo olvides, porque sé que se te olvida a menudo, mucho más de lo que a mí me gustaría. Sé que he dudado de ti en muchos momentos, quizás con demasiada frecuencia, y es por ello que ahora encuentro que no crees en mis sentimientos, que dudas de mis sentires, que aún no me he ganado la confianza necesaria contigo para poder expresarlo solo con palabras pronunciadas en el frío aire de la mañana.

Por eso estoy aquí hoy, ahora, en este preciso instante que jamás volverá a repetirse porque cada momento es único, sentada ante mi pequeña hoja en blanco y dispuesta a volcar sobre ella todos mis sentimientos sin tapujos, a bocajarro y sin anestesia. Y justo en este momento siento que me faltan las palabras, que no hay manera, ni hablada ni escrita, con la que describir todos los sentimientos que corren por mis venas, hasta hace poco obstruidas por un enorme trombo que casi hace morir mi delicado corazón.

No hay expresión alguna que pueda dar fe de la intensidad de mis sentimientos, mientras la hoja en blanco continúa inmaculada frente a mí, casi amenazante, retadora. Parece que me hablara y estuviera diciéndome en su particular idioma de celulosa, «¿a que no te atreves?».

Pero está muy equivocada si pretende hacerme creer que no tengo el valor suficiente para enfrentarme a ella y al mundo entero si hiciese falta. La miro, frente a mí, y siento que no necesito llenarla de palabras huecas, por mucho sentimiento enredado en ellas que pretenda adornarlas como si se tratasen de un delicado ornamento de Navidad. No. Las palabras sobran, que se las lleve el viento, incluso las escritas. Sobran.

Solo preciso de dos, que son las que plasmo en la hoja en blanco con letra bien grande y con trazo firme. Solo dos, pero que dicen mucho. Que lo dicen todo.

«Me quiero». A partir de aquí es desde donde comienza todo.

 

Renuncia a la indiferencia

 

RENUNCIA A LA INDIFERENCIA

Tú, que me estás mirando con ojos llenos de curiosidad, con tus ropas limpias y tu hablar extranjero. No te entiendo, no comprendo qué me dices, solo te veo mirarme con los ojos incapaces de hablar. Ese lenguaje lo entiendo, el de los ojos, el del corazón, hasta el lenguaje de gestos. ¿Por qué te empeñas en hablar conmigo con palabras que no comprendo?

Acércate a mí, no tengas miedo. Y háblame en nuestro lenguaje, el que todos entendemos. Te permitiré aproximarte, tranquilo porque no muerdo. Transmíteme con cariño lo que quieras, eso siempre lo agradezco. Quiero sentir tu caricia, quiero sentir tu cariño, quiero sentir que para ti soy algo más, que no soy solo un pobre más, pobre niño callejero. Acércate, solo son un par de pasos, y pon tu mano en mi mejilla, mírame con ilusión, hazme sentir querido por un rato, alégrame el corazón.

Dame abrigo si es que hay frío, dame frescura si hay calor, puedes darme tu chaqueta, que para ti no es nada y para mí será el mayor tesoro que habré tenido jamás. Ofréceme, sin tristeza, algún pedazo de pan o un plato de sopa caliente, que mi estómago ya calla las hambres que padeció. Tómame de la manita, vayamos a tomar el sol. Es el mayor regalo que puedes hacerme, tu compañía y tu amor. A cambio te daré sonrisas, a cambio te daré ilusión, no sé quién sale ganando con el cambio, si serás tú o seré yo.

Ayúdame como puedas, no me dejes desamparado. No quiero verte pasar por mi lado murmurando sin hacer nada de todo lo que está en tus manos. Tan siquiera unas monedas, me harán siempre sonreír, se las entregaré a mi madre que trabaja con esfuerzo de sol a sol para mí.

Hasta el más mínimo gesto será agradecido por mí. Me enseñaron los valores que cultivo cada día, seguro que muchos más de los que te enseñaron a ti. Pero, por favor, escucha un momento. Quiero pedirte un favor. Renuncia a la indiferencia, no mires hacia otro lado, estoy aquí, estoy presente, soy una realidad aunque tus ojos me ignoren. Sé que piensas que poco puedes hacer, pero deja de engañarte, la ayuda siempre será buena, siempre será bien recibida. El poco es mejor que nada, ¿no te lo enseñaron así?

No, por favor, no te vayas. Ya no me dejes así. No comprendo tu lenguaje, no sé qué me estás diciendo. Puedes ayudarme mucho. No mires hacia otro lado. No, por favor, no te vayas. Renuncia a la indiferencia, solo quédate a mi lado.

Super poema contra la violencia de género

Super poema

No me pidas que te ame

si me tratas con maldad

al maltratador que no quede impune

y se castigue sin piedad.

Son mis pasos vacilantes

cuando marcho hacia tu encuentro

Tus palabras son las balas

que disparas sin cesar.

El amor no es posesión

ni tampoco soy tu esclava,

quiero ser respetada,

y que no me apaguen la voz.

Soy mujer y soy persona,

sin dueño que a su voluntad me quiera someter

no permitiré ser el felpudo sobre el que tus pies pisen

no destruirás mi mente, ni aniquilarás mi ser.

No me pidas que te ame,

ya no puedes exigirme, asustarme ni anularme.

Destruiste mi autoestima,

pero hoy ya no, ahora empiezo otra vida.

Una vida nueva comienza para mí,

donde no habrá más cabida,

donde ya no tendrás hueco,

donde toda la violencia se volverá contra ti.

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