Gotas de literatura/Quiero creer

Quiero creer que en tu rostro al leer se dibuje una sonrisa.

Desde mi alma a la mente, desde mi lápiz a estas líneas.
Quiero creer y pensar que las letras sienten, que tú al leer me sientes.
Conoces mi sufrir, al unirte a mi pesar mientras lees.
Pero ahora sonríe, no penes, ellas saben suavizar mi dolor desde siempre.
Quiero verte feliz, quiero que sonrías, que mi escrito sea para ti la alegría.
Que sientas como yo que ellas vuelan, trayendo a nuestra vida la felicidad plena.
Porque no hay nada más sanador y que la ansiedad aplaque, que escribir verdades.
Sonríe, no dudes, a la existencia alegran, no habrá más dolor si con ellas creas.
Deja que al leer la literatura dibuje en ti una sonrisa.

©Adelina GN

OVARB

Parecía mentira que después de tantos años y tanta polémica al respecto, siguiese viva en aquella galaxia la fiesta en cuestión. El tiempo parecía haberse detenido, aunque ya nada era igual. Los años habían pasado y todo había cambiado, pero aquel hombre continuaba dando espectáculo. Mucha de aquella gente que iba a ver al torero, que a pesar de su indumentaria sideral, seguían llamándole de igual modo. Eran habitantes procedentes de la tierra, aprovechaban para reunirse y entablar amistad, como siempre se ha hecho en cualquier lugar de entretenimiento. Con su puro y su merienda acudían al singular coso para disfrutar de la particular liturgia y simbiosis que se fusiona y se ve compenetrada entre los dos combatientes. En el reloj daba la hora punta, la hora de la verdad donde dos criaturas vivientes median sus fuerzas. Demostrando en cada momento la bravura y el arte de ambos. Una especie de sonido parecido a un clarín anunciaba la salida del astado…

Oyéndose mientras todo estaba en silencio, con el futuro presente una voz que decía: Busca bajo mi falda… Refiriéndose sin lugar a duda al capote con el que lo recibía…

Adelina GN

Papel de lija

papel de lija
Fue algo que parecía no iba a trascender. Pero la caprichosa vida nos
haría decir aquello que no siempre haremos…

Aquella tarde mi amiga me invitó a la presentación de un libro.
Su amiga, una compañera de trabajo auto publicaba una novela.
Aquella salida me haría bien, me dije, me entretendría por unas horas,
la lectura no me apasionaba demasiado, pero aquella tarde me serviría
de pretexto para evadirme.

En el ecuador de mi vida, en mi mente anidaban pensamientos poco
limpios hacia mi persona. Todo a consecuencia, de y por aquella mala
relación, que mantenía con él. Enquistada al máximo, así era cómo
estaba y seguía doliendo, pero ya había dejado de supurar.

Pero, a pesar de todo quiero que Irene se centre en aquella tarde y
posteriores días. Ella es la escritora a la que le pedí que escribiese
este relato de lo que me sucedió por casualidad, a pesar de que ellas
no existen.

La presentación fue un éxito, a consecuencia de aquella tarde todo cambiaría…
Estaba todo preparado con mucha humildad, fue una reunión de amistad,
dónde la escritora amiga de mi amiga presentó su novela.
Entre sus palabras dejó dicho que aquel libro era una biografía
novelada, que viene a ser una realidad, pero con nombres ficticios.
Escondiendo de ese modo la historia de alguien en aquellas letras
escritas y que yo leería, porque sin duda me atrapó, y consiguió lo
que muchos escritores no habían conseguido.
Compré el libro, no era muy cuantiosa su adquisición, además me lo
dedicó personalizando la dedicatoria…
“Para ti mujer, puede que no sea tu historia, pero la realidad supera
la ficción siempre”
Leí aquella dedicatoria una y otra vez de camino a casa, preparé algo
de cena, pero cómo casi siempre, no me apetecía cenar.
Abrí el libro por la dedicatoria y la volví a leer, iba a pasar de
página, cuándo él me dijo que para verme allí leyendo que se iba a la
cama. Siempre encontraba un pretexto para dejarme sola, esa noche fue
que leía, tenía que tener paciencia, pensé, levantándome y cumpliendo
con un beso le deseaba que descansara. La educación era ante todo,
para mí era primordial, algo que no tenía él conmigo.
Seguí leyendo, en la introducción advertí cierto parecido, pero, qué
tontería estaba pensando, me dije. Ella no sabía nada de mí, cómo
había podido acertar…

Llevaba media novela leída, mi corazón estaba encogido pues cómo papel
de lija eran aquellas páginas, que con sus letras limaban mi vida,
sacando virutas de mis situaciones cotidianas.
Todo lo que iba descubriendo al desgranar la biografía aquella, era
sin dudarlo mi vida.
Burlas, descalificativos a la protagonista por parte de él, que no era
otro que uno igual al mío.
Déspota y sin sentimientos hacia mí, dejándome a ras del suelo, cada
vez que podía.
Llegué al final de aquella lectura, que pulía lijando todas las
aristas que habían producido mis pensamientos en todos aquellos años.
Y me decidí, estaba amaneciendo cuando terminé de leer, pensando, que
si ella, la mujer cansada de soportar aquel trato vejatorio, había
podido, yo también podría.

Pocos meses después era libre, me quería y estaba decidida a presentar
mi propia biografía novela, su título “Papel de lija”
Y escribiendo una frase aclaratoria que ponía fin a la historia.
“Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”
Dedicada sin duda alguna a la mujer escritora que con su historia,
abrió e hizo que mis ojos cegados por el miedo, viesen más allá. Y a
la literatura que me envolvió y tiró de mí fuerte, dándome la fuerza
necesaria para quererme.

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