Aullidos

Aquella noche las estrellas no quisieron salir augurando una oscuridad insoportable.
El vapor expirado por mi boca me indicaba irremediablemente que no aguantaría mucho más. Sin abrigo, sin cobijo, sin comida.

Y ellos. El aullido de los lobos hambrientos bajaba por todos los lados del páramo hasta introducirse en mi cerebro como un barreno lo hace atravesando la montaña de dura roca. Hasta el mismísimo infierno.

El miedo. El miedo atenazaba mis neuronas y me paralizbs la sangre. Entonces ves cómo la nebulosa viene a tus ojos y la mejor decisión es tomar una decisión.
Vivir o morir.

Dejarse llevar por la puerta del abismo o agarrarse a una vida repleta de injustas justas.
Lobos, frío, noche sin luna ni estrellas, dejarse llevar…

Encontrar un sentido a esa pesadilla que se convierte en un bucle en la misma dirección sin cambio alguno. Me buscan y me encuentran, olfatean el olor que desprende mi cuerpo y se acercan.

Ellos con esa mirada brillante que te paraliza, te enajena hasta perder el sentido y entonces se e acallan las voces y puedo por un momento volver a respirar con sosiego. En mi mente se dibujan las opciones, la conciencia la supera y le reclama obediencia.

El cuerpo nada puede hacerse más que pararse o dejar que un chute de adrenalina recorra todo tu cuerpo y salga a la carrera hacia ese mundo de locura que la cerca a cada momento.

Su corazón bombea sangre rápidamente y su respiración la acompaña y entonces cierra los ojos y la ve. Despacio y con calma se dirige hacia ella, sin volver la mirada hacia atrás y se envuelve en ese halo de luz que la luna desprende y aúlla con fuerza dejando que el eco de la cueva subterránea que atravesó hasta salir a la cima, reverbere. Las geminidas en esta noche de frío invierno caen del cielo.

@Gustavo García y Marijose y sus letras.

1 comentario en “Aullidos”

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