Añorada primera cacería

Prometeo en la roca

¡Al fin lo dejaron cazar solo! Pero le impusieron  ciertas condiciones a cumplir en esa añorada primera cacería. Una tarde, desobedeciendo las advertencias de los ancianos de la aldea se adentró en las abruptas montañas del Cáucaso. El joven iba emocionado; muy contento en su primera cacería en solitario. Escuchó quejas y lamentos continuados encima de su cabeza y subió las rocas con algo de trabajo, allí encontró a un inmenso hombre atado de pies y manos a la piedra.

Estaba indefenso e impotente; una inmensa águila devoraba sus entrañas.

El muchacho no se dejó intimidar por el tamaño del animal, con mucho esfuerzo logró que levantara el vuelo y se acercó cauteloso al hombre.

—Soy Prometeo.

— ¿El que nos entregó el fuego? ¿Por qué estás aquí?

—El dueño del trono olímpico me observó con recelo desde el día que le pedí autorización para entregarles el fuego —calló un momento—. Zeus miró abajo y vio a los habitantes de la Tierra siendo capaces de vencer las mayores vicisitudes, logrando sobreponerse a los más grandes problemas. ¿Hasta dónde podrán llegar? Se preguntó. Y estremeció el Olimpo negándose a mi solicitud —concluyó.

—Pero tú lo hiciste.

—Y por eso estoy aquí.

—Hablaré con Zeus.

Prometeo intentó impedir que el joven cometiera semejante locura, pero este se había lanzado a correr y ya estaba demasiado lejos.

Demoró en encontrar el camino el Olimpo, y después de mucha insistencia logró ser escuchado por Zeus.

El gran Dios lo dejó hablar, y después de escucharlo encomendó de inmediato a la Euménide Alecto que lo sacara de la montaña sagrada.

Apenado se presentó el joven ante Prometeo.

—Sabía que no podrías. Pero todavía puedes ayudarme —una pausa—; regresa ante el máximo del Olimpo y recuérdale que yo puedo predecir el futuro —hizo una pausa más extensa—. Le auguro un destino fatal, como el de Cronos y otros que también dominaron la sagrada montaña.

Zeus lo vio regresar y sin escucharlo dispuso un castigo para aquel mortal tan atrevido: ayudaría eternamente a Hefesto en la fragua del hierro y el bronce.

Hera comentó a su pareja que la osadía, el arrojo y el esfuerzo realizados por el joven merecían oírlo. Y al enterarse del recado de Prometeo Zeus ordenó a Heracles que lo pusiera en libertad; pero exigió que, por la desobediencia, arrastrara eternamente en una pierna un pedazo de la roca que había sido testigo del castigo.

Prometeo agradeció a Heracles y bajó junto al osado joven, que regresaba orgulloso de su tan añorada primera cacería.

Soy ingeniero civil, graduado en el MICI (Instituto de la construcción de Moscú).
Inicié la actividad literaria (escribir, o intentarlo) a mediados de la última década del siglo pasado, porque leer sí lo he hecho toda la vida.
También me gusta el deporte.
Prefiero el relato corto, será por los tiempos actuales???

2 comentarios en “Añorada primera cacería

  1. Gracias Karem. Llevo poco tiempo en esta página (solo 4 relatos), pero me parece muy bueno haber comenzado a escribir mis cosas por aquí, Saludos desde La Habana.

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