Quiso iniciar el vuelo sin darse cuenta que rotas tenía sus alas. Quiso subir a la montaña más alta para  elevarse desde la cumbre hacia el espacio infinito y posar su cuerpo en la estrella más brillante que en el firmamento rutilaba. Quiso dibujar sueños en la nubes con brocados de ilusiones y de esperanzas, modelar con suave arcilla nuevas constelaciones en las que permanecer anclada hasta un nuevo mañana. Quiso ser parte de un cometa y viajar por la galaxia hacia el lugar en que sus sueños relegados quedaran.

Navegaba en su mundo en una pequeña embarcación intentando deshacerse del lastre que consigo arrastraba, arrojarlo por la borda y aligerar su equipaje antes de que en la travesía su nave naufragara. Posó la mirada con atención en sus amputadas extremidades preguntándose si algún día de las heridas crecerían nuevas alas. Alas invisibles que su vuelo truncaron al quebrarse las ilusiones en mitad del ensueño. El estrepitoso aterrizaje dejó secuelas en su cuerpo y en su alma, un cuerpo dolorido que soportaba el peso de los días que amanecían oscurecidos por el desencanto, un alma herida sangrando llanto.

De sí misma se sorprendía pues no entendía de dónde las fuerzas brotaban, el desgaste que su cuerpo acumulaba anunciaba que desfallecida al suelo caería su alma. Se buscó entre las cenizas calcinadas de recuerdos para comprobar si algo de lo que un día fuera restos aún quedaban. Se añoraba poderosamente, pero sabía que con ella se hallaba. La fortaleza que en su interior se alojaba era la voz que la guiaba para levantarse una y otra vez cuando abatida en el suelo se desplomada. El amor que por sí misma y por la vida sentía era la energía que a levantarse la empujaba.

Un día tras otro, sus extremidades acariciaba con la ilusión de que en un nuevo día volvieran a recomponerse sus maltrechas alas. Un día tras otro, en su sueño desplegaba el vuelo desde la cumbre más alta de su montaña hacia los confines del Universo donde la libertad por ella aguardaba.

 

@Marina Collado