Achraf

Achraf, musulmán, marroquí, comedor, social, fruta, autoridad

Hoy dejo la poesía a un lado para contaros algo que me ha tocado vivir estos días atrás, me dejó muy tocado y creo que merece la pena ser contado.

Achraf es musulmán y marroquí, tendrá veintitantos años, no más. Lo conozco del comedor social y siempre que me toca servir me pide otra fruta de extranjis, tratando de aprovechase, con una sonrisa pícara, de que soy nuevo y piensa que no tengo la autoridad suficiente para decirle que no. Los primeros días le dio resultado. Ayer no apareció en todo el día y me pareció raro, aunque siempre dice que la comida es mala y que no va a venir más, en dos meses no ha faltado a ningún almuerzo. Achraf me contó que duerme al lado de las vías, como los pájaros, en un hueco que hay en la pared a varios metros de altura del suelo y allí tiene todas sus cosas en bolsas de supermercado. Dice que en ese lugar es más difícil que le roben. Se dedica a recoger el metal que puede de la basura y venderlo al peso para sacar algo de dinero, dice que estuvo buscando trabajo durante mucho tiempo, pero que nadie llamó nunca y se cansó de imprimir curriculums en locutorios a precio de barra de pan. Aún así es un chico que siempre está sonriendo y contagia esa alegría. Como he dicho, ayer no vino, pero hoy sí. Ha entrado al comedor cojeando, con los brazos rasguñados, uno de ellos pegado al costado, a la altura de las costillas, como conteniendo el dolor. Traía un ojo hinchado; negra la cuenca y sanguinolenta la esclerótica. Al parecer le han dado varios puntos en el labio, que también tenía hinchado y hoy no había rastro de su sonrisa, parecía otra persona. No ha levantado la mirada del plato en todo el tiempo que ha durado el almuerzo y apenas ha comido. Al marcharse me acerqué a él y le pregunté qué le había pasado. Al principio me ignoró, tras unos pasos miró atrás y me dijo que no quería hablar y salió del comedor. Finalmente cuando muchos de los asistentes al almuerzo se habían ido, Achraf volvió a entrar, esperó a que se marcharan los últimos y entonces se acercó a mi, preguntándome con gestos si podía tomar asiento. Le indiqué que sí y me senté a su lado. Con la timidez de alguien que habla de algo sin saber si hace bien, me contó que la noche anterior, cuando se dirigía a su nido para pasar la noche, fue acorralado por un grupo de personas, quienes entre gritos de “fuera de aquí, moro de mierda”, “la próxima vez te matamos” e incluso “demonio” o “terrorista”, le propinaron toda una suerte de golpes y patadas. Achraf comenta que tal y como aparecieron, desaparecieron de su vista. Me dice que se quedó tumbado en el suelo, hecho un ovillo, llorando y asustado. Le he animado a que denuncie lo ocurrido y ha sonreído sin ganas, luego me ha dicho que eso no tiene sentido. Piénsalo, me ha espetado, dándose unos golpes en la sien con el índice. Luego se puso en pie y me tendió la mano. Yo se la estreché y me dio las gracias por escucharle. Esto es por lo que es, la gente tiene miedo después de lo de Barcelona, me dijo antes de marcharse. ¿Combatir el miedo con fascismo y racismo, de forma aleatoria, no es acaso también un acto terrorista? Últimamente la gente está muy confundida. Ese es, precisamente, el germen precursor de los tiempos oscuros.

About José Antonio Rivas

2 comentarios en “Achraf

  1. Un relato realmente estremecedor. Es muy lamentable pero hay un colectivo de personas que no ven más allá de ir en contra de toda persona que venga de fuera. El linchamiento es otro acto de terror que no se debe permitir. Un fuerte abrazo querido amigo. Que tengas un feliz fende.

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