EL PODER DE LAS LETRAS

Abrí la puerta y entré

Abrí la puerta sin llamar, sin aviso previo…

Irrumpí tratando de llegar a mi hogar. Pero no reconozco el lugar, las paredes tienen otro color, la disposición de los muebles es otra…

En la ventana ya no está esa tela blanca cadí transparente, ahora la tela es hermosa, pero no es la misma.

Tanto tiempo lejos de esta casa. Me pregunto ¿Dónde están todos? ¡No los veo! Hay silencio, siento el aire que roza mis ojos. Hay fotografías de otra gente, no son los mismos…

¡Oh, tanto tiempo fuera del hogar!

Estoy pisoteada por los años, las marcas en mi piel no son tan profundas como en mi alma.

Me fui huyendo de mis temores y me quedé vacía, sin fervor y casi sin esperanza.

Qué error más grande es intentar arrancar de uno mismo. Si lo lógico es amarse, aceptarse, mirar, caer, levantarse y si te derrumbas nuevamente, volver a ponerte de pie. Pero la cobardía me llevó muy lejos, no tan sólo de mi casa, sino que millares de kilómetros de mí…

Me dejé, los dejé y quisiera volver. Yo ya me encontré, pero me hacen falta para disculparme y seguir a su lado si me aceptan, o bien, dejen sus ventanas abiertas para verlos a través del cristal.

Un abrazo sincero.

Viviana Lizana Urbina

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