Abrazáme sin prisas
Que de mi corazón salen astillas;
Descolgados los cimientos
De los huesos que los ratones
Muerden sin roer la piel.

Es la luna que se va,
La que me aleja,
La luz que irradia tu mirada,
Lo que me alumbra.

La ciénaga baldía
Y el pisar de mis pies
El retumbar y el estruendo,
El quejío y el mortero.
Peteneras en mi pecho.

El badajo de este triste corazón
Que aletea sin presión,
Y desbanca el ancla
Fondada en la arena
Partida en dos.

No sufre si no hay mugre,
Lo que el viento pudre.
Lo que el tiempo elige
El maldito albedrío impune.