Hay un lugar en el cielo tan cerca de mi corazón,

que impide que olvide el abrazo que me dio tu calor.

Nunca besos ni caricias tuviste de mi,

y esperaste destino, tú y yo.

Y aunque hubo momentos de llanto y dolor

no me arrepiento de ser semilla de tu amor.

No sabes lo que echo de menos verte en tu sillón,

dormido junto a esa perrilla, que moría por ti,

que te esperó allá en la luz, incansable.

Mi Laya, tu Laya.

Ahora que ha pasado la Navidad, otra más sin ti,

me pongo a pensar.

Siempre lo hago, nunca o escribo, hasta hoy.

Ya van ocho los años

que no nos regalas tu sonrisa, ni los papelitos del amigo invisible.

cosas sin importancia que importan,

ahora más que nunca,

cuando no las tienes, cuando te las quitan,

cuando reconoces que las has perdido.

y no van a volver.

Gustavo García Pradillo