Mi dulce cobijo

Mi dulce cobijo

Sentí una presión en el vientre,
sentí un dolor
que aunque lejos del frío de agosto
igual quema y aprieta.

Es la mujer que se encuentra dentro
y continúa su gestación natural,
como el cauce de un río
que corre y que fluye decantándose.

Es ella que golpea suave
avisándome que está pronta a salir.

Y junto a las gotas saladas de la lluvia
que me brotaron de los ojos al fin la encontré.
Y la abracé.
Pude hacerlo porque busqué refugio
en el hogar de siempre.
Y sus brazos estaban allí –como siempre-
para cobijarme en arrullo dulce.
Y me encontré en casa.
Su abrazo es mi casa tibia en invierno
y es brisa fresca en verano.

Y aún resuena esa voz algo distante,
ya no desconocida.
Y me habla.
Y me avisa que me vaya preparando
para una vez más resurgir
de entre mis entrañas.
De mi vientre acolchado que
mientras se pule se va moldeando
para ser también arrullo dulce, cobijo suave.
Un hogar tibio al igual que sus brazos mi casa.

5 comentarios en “Mi dulce cobijo

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