Cuando el diablo

Cuando el diablo susurró tu nombre
sonaban en la radio canciones de invierno.
Recuerdo perfecto su mirar
enarcadao por peludas cejas
sobre dos ojos azules,
similares a fuegos fatuos
brillando en la oscuridad
flotando como faros
indicando la deriva.
Cuando el diablo susurró tu nombre
apareciste aquella tarde desde la nada
en la que desaparece la gente
que camina por las calles.
Me miraste con sus ojos
y reconocí en ellos la voz rauca
que fisura la calma llamándome en silencio,
midiéndo con su lengua
el tamaño de mi corazón.
Cuando el diablo susurró tu nombre
sabía que mi alma tendría nuevo dueño
tras el sueño inevitable
y que de existir un infierno
aprendería a llamarlo hogar.
Pero nada de aquello importó,
y como Milton renuncié a la oportunidad
de un paraíso ficticio por la certeza
de envejecer junto a las caricias de tu voz.

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