Como si la espuma fuesen perlas

engarzándolas entre las uñas de sus pies.

Las piedras húmedas reflejaban un sol de justicia

pero su reina le había pedido

que se acercara a su playa,

esa que tanto añoraba.

Y él,  galante,

desabrochó su chaqueta,

sentóse en el muro de piedra,

dónde despojándose de zapatos y calcetines,

arremangó las perneras

de sus pantalones hasta las rodillas.

Como un colegial, caminó

ante los estupefactos ojos de turistas

y paisanos

llegando a la orilla,

móvil en mano, cual lanza

a lo Alonso Quijano.

Y ahí quedó la foto para

la posteridad,

eternamente suyo.

sonrisa para siempre

mía…

Ternura entre las piedras

risas y espuma de mar

olas que acarician

y después

se van.

 

@carlaestasola

En un lugar de Alicante de cuyo nombre me acordaré siempre, hace cuatro años.