Muchas veces

 

 

 

Muchas veces sentía el deseo de tener un gran poder y transformar todo aquello que no le gustaba, todo aquello que al mundo hería por falta de humanidad, todo lo malo que sobraba, añadir amor y felicidad en todos los hogares desolados en los que los recursos más básicos eran elementos desconocidos. Muchas veces soñaba que en su poder se hallaba la fórmula mágica con la que hacer desaparecer la depredación del hombre por el hombre en el planeta.

Muchas veces se veía a sí misma en lo alto de una cúspide oteando el horizonte e inventando un nuevo mundo en el que las guerras no existieran y solo quedara la palabra como lejano recuerdo del nefasto error que significa hacer uso de las armas y ejercer la violencia. Un mundo en que los conflictos con el diálogo se resolvieran y se llegara a acuerdos que sellados quedaran con un fuerte abrazo como promesa de mutuo cumplimiento.

Muchas veces se preguntaba por las razones que llevaban a los países a tomar posturas bélicas, no entendía las razones por las cuales tantas vidas humanas se perdían en las batallas dejando tras de sí un desolador rastro de sangre de valor incalculable.

Muchas veces pensaba con desánimo en el futuro de generaciones venideras, la destrucción del planeta por parte de los humanos se producía a pasos agigantados, mares y océanos agonizaban convertidos en vertederos, bosques deforestados dejando sin pulmones la tierra, atmósferas contaminadas de partículas irrespirables, nuevas enfermedades apareciendo, en muchos casos debido al uso de productos químicos con que se fertilizan las tierras para ser transformados en alimentos, en otros casos debido a la inhalación de agentes externos que se encuentran en suspensión en el contaminado ambiente.

Muchas veces sentía en su ser la impotencia de tener consciencia de la desintegración del planeta y no saber qué hacer para parar la desenfrenada decadencia. Muchas veces lagrimas amargas de sus cuencas resbalaban por no disponer del poder de ser capaz de crear nuevas conciencias educadas en valores que olvidados quedaran en la memoria colectiva. Mentes concienciadas en preservar el medio en un mundo en armonía donde la convivencia en paz con todos los pueblos fuera posible y el respeto y el amor fuera extensivo a todos los seres vivos.

 

@Marina Collado

Mi madre y mi abuela, esas dos desconocidas adoradas

Estaba dando vueltas en la cabeza a esta reflexión cuando me acordé de la película de nuestro oscarizado Almodóvar, “Todo sobre mi madre” y no al revés, quería presumir de la envidia que me produce Pedro, por ser esa persona que conoce al dedillo los detalles de la vida de su progenitora. ¡Qué suerte la tuya Pedro!. En un caso más reciente también envidio a Paco León por esas maravillosas historias sobre la suya, ”Carmina o revienta” y “Carmina y Amén”. Envío desde aquí mi admiración a estos dos directores, no cómo tales porque eso ya lo han hecho muchos, y yo quizás soy la menos apropiada, sino como “hijos” que han tenido la suerte de conocer sobre sus madres todo lo que yo nunca sabré sobre la mía, y no siempre quise conocer.

Corrían otros tiempos entonces y la comunicación con los padres era más que escasa, casi inexistente. Aquellos padres que pasaban el día fuera de casa y cuando volvían se dedicaban sólo a sí mismos y esas madres a las que les costó un mundo acostumbrarse a utilizar las lavadoras, la televisión, el teléfono o la fregona a una edad en la que ya habían desgastado media vida haciendo todas esas tareas, o como dirían ellas “labores del hogar” a mano. La gran mayoría de ellas sufriendo la frustración de no poder ayudar a sus hijos en las tareas del colegio, sencillamente porque ellas sí habían tenido la suerte de asistir a la escuela, había sido para aprender apenas “las cuatro reglas”.

En algunas contadas ocasiones se nos daban a conocer pasajes de la vida de nuestras abuelas, especialmente cuando surgían los típicos desencuentros con la suegra, solo entonces llegaban a nuestros oídos comentarios sesgados sobre sus vidas, naturalmente transformados bajo el prisma de un crispado estado de ánimo, por tanto no ajustados a la realidad, y en tono totalmente subjetivo.

-Receso: Hoy es casi imposible escribir con el ruido constante de un helicóptero sobrevolando, desde hace dos horas el centro de Madrid. ¿Qué coño pasa hoy? –

El objeto de esta reflexión no era por supuesto el contexto puramente histórico y costumbrista de los protagonistas sino mi personal enfoque, sigo…

Sigo traumatizada por la muerte de mi madre, que falleció años antes que mi abuela paterna. Dos muertes que cambiaron mi vida y me sumieron en la depresión que aún colea.

En mi niñez y adolescencia no fui consciente en absoluto del papel fundamental que tendrían esas dos personalidades en mi vida y mucho menos lo que las iba a echar de menos durante toda mi existencia. Debido a múltiples factores, entorno histórico añadido, esas dos vidas se han convertido en el mayor error de la mía. Me siento culpable de no haber escudriñado en sus sentimientos para conocer el porqué de tantas cosas que hoy desconozco por completo  y que hoy daría media vida por conocer.

Pocas veces le pedimos a la abuela que nos cuente las batallitas que de verdad queremos conocer y no las que ellas se empeñan en relatarnos hasta la saciedad de un modo repetitivo y prácticamente autómata.

Hay tantas preguntas que ahora me gustaría haber hecho. en el ecuador de mi vida, me he dado cuenta que muchas veces valorar a alguien no es tan fácil como simplemente quererle por quien es, es mucho más que eso. Es conocer el porqué de sus reacciones y sus sentimientos. Saber qué es lo que le eriza la piel o le hace soltar una lágrima. De dónde vienen sus miedos y frustraciones, qué le hace sonreír.

Tenemos toda una vida plena de momentos para hacer muchas preguntas, pero no las hacemos, el tiempo pasa, y un buen día ya no podemos hacerlas. Me gustaría poder contribuir un poquito aunque fuera para que todos conozcamos mejor a nuestros seres queridos. El mejor momento para saber es ahora, ¡hazlo! ¡Pregunta!, Habla con ellos. Escucha a los que quieres para conocerles mejor. Para que nunca te quede nada por saber, para que en un futuro no te sientas tan mal como me siento.

Se me quedaron millones de preguntas sin respuesta por las que culparme toda una vida.

¿Cuántas veces le has preguntado a tu madre lo que querías saber?

-Mamá, ¿eres feliz? ¿Por qué no lo eres?

-¿Qué sientes cuando papá no te da tu sitio?

-¿Qué te gustaría haber estudiado?

-¿Cómo te trataban tus padres?

-¿Alguna vez has sido maltratada, o abusada y por quién?

-¿Qué esconde tu resquemor hacia ciertas personas?

-¿Cuántas relaciones tuviste?

-¿Hubo alguien en tu vida a quién aún amas?

-¿Qué es lo que más te gusta recibir de los demás?

-¿A quién admiras y por qué?

-¿Te sientes amada, querida y respetada?

-¿Alguna vez has querido dejar tu vida, cambiar algo, o dejarlo todo y por qué?

… Tantas y tantas más.

Pero ahora ya es demasiado tarde para saber, todos los que podrían hablarnos de ello han muerto o se encuentran en el estado de “No recuerdo”. Y lo peor es que no podremos vivir dos veces para reparar nuestros errores, aunque así nos gustaría que ocurriera. Por ello, te recomiendo que no esperes ni un minuto más para preguntar y conocer todo aquello que te interese sobre ellas, madres, abuelas, tías, primas. No hablo de los hombres de la familia, aunque están incluidos si así lo consideras.

Yo ya no puedo.

@carlaestasola

 

Finalmente descubrí que el helicóptero era porque estaban desahuciando de sus viviendas a mis vecinos de la Calle Argumosa y todo el barrio estaba allí para que no ocurriera, lo que finalmente ha ocurrido. Injusto dejar a vecinos en la calle, en un edificio de renta antigua en el que llevan muchos años viviendo.

Imagen: Ilustración Adrian Wong Shue

Música: Lévon Minassian )Duduk) – They have taken the One I Love

La dosis

 

LA DOSIS

– Una dosis… sólo una… ¡por favor, Señor, necesito una dosis! La droga le había convertido en un ser totalmente dependiente de la sustancia. Y lo sabía.

Llevaba toda la maldita noche buscando la droga, de un lugar a otro de la lluviosa ciudad, desde los sitios habituales hasta aquellos donde nunca había comprado, y nada. Parecía que los dioses jugaban con él al juego más macabro del existir -pensaba Juan, mientras apretaba sus mandíbulas y viajaba con sus ojos azules al infinito- No puede ser, una señal, ¡Dios!, ¡alguien que tenga droga, la necesito ya!

Entonces, como una estrella fugaz le sonó el móvil, hubo un silencio sepulcral, era un número desconocido, pasaron dos segundos, pensó a la velocidad de la luz millones de cosas, derrochó cruces sinápticos, creyó en Dios y, por fin, se puso el auricular: Era un camello con la droga que él ansiaba, quedaron en media hora y, en ese tiempo, ya estaba proveído.

Caminaba feliz, con una sonrisa incomparable, la que llega de después del sufrimiento, y con una calma indecible. Se dirigió hacia el primer parque que encontró en su trayecto a casa y se sentó en un banco. En la agradable arboleda florida de rocío del alba decidió consumir:

El jardín era un canto a la belleza floral, pura poesía paisajística donde gozar de los sentidos de la vista y el olfato, un lugar paradisíaco sacado de algún cuento de hadas y puesto allí sólo para el deleite de quien lo conocía; había plantas trepadoras verdes, campanillas azules y violáceas, flores de todos los colores imaginables, setos cortados a escalas destellando verdeoro a su izquierda, mientras que en el centro, una preciosa fuente de mármol brillaba aún más en la forma de dos delfines alegrando de espuma y agua cristalina un estanque a la derecha, donde los sicómoros y los nenúfares convivían juntos, toda la gama de colores era el precioso parque que brillaba a su manera según le diese o no más el Sol a unas plantas que a otras, el techo, como no podía ser de otra manera, lo constituían varios troncos milenarios, que de no ser por la inmensa luz de la mañana, habrían dado la sensación de fantasmagóricos… Y Juán se sentía encantado con esa paleta de color de la Divinidad, oliendo la ofrenda floral de que había sido elegido, cegado por tanto brillo y luminosidad de una mañana más que preciosa, se sentía unido a todos los seres humanos en un Todo, y diríase que hasta flotaba y veía el parque desde todas sus perspectivas, se notaba en comunión con la especie, y volaba cada vez más alto, el parque ya era una pequeña luz, y se elevaba, hasta morir.

Eduardo Ramírez Moyano

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