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Una pareja perfecta III.

Cafe-negro

Marta se apresuró a abrir la puerta; alguien llamaba con mucha insistencia, cosa muy extraña para ser una mañana de sábado y a una hora tan temprana.

– Hay pocas cosas en mi vida que haya tenido claras, Marta, pero la que más clara he tenido desde el día que entré por primera vez en esa oficina y te vi, fue que quería pasar el resto de mi vida a tu lado. No sé cuántas veces he imaginado nuestra vida juntos; lo único que sé es que mi vida sin ti, no es una vida que yo quiera vivir.
Era Sergio. Estaba plantado en el umbral de su puerta, como un clavo, sin moverse, sólo atento a los ojos de Marta y en espera de una palabra que le ayudara a seguir soltando el largo discurso que había preparado. Pero ella no había dicho aún nada; sólo lo miraba sin creerse aún que él estuviera allí diciéndole esas bonitas palabras. No podía creerlo.
– Marta, dime algo, por favor. No sé los días que llevo planeando esto; he escrito mil veces un discurso de dos páginas para asegurarme de hacerlo bien, pero soy incapaz de recordarlo. Te miro y siento cómo me tiemblan las piernas; desearía tanto, en este momento, aquí, ahora, besarte… Marta, por favor, dime algo… Yo… Te amo.
Marta no dijo nada, no podía. Sentía cómo unas tremendas ganas de llorar le subían desde el estómago, ahogando cualquier palabra que tuviese intención de decir. Nunca supo el tiempo que había tardado en echarse en los brazos de Sergio y abrazarlo, besarlo… Nunca supo cuánto tiempo habían estado allí, en silencio, escuchando los acelerados latidos del corazón del otro.
– Entendí que tenía que hacer algo hace unos días, cuando me di cuenta de que era incapaz de soportar que nadie me rozara al ir caminando por la calle. Me di cuenta de que ya no miraba al cielo, no miraba a las personas con las que me cruzaba cada día… Me estaba volviendo una persona odiosa, alguien insoportable e insufrible a quien nadie se atreve a dar los buenos días por temor al tremendo gruñido que pueda soltar. Ese día, cuando llegué a casa, me senté en mi estudio, cogí un viejo cuaderno de notas, y empecé a escribir. Pasé horas escribiendo, no podía parar; las palabras salían solas, mis sentimientos empezaron fluir de un modo alucinante. Cuando la mano empezó a dolerme tanto que tuve que soltar el bolígrafo, leí lo que había escrito. Era una carta para ti… Era mi declaración de amor; era lo que llevaba años queriendo contarte, queriendo decirte; era lo que durante gran parte de mi vida he deseado decirle a la persona que ocupa mi corazón. Me bastó un minuto para entender que serías toda mi vida el día que te conocí. Sólo un minuto… El mismo que casi bastó para alejarte de mí aquel día en el café, cuando todo se vino abajo. Pero estoy dispuesto a intentar llevar una vida normal. Lo que pasó ese día puede repetirse, no quiero engañarte. Posiblemente, necesite medicarme, necesite ir a terapia, pero estoy seguro de que todo lo que me ocurra, de que todo lo que en mi vida sea importante, lo será sólo si tú estás en ella. No quiero una vida sin ti, Marta. Mi vida eres tú. He necesitado alejarme de ti para atreverme a entrar de lleno en tu futuro, pero aquí estoy. Seré lo que quieras que sea a partir de hoy, un amigo, un amante, un compañero de viaje… Lo que tú quieras.
Marta lloraba sin cesar. No había podido dejar de llorar desde que abriera la puerta que la condujo a los brazos de Sergio. Escuchó en silencio sus palabras, esas bonitas palabras de amor que él le dedicaba con la intensidad que le dictaba su corazón. Le amaba, sí, mucho, con una fuerza que hacía que su deseo de abrazarle toda la vida se intensificara.
-Sólo quiero que me abraces Sergio, abrázame fuerte. No me sueltes nunca. Seré tu amiga, tu amante, tu compañera. Seré lo que quieras que sea el resto de mi vida. Te quiero tanto que estos meses han sido para mí como estar muerta y tener que volver una y otra vez a un calvario diario en el que tú eras mi verdugo. Pero, eso se acabó, ¿verdad? Ya no habrá más miradas doloridas, ni huidas para no vernos; ya no habrá más sentimientos de pérdida, ni lágrimas furtivas. Desde hoy seremos Sergio y Marta, los amigos, los amantes, los compañeros. Desde hoy seremos Marta y Sergio, una pareja perfecta.

Fin.

 

About Pedro Altamirano

Autor Pedro Altamirano, me encanta el mundo de la informatica, y hasta hace muy poco no sabía que tenía la capacidad de escribir donde conocí a gente maravillosa en la red y formamos un sueño " El poder de las letras"
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2 Comentarios

  1. gustavo190176

    29 Julio, 2016 at 21:10

    Reblogueó esto en gustavo190176.

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