Tras los campos de lavanda

Tras los campos de lavanda

Hoy me he levantado con la impresión de que todo era diferente. Realmente, si soy sincera, todo parecía igual, pero en el fondo sabía que no, que algo había de diferente. Lo que no lograba era conseguir saber qué era.

Tras una buena ducha y un buen desayuno, que siempre son imprescindibles, cojo mi bolso y me dispongo a salir a la calle, camino del trabajo, como un día cualquiera. Cuál sería mi sorpresa cuando al abrir la puerta del portal, no me encontraba ante mi anodina ciudad, como siempre, sino ante un extenso campo de lavanda.

Paso de la perplejidad a la alegría en décimas de segundo. Y rápidamente suelto mi bolso de cualquier manera y comienzo a correr entre aquellos increíbles campos de lavanda. Luce un sol espectacular, que hace el campo brille con una magnificencia que nunca antes había tenido oportunidad de contemplar. Y el aroma… Aspiro profundamente para impregnarme de ese maravilloso aroma. Infinidad de mariposas de todos los colores revolotean curiosas sobre las plantas de lavanda. Todo es un éxtasis para los sentidos.

Comienzo a correr sin sentido por entre aquella maravillosa pradera de tonos morados, lilas… Por primera vez en mucho tiempo me siento libre, feliz… Extiendo mis brazos todo lo que puedo, ansiando agarrar el espectacular sol que me contempla sonriente desde el cielo. De mi cara tampoco se desdibuja la sonrisa. 

Entonces te veo. Estás allí al fondo del inmenso campo. Voy corriendo hacia ti, grito tu nombre, pero no pareces oírme. Grito aún más alto, te siento cada vez más lejana. Corro tan rápido para alcanzarte que mi voz ya no es más que un apagado jadeo.

Pausa. Respiro hondo. Fijo mi vista al frente, sigues estando allí, al fondo. Este campo parece no tener fin y todos mis esfuerzos son en vano. Te veo sonreírme, ¡me has visto! Energías renovadas. Me incorporo de nuevo y comienzo a correr hacia ti, pero no haces más que alejarte de mí. No es posible, te veo con nitidez, tú no estás haciendo ningún movimiento. Pero por más esfuerzos que hago por alcanzarte, no consigo lograrlo. El aroma a lavanda comienza a marearme. No puedo más. Tengo que parar de nuevo.

Y entonces tu figura, al fondo de este precioso pero inacabable campo de lavanda, comienza a desvanecerse. ¿Cómo es posible? ¡No! ¡No voy a permitir que te desvanezcas así como así! Grito con todas mis fuerzas, hasta desgañitarme. Mi garganta ya es como un pozo seco del que apenas pueden fluir las palabras. Y te veo desaparecer por completo, sin poder hacer nada para evitarlo.

Lágrimas, lágrimas y más lágrimas fluyen como un río por mis mejillas acaloradas por el esfuerzo. Siento su frescor sobre ellas. Lágrimas infinitas que terminan irremediablemente regando el inmenso campo de lavanda. Y mi voz vuelve a fluir. Y grito con todas mis fuerzas.

– ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Vuelve conmigo! ¡Por favor, no te vayas! ¡No vuelvas a irte! ¡Te necesito!

Una cálida caricia sobre mi rostro anegado en lágrimas. Poco a poco, voy volviendo a recuperar el ritmo de la respiración y la calma. De nuevo esa caricia, limpiando cariñosamente las lágrimas de mis sonrosadas mejillas. Abro los ojos con pesadez, con demasiada lentitud y veo la cara de mi chico, que esboza una tímida sonrisa.

– Tranquila, mi amor, solo ha sido una pesadilla. Estás aquí conmigo, no pasa nada.

Me aferro a él y le beso con ternura. Por fin, mi respiración consigue normalizarse del todo. Permanecemos abrazados unos minutos, disfrutando en silencio el uno del otro, amparada en mi tabla de salvación. De pronto, vuelvo a sentir el olor a lavanda entre nosotros. La humedad de mi pelo me da qué pensar. A duras penas consigo desenredarme de sus fuertes brazos para incorporarme en la cama. ¡Estoy completamente vestida! El olor a lavanda proviene de mi gel de ducha favorito, sin duda ya he pasado por la ducha. Me levanto de un salto en busca de mi bolso, pero no lo encuentro en el mismo lugar donde siempre lo dejo, cuando llego a casa cada día.

Bajo las escaleras de dos en dos, mi chico todavía asombrado de mi reacción, desde la cama. Allí, tirado de cualquier manera en una esquina del portal está mi bolso, tal cual lo lancé para adentrarme en aquel campo de lavanda.

No ha sido un sueño, no, de alguna manera todo lo vivido ha sido real. Has venido a verme y me has sonreído, mamá. Ahora sé que sigues ahí, cuidando de mí, como siempre lo has hecho. Respiro tranquila y vuelvo a subir a mi casa, feliz.

About Ana Centellas

Soy Ana profesional de los números,apasionada del mundo de la letras,iniciando mi aventura literaria, aprendiendo un poquito más cada día y compartiendo mi sueño con una familia genial.

Acerca de Ana Centellas

Soy Ana profesional de los números,apasionada del mundo de la letras,iniciando mi aventura literaria, aprendiendo un poquito más cada día y compartiendo mi sueño con una familia genial.
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35 respuestas a Tras los campos de lavanda

  1. Hermoso final de ese día que la puerta no muestra nuestra rutina sino un campo de lavandas, besos llenos de sonrisas, tranquilidad… para ti, tu madre y resto de familia ale 😉 muashhh mi querida Ana.

  2. franizquiero dijo:

    La verdad es que no dejas de sorprenderme, de cualquier cosa haces un excelente relato.
    Gracias por compartirlo de manera altruista. ¡Feliz y productivo día!
    Saludos

    • Ana Centellas dijo:

      Muchísimas gracias, Fran. Un verdadero halago viniendo de ti. Ya no te puedo desear un feliz día, pero espero que tengas dulces sueños. Un beso.

  3. atardecerensantboidellobregat dijo:

    Precioso y emotivo relato Ana. Quizà sea ese olor a lavanda lo que trae recuerdos de la infancia y la ternura maternal que su fragancia desprende. Besos y abrazos.

  4. saricarmen dijo:

    ¡Me ha encantado, Ana, tanto como el aroma de las lavandas!
    Sabe a puro amor tu relato.
    Besos.

  5. Rakel Relatos dijo:

    Se me han puesto los pelos de punta con ese magnífico final. Supongo que nuestros seres queridos nunca nos dejan, permanecen siempre en nuestro corazón, cuidando de nosotros. Un beso enorme, Ana! 😉

  6. Experiencias psíquicas maravillosas que nos ayudan a crecer como seres invisibles que somos bajo una apariencia terrenal muy limitada.

  7. bello muy bueno gracias por compartir

  8. antoncaes dijo:

    Fantástico relato, ojala el sueño se haga realidad eso haría cambiar muchas mentes, la primera la mía. Besos.

  9. carlos dijo:

    Me gustan mucho tus relatos cuando tras la angustia dejas paso a la esperanza. Precioso Ana. Un beso.

  10. Paula Koval dijo:

    I enjoyed reading this story. It was well-told and had a colorful, happy ending. Thank you so much for sharing it, Ana. Wishing for you a stellar New Year! Kisses!

  11. periko523 dijo:

    ME ENCANTA EL LILA, EL MORADO…. FASCINANTE ANA

  12. Muy bueno, Ana. Me iba emocionando conforme avanzaba el relato. Y yo sí que creo que las personas que nos han amado, de una u otra forma, nunca nos dejan del todo. Por otra parte, no sé por qué pero, mi memoria y mis recuerdos funcionan muchas veces “a golpe” de aromas. Felicidades.

    • Ana Centellas dijo:

      Nunca nos dejan, Yolanda, esa es la parte buena. Un aroma puede traer tan buenos recuerdos, y también tristeza porque sabes que algunos no los volverás a disfrutar, por eso nos aferramos a los que sí lo hacen. Me alegro muchísimo de que te haya gustado. Un besazo enorme.

  13. Pingback: Tras los campos de lavanda — El poder de las letras – Ana Centellas

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