Página de escritores

Relatos,poesías,poemas y literatura

Etiqueta: Reflexión (página 1 de 2)

Aire fresco y puro

 

 

 

Con todo el esplendor con que los prados y jardines florecen en primavera, con esa explosión de vida en que renacen las ilusiones, así me siento hoy al contemplar la vida con otra mirada, con la mente despejada sin nubes de tormenta, con la sonrisa relajada de quien no ha agotado el tiempo y piensa que la vida aún le depara sorpresas, que si algo perdió en el camino, las ganancias recompensaron las pérdidas.

No se acaban los destellos de luces que el firmamento emana, no se terminan los sueños por las melancolías de otras tristes mañanas, no se rinde el corazón que en su empeño de amar no ceja, no se agota la ilusión por duros que sean los tiempos.

La simple razón de vida que hay en cada respiración es suficiente para mantener en el alma el mismo anhelo que se tuvo en otras primaveras, de esperar que nuevos rayos de sol  con brío se deslicen por el cuerpo dando aliento al alma y nuevo ardor penetre en los corazones adormecidos.

Fusión con la armonía de un pensamiento templado, ojos con que se miran y se aceptan los retos y los cambios que la vida tal como viene va marcando. Sol resplandeciente que ahuyenta los temores que al cuerpo maltrataba, deteniendo el miedo que parió miles de oscuras soledades, aplacando el dolor que encontró alivio a través del llanto.

Aire fresco y puro entra a raudales por las ventanas que por fin se abrieron sin esfuerzo. Impregna de oxígeno cada rincón de la estancia ventilando la atmósfera que permanecía viciada por la retahíla de inútiles pensamientos. Se hizo el día dueño de la luz y aniquiló las sombras con su potente fuerza. Tras los cristales queda grabado el recuerdo de las mañanas que ya no son, eclipsadas quedan por la luz del nuevo sol y ocultas  se mantienen tras la espesa niebla.

 

 

 

Imagen de la red

A la deriva

 

A LA DERIVA

 

Navegando  a la deriva, dejé mis sueños marchar, mis sueños de mil colores junto con mis esperanzas van. No he sabido manejarlos así que los dejo volar, para que encuentren su rumbo sin mi ayuda, ¿qué más da?

Si hasta el día de la fecha he demostrado con creces, que no he sabido ni un segundo manejar mis ilusiones. Me siento Caperucita, que se ha perdido en el bosque, temiendo que llegue el lobo y le quite sus ambiciones. Porque equivoqué el camino y nunca he sabido verlo, y ahora que me he dado cuenta, llego tarde, llegué lejos. A desandar el camino no me enseñaron, lo siento, ahora que llego al final, hay un muro de desprecios.

Recuerdo aún aquel día, cuando tomé aquel sendero. ¡Qué contenta me sentía, pensando llegar muy lejos! Y lejos llegó, eso es cierto, pero a un destino de encierro, de aciagos días de lucha, de tormentas y lamentos. ¿Cuántas lágrimas perdidas por el camino he dejado? Las mismas que sinsabores con los que iba tropezando.

Aquel sendero era angosto, empinado y recubierto por miles de zarzas sombrías que al recorrerlo me hirieron. Herida y muy dolorida llegué hasta el muro espinoso, recorriendo el camino sola para que no se hirieran otros. ¡Qué equivocada estaba cuando tomé aquel camino! Ciega, como la gallinita, que no veía su destino. Porque de haberlo sabido habría elegido otro, pero la cosa está hecha, de salir no encuentro el modo.

Por eso me he entretenido construyendo con mis sueños cien mil barcos de colores, que a la deriva partieron. Se llevan mis esperanzas, mis anhelos, mis deseos, siguiendo el río de la vida, hasta llegar a otro puerto. Y al llegar a su destino, al bueno, al que ellos quisieron, no les dejaré solitos, pondré todo mi empeño en ellos. Mis sueños, mis ilusiones, un día veré cumplidas, pues son ellos los que mandan, son de  los que no naufragan. El náufrago aquí soy yo, pero solo de momento, en el más grade de ellos volveré a ser descubierto.

Me he sentado aquí esperarles, en mi prisión solitaria, hasta que me hagan la seña, la nuestra, la necesaria. Confianza he puesto en ellos, no se han ido de vacío, mil barquitos de colores, a la deriva en el río.

Vacío

 

 

 

 

De manera incesante se pregunta de dónde viene, cuál es el origen del vacío que lleva dentro de sí. Un vacío profundo que le daña y le perfora las entrañas y que por más que intente llenarlo jamás lo consigue.

A lo largo de su vida ha experimentado infinidad de cosas, unas buenas otras no tanto, pero la vida es así, un compendio de pequeñas cosas, unas mejores y otras peores. Sabe que no hay felicidad perpetua, pero incluso en los mejores momentos, siempre ha llevado sobre sí esa sombra, mezcla de tristeza y de añoranza por algo que nunca ha sabido con exactitud de qué se trataba. Siente en su fuero interno una carencia absoluta, una necesidad, necesidad imperiosa y urgente de amor.  Cuando piensa en ello más detenidamente siempre le asalta la misma idea, el mismo pensamiento: ¡necesito amor! Se interroga a sí misma preguntándose qué es lo que quiere en este momento, qué es lo que necesita y, la respuesta suele ser la misma: AMOR.

Su concepto del amor quizá lo tiene demasiado idealizado, ella se considera una mujer sumamente romántica, (aunque no haya dado en su vida grandes muestras de ello de cara al exterior) y, a pesar de haber tenido diferentes parejas en ninguna de ellas ha hallado esa plenitud, esa entrega mutua, ese dar y recibir sin pedir, ese compartir todos y cada uno de los momentos, de disfrutar juntos de las pequeñas grandes cosas cotidianas. De esas discusiones que al final se resuelven sin conflictos y solo quedan en cambios de impresión y en un acercamiento de posiciones y conocimiento mutuo basado en el respeto de opinión de cada uno como seres individuales y distintos y que nos identifica como personas únicas.

No, no ha experimentado en su piel lo reconfortante que es un abrazo en cualquier momento, sin más, unos besos dulces y al mismo tiempo apasionados. Nadie le ha susurrado al oído palabras tiernas y cariñosas, nadie le ha dedicado un “Te quiero”… Siempre fue de mujer dura e insensible por la vida, en el sentido de que creía más en los hechos que en las palabras en sí, pero ahora se da cuenta que no tuvo ni una cosa ni la otra y que le restó importancia precisamente a lo que tanto significado tenía para ella: sentir dentro de su interior que es amada con demostraciones de afecto y también con tiernas palabras de amor. Siempre creyó que las palabras si no van acompañadas de actos, de hechos, no sirven de mucho ya que pueden resultar contradictoras. No tiene ningún valor que alguien te susurre lo mucho que te ama si no se expresa también con hechos.  Como se suele decir, las palabras se las lleva el viento, por tanto, ambas cosas deben ser complementarias, al menos, esa es su creencia.

A veces piensa que ese amor que tanto añora sólo sea producto de su imaginación y de sus sueños y que no se halle en esta vida o en ninguna de las que le queden por vivir o, quizá no sea el momento para ella y deba conformarse con seguir soñando con un amor que no existe en la realidad. Pero si no existe…¿cómo puede echar tanto de menos y añorar hasta el dolor algo que no hay?  ¿Será entonces esa no-existencia el origen del profundo vacío que siente?

 

Imagen de la red

Antiguas entradas
A %d blogueros les gusta esto:
Copyright-protected by Digital Media Rights