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Sincronía y Diacronía – Una primera aproximación

MI CADENCIA NATURAL

 


En este contexto, el sentido  de los términos Sincronía y Diacronía difiere   de muchas  significaciones que  se brinda a  los mismos. Utilizaré el método de la Aproximación Mítica, que incluye una descripción y un acercamiento gradual  a los mismos y  que excluye una definición, es decir un proceso que los limite y excluya otras posibilidades de explicación. 


Es por eso que evito precisar el género próximo y la diferencia específica, así como elaborar  hipótesis que puedan ser demostrables por la observación o la indagación estadísticas  de la realidad. El enfoque mítico requiere por un lado  confiar en la  intuición  y por el otro, reconocer lo evidente. 


Para lograr esta primer aproximación a la Sincronía y la Diacronía , me referiré  a un Artefacto  Mítico bastante conocido:  la división de la historia en cuatro eras, común tanto a la la cosmovisión hinduista como al punto de vista occidental, represnetado en ambos casos por los Vedas y Hesíodo. 


Hesíodo se refiere a las edades de oro, plata, bronce, y la edad de hierro. En los Vedas, hacen referencia a los cuatro yugas: Satia, Treta, Duapara y Kali; edades de declinación creciente y  duración decreciente. En la actualidad habríamos ingresado al kali yuga que culminaría en un desastre cósmico, luego del cual todo volvería a iniciarse. 


Estas edades se suelen formular  en el tiempo lineal al que llamaremos diacrónico;  esquema que desarrollan la historia y la arqueología. Tanto Hesiodo como quienes escribieran los Vedas, tenían en cuenta el punto de vista mítico, en el cual cada una de las edades constituía un elemento diacrónico, mientras que la sincronía estaba contenida en el quinto elemento


Para una mayor precisión, ubiquemos las eras en los respectivos extremos de  una cruz . Si unimos los mismos y formamos una circunferencia,  las mismas al recorrerla,  avanzan avanzan hacia un período de declinación creciente, y vuelven a iniciarse cuando la circunferencia se cierra.


El enfoque mítico incluye el quinto elemento, que en este símil sería una recta que atravesara en forma perpendicular el centro de la cruz. Correspondería al tiempo cero o tiempo nulo, que por un lado establecería una nueva dimensión y por el otro le brindaría el correcto contexto tanto  a la doctrina de las cuatro eras c omo a cualquier Artefacto Mítico Ritual del que tratemos. Es lo que llamamos la dimensión sincrónica; la que abandona la exterioridad e inicia el trayecto hacia el interior del hombre donde se encuentra el citado  Tiempo cero, es decir que no  puede encerrarse en los esquemas de la cantidad y que permanece invariable, lo que sería precisamente una contradicción con el movimiento incesante del tiempo..



En la concepción mítica de las eras, cada una de ellas contiene a las demás. De este modo, el Satia Yuga para los hinduistas o la Edad de Oro para Hesíodo, establecería un grado de declinación al iniciar el tiempo que invariablemente culminaría en la decadencia.


El tiempo cero, es el estado humano que corresponde a la carencia de secuencia, de sucesión.  Cuando acontece, no hay acontecimientos en el sentido corriente. Se trata de un estado de vacío; en japonés “Ku”, un estado al que sólo se puede acceder  por vía negativa. Un chamán o un buscador por llamar de alguna forma a quien se mueve en los límites del mundo, sabe que llega a él, que entró en el mismo, aunque no sea capaz de percibirlo en la conciencia. Es entonces cuando se recurre al mito, al relato casi siempre fantástico que intenta aproximar a los oyentes a esa dimensión que es incognoscible en términos de la razón o de los sentidos. 


El relato mítico describe acontecimientos que se encuentran en el límite preciso entre la sincronía y la diacronía; entre lo que ocurre en el mundo, ya sea el individual o el cultural y lo que ocurre en sus límites.. Cabe señalar que ese Tiempo Cero, está más allá de las contingencias y permanece inalterable. Volviendo a nuestro ejemplo, se encuentra al principio, a lo largo y al final de los ciclos, ya sea de los yugas o de las edades de Hesíodo. Se puede acceder a él buceando en lo sincrónico, es decir en la interioridad. Se corresponde al Nirvana, al Pardes. Debiera ser la expresión espontánea del ser humano. Si no aflora de inmediato,  es por los milenios de patología mítica que aherrojan y bloquean nuestra cultura.


En oriente, la conciencia de la dimensión sincrónica es mayor que en occidente, y es por eso que el oriental no lo seduce la idea de un apocalipsis, es decir de un fin de los tiempos. A pesar que uno de los modelos míticos arriba expuestos hacen referencia a los yugas y hay implícito un final del kalpa en el Kali yuga. Sin embargo, en la mentalidad cotidiana del oriental, no entra a jugar la enorme angustia que produce la prédica apocalíptica, llevada adelante por numerosas  iglesias cristianas de occidente. No se vincula al apocalipsis a una destrucción total , sino que el término, si es que puede encontrarse una traducción aceptable, podría referirse a etapas en la historia en las que predomina un olvido creciente del dharma y que finalmente son rectificados por un avatar o un evento cósmico que de alguna forma restaura lo perdido.


Lo que se busca con diferentes nombres es ese Tiempo Cero. Aquello que llamamos oscuramente la felicidad y que procuramos encontrar en diversos hechos contingentes: una pareja o un trabajo como la circunstancia más normal y mejor orientada, ya que ambos – labor y amor – garantizan la alimentación y el sexo, los dos pilares de toda espiritualidad humana. 


GOCHO VERSOLARI

2 Comentarios

  1. LA experiencia del estado sincrónico es cuando literalmente “perdemos la noción del tiempo”. Es estar imbuido en el momento presente, dejando a un lado la anticipación y la retrospección propias de la percepción diacrónica del tiempo lineal. Es un estado de flujo, o como vinimos a denominarlo con unos amigos “El arte de vivir bailando”.

    Destacando algunos conceptos relevantes que mencionas en el escrito:
    “la que abandona la exterioridad e inicia el TRAYECTO HACIA EL INTERIOR”
    “Cuando acontece, no hay acontecimientos en el sentido corriente. Se trata de un ESTADO DE VACÍO”
    “Se puede acceder a él buceando en lo sincrónico, es decir en LA INTERIORIDAD.”
    “Debiera ser la EXPRESIÓN ESPONTÁNEA del ser humano”
    “etapas en la historia en las que predomina un olvido creciente del DHARMA”

    Para ello es necesario conectar con la propia esencia (INTERIORIDAD, DHARMA), dejar a un lado el juicio y las expectativas sobre el mundo, como debieron, deberían, o deberán ser las cosas, (ESTADO DE VACÍO) y fluir en cada momento, en cada lugar (EXPRESIÓN ESPONTÁNEA).

  2. atardecerensantboidellobregat

    7 Marzo, 2017 at 15:34

    Buenísima y muy interesante reflexión Gocho. Un gran abrazo amigo.

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