Hoy quiero pedidos que a través de las páginas de este libro os atreváis a viajar con vuestra mente descubriendo una impresionante historia que no os dejara indiferentes para a continuación adentrarnos un poco en la Ciudad de los Sueños que lleva ese mismo nombre.

Este libro calificado como novela histórica  escrita por un escritor libanés Amin Maalouf, recibiendo el premio literario francés Maison de la Presse.

Se narra la vida de un poeta persa con muchas aficiones, filosofía, astronomía y matemáticas, Omar Jayyam adentrándonos en la historia de Persia en la época medieval, con todo lo que allí acontece, confabulaciones de la corte y las disputas políticas y religiosas de esa época encadenandola con la historia de Irán en los siglos XIX y XX  y los tristes designios de el famoso manuscrito de Samarcanda  donde  quedaron plasmados los Poemas de ensueño: Rubaiyyat – de Omar Khayyam, desapareciendo  con el hundimiento del Titanic.

Que no sabes que es el manuscrito de Samarcanda, es un libro escrito por Omar Khayyam en el siglo XI, titulado Los Rubaiyat, en el que setenta y cinco poemas de  4 líneas (Cuartetas), versos que se convierten en objeto de la curiosidad, estudio y moda durante la segunda mitad del siglo XIX.

Escritos en los que se alababan los placeres mundanos, el culto al hedonismo, metáforas como el gozo del espíritu y el amor.

Entremezcla personajes reales con ficticios, y se adentra en ciudades donde la historia milenaria se imprime.


Y ahora un pequeño viaje a través de esta ciudad cuyos reflejos azules  la convierten en la ciudad de los sueños.

Samarcanda, un sueño, reflejos azules, reminiscencias del ayer, ruta de la seda.

No tiene mar pero las crestas de las olas se visten en las curvas de las cúpulas en un paisaje irreal.

Encrucijada de culturas, hermoso espejismo como ya dijo en su momento Carlo Magno “Lugar que osa robar la majestuosa serenidad al mismo cielo”

Sólo su nombre nos transporta a un mundo mágico donde las historias fascinantes del misterioso oriente.

Incluso el viaje es todo una aventura, hay que llegar a Uzbekistán, todo un reto, viajar a la capital Tashkent vía Moscú o Estambul y desde allí en autobús o tren atravesando áridos desiertos y estepas infinitas, a nuestra vista, sorprendiéndonos, deslumbrandonos con los destellos de sus cúpulas.

La Plaza del Registán conserva su aspecto imponente, flanqueada por tres grandes y relucientes madrassas, cercana se levanta la silueta de la mezquita de Bibi Khanum.

Haz uso de tu imaginación y trasládate muchos siglos atrás, a la época en que esta ciudad era el punto estratégico de la ruta de la seda. Imagina el bullicio de las calles y mercados, gente por todos lados, buscando cambiar sus mercancías. Deleita tu mirada que produce encantamiento y te recuerda  a las mil y una noche.

Gran centro del saber, cualquiera que quisiera ser “un sabio” debía ir a estudiar a sus grandes madrasas, llegando a ser capital del imperio.

Ciudad antigua que data más allá del primer milenio. Fue Tamerlan, ya en el siglo XIV, la convirtió en ese sueño de color turquesa, capital de su imperio, cuyos monumentos actuales permiten trasladarnos por un instante a través del tiempo.

Ir a ver con los últimos rayos del sol, antes de que la noche someta al día, al bazar de Samarcanda, es todo un lujo, impresionante su cúpula XV.   Chorsu que significa cruce de caminos se destina actualmente a galería de arte.

Como no hablar del mausoleo Rukhabad, una leyenda dice que contiene siete cabellos del profeta Mahoma guardados en un cofre.

Y dejamos para el final el Mausoleo Guri Amir, una joya, fue erigido por Tamerlán en el año 1403 junto a una madraza  convirtiendo en una cripta familiar. Un patio rodeado de muros con cuatro bóvedas, una construcción  innovadora  para la época, convirtiéndose en un modela arquitectónico que dicen que influyó en el origen de la Tumba de Humayu en el mismísimo Taj Mahal. Pinturas y ornamentos en los que predomina el oro.

Su cúpula azul con 64 nervaduras de ladrillos esmaltados, sus tonos amarillos o turquesa, su pequeña cripta subterránea con mármoles labrados.

Cuenta una leyenda conocida como La maldición de Tamerlán que en el año 1941 los rusos levantaron la pesada tapa del sarcófago que guarda los restos de Amir timur y una brisa fría recorrió todo el lugar.  En la tapa estaba escrito ” Cualquiera que viole mi tranquilidad en esta vida será objeto de un castigo inevitable”. Un mes después los nazis invadían Rusia.

Dejar atrás Samarcanda y girarnos a contemplar su grandeza, y darnos cuenta de un detalle, se alzaba con orgullo en medio del desierto, centro de todos aquellos caminos, carreteras y corredores procedentes de Europa, de Persia, de India o de China.

 Un sueño impregnado de tonos azules.

Luz.- Marzo 2017