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Categoría: REFLEXIONES (página 1 de 35)

Estas en la categoría Reflexiones aquí nuestros escritores escriben lo que tienen dentro .La reflexión o meditación, es el proceso que permite pensar detenidamente en algo con la finalidad de sacar conclusiones. La reflexión, por lo tanto, puede ser dicha actividad de pensamiento, pero también su expresión material. Una carta o una nota periodística, en este sentido, pueden ser reflexiones.

Sonrisa Insolente

Hoy me apartas de un zarpazo de tu vida, de tu juego.

Sin lamentos. No te juzgo. Incluso huyo.

Exigías las respuestas. Imponías las preguntas.

Suspendías mis acciones. No aprobabas mis avances.

Ya mis logros no son tuyos. Ni mis retos tu recreo.

Nunca sentí calor en tus besos.

No hubo amor en los encuentros.

No eres dueña de mi alma.

Ni causante de mis sueños.

No fuí hombre en tus brazos.

Anulaste pensamientos.

Soy cobarde al no enfrentarme,

a tu corazón de hielo.

Yo decido mi futuro.

Lejos.

Hoy dimito para siempre.

Y no creas que yo sufro.

No te quise, ni te quiero.

Tu sonrisa insolente,

me declara insolvente.

Y yo exigo,

mi despido improcedente.

Tengo mis derechos.

Nunca fuiste mujer suficiente.

By Miriam Giménez Porcel.

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Secuestrada

Secuestrada

 

SECUESTRADA

Siento que me tienen amordazada, encañonada contra la pared. También siento cómo me bloquean. Todavía no muestran sus caras, son viles, cobardes, irracionales.

He conocido gente que me ha dicho que tire de mis cadenas, que están atadas a un pequeño tocón del que podría escapar con facilidad. Pero no sé por qué no puedo creerles. Yo no lo siento así. Me siento amarrada a la pared como si estuviese en una gigantesca Cruz de San Andrés, desnuda y sin escapatoria posible. La mordaza de mi boca impide mis gritos, mis quejas. En definitiva, impide que moleste.

No sé quiénes son mis secuestradores. Solo sé que son imparables. No dejan tregua. Noto cómo me asfixian, cómo me azotan hasta que no puedo más, hasta que solo quedo reducida a un despojo humano, que no sirve para nada. Y sin meter bulla, mucho mejor.

Me da mucha rabia que no muestren sus caras. Llegan prepotentes, mostrando su superioridad. Y cuando se marchan me dejan allí, tendida en el suelo, aferrada a mi cadena. Sin que nadie pueda ayudarme, pues mi ayuda solo puede provenir de mí misma.

Hace poco cometí una osadía. Me giré cuando se alejaban, dejando ese poso ácido en el estómago, ese nudo tan característico de su llegada. Eran pocos, bajitos y cobardes. Eran mis miedos, los que me impedían romper las cadenas que me tenían sometida. Podré con ellos, lo sé. Y cuando me libere de ellos, al fin podré ser yo misma, nadie volverá a anularme jamás. Estaré un pasito más cerca de la felicidad.

 

 

 

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El secreto de la Felicidad

Nadie dijo que sería fácil.

Ni rápido.

Nadie pensó jamás que algo tan efímero estuviera tan cercano.

En tus manos.

Y se te escapa, cual arena deslizándose sin remedio, si tú no las juntas, la cierras y la mantienes guardada,

como un tesoro preciado.

No permitas que se escape por las ranuras.

Lo pasado ya no vuelve.
La felicidad no se compra.

Ni se entrega y mucho menos se regala.

Se siente.

Se provoca.

Se magnifica,

en todo caso,

para contagiarla.
Hay quien jamás la alcanza.
Hay quien se siente juzgado por expresarla.
Nunca el rico lo fue, si no supo apreciarla.
Nunca el pobre quiso creer,

 que eso era, lo que otros le envidiaban.

La felicidad no se compra.

Ni se entrega, y mucho menos se regala.

Los besos, los abrazos, las sonrisas, las conversaciones de madrugada, las miradas cómplices, las pícaras, las inocentes y las robadas.

Un paseo en bicicleta en primavera, un chapoteo en los charcos en la tormenta, un helado de fresa, de mango o de lo que quieras, compartirlo, saborearlo, mancharte la cara.

Los sueños, las ilusiones, las llamadas sinceras a media mañana, los mensajes únicos que envías sin pensar, los amaneceres acompañados, o en soledad para saborear la calma, los atardeceres de amigos, los masajes, los susurros, los retos, las ganas locas de ser besada, las duchas al despertar, los baños relajantes con velas y esa llama parpadeante, implorando no ser apagada.

Nadie dijo que la felicidad fuera clara,

ni que la vendieran.

Ni siquiera puede ser robada.

Cada una de estas acciones,

son gratis y no hay que pagarlas.

Solo vivirlas. Disfrutarlas. Sin excusas, ni vergüenza, ni forzarlas.

“Es el secreto de la felicidad, que todos claman,

está en uno mismo,

solo depende de ti alcanzarla”

By Miriam Giménez Porcel.

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