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Categoría: REFLEXIONES (página 1 de 46)

Estas en la categoría Reflexiones aquí nuestros escritores escriben lo que tienen dentro .La reflexión o meditación, es el proceso que permite pensar detenidamente en algo con la finalidad de sacar conclusiones. La reflexión, por lo tanto, puede ser dicha actividad de pensamiento, pero también su expresión material. Una carta o una nota periodística, en este sentido, pueden ser reflexiones.

No es lo mismo

Hay muchas formas de maltratar.

Y no es necesario que sea levantando la mano.
Hay muchas formas de faltar el respeto.

Y no necesariamente es insultando.

Reflexiones By Miriam Giménez Porcel.

Los pliegues de mis manos

Siempre me llamó la atención que mis manos tenían pliegues aún siendo joven. Ahora se que es por que son la señal de mi paso por esta y muchas otras vidas.

Miro detenidamente mis manos y recuerdo las muchas veces que he dicho que me pusieron las que pertenecían a una persona más grande que yo.

Desde hace tantos años con arrugas que guardan las historias cobijadas desde vidas atrás, pliegues que esconden risas, lágrimas, pasiones y la lucha interminable por sobrevivir.

¿De qué hablan las arrugas que llevo en estas manos de unos cuántos soles?

Hablan de historias antiguas.

De aquella emperatriz que secretamente se enamoró del hombre más poderoso del mundo y perdió la cordura a cambio de la locura del amor prometido como eterno; de la pasión estallada en cada una de las entregas que hubo entre él y aquella antigua yo misma.

Veo cada una de las marcas en mis manos y las acerco lentamente a mis oídos mientras me hablan de la sabiduría y la plenitud de la hechicera que un tiempo habitó en mí misma otro cuerpo y ahora vive en el mío; me enamoro, a través de ellas, cada día de la fuerza y la mezcla con la que nací hecha de mis propias experiencias y de lo que vi pasar.

Mira tú, esas manos que pertenecen al cuerpo que tomaste en este plano, recuerda aquellas historias que escribiste en el pasado y hónralas a partir de acariciarlas y pasarlas por tu cara en actitud de remembranza y agradecimiento.

Hoy me sucede, que tomo mis manos, una con otra y recuerdo mi propia novela.

Veo a aquella mujer que vive en tierras del norte y termina su vida sin más compañía que unas cuántas vacas y los árboles que la acarician, la que vive entre paredes de piedra y es terrenalmente tan pobre que se desarrolla y vive entre mantas sucias de pieles curtidas para la comodidad de alguien más y no para ella. Ella, que vestida con gruesas telas negras de lana tejida sin estilo ni formas elegantes, murió sola teniendo la experiencia celestial pacífica que todos quisieran tener.

 

Mis manos, con arrugas desde los quince años, que cuentan la historia de Ana que caminando de la mano de su amado es abandonada por el sin detenerse a mirar el corazón que le convertía en añicos.

Ana que ante aquel desfalco amoroso vio su corazón en mil pedazos y se dejó caer sobre la acera en dolorosa posición de ovillo desvalido, ella que en ese momento prometió no volver a amar a nadie de esa manera ni llorar una sola lágrima por un hombre que no supiera amarla hasta “los huesos” como ella lo hacía.

Mis manos que de nuevo me hablan de una visionaria que se enfrentó a las grandes sociedades para luchar por los derechos de la gente “de color”, de la emoción indecible de encontrarse ante las masas luchando con las palabras para reconocer la valía e igualdad de todas y cada una de las personas. La que, de nuevo muere sola en la paz de su lecho, la que me regaló la luz de la vida que contemplo hoy.

Y por supuesto, que me hablan de lo que soy hoy. De la fuerza que corre por este cuerpo, de la magia con que riego este mundo cada día, de los amores vividos y perdidos, de la vida que regalé a dos almas, del simple gozo de vivir cada día.

Doy gracias a estas manos pre- arrugadas que no pertenecieron a alguien más, sino a la grandeza de mi paso por el universo.

A la luz que ponen en este mundo al escribir, abrazar, coser, amar, expresar al canto de la vida, meditar y simplemente vivir día con día.

Observa tus manos, mira y ama sus pliegues y recuerda tu vida y tu fuerza a través de la historia que has escrito durante tantas y tantas lunas.

Reflexionando y cuestionando (me)

A veces siento un leve dolor de estómago cada vez que me siento ante el teclado con el firme propósito de escribir. Mientras llega algún tema a mi cabeza, miro a mi alrededor, recuerdo paisajes. La mayoría de las veces mi mente hiperactiva se dedica a curiosear por las redes, la mayoría de las veces me pierdo y sencillamente se me pasa el tiempo que se suponía iba a dedicar a la escritura. Otras sin embargo, las menos, consigo adentrarme en mi misma y sacar lo que llevo dentro en ese momento, como hoy. Como tantas veces, dejo que todo salgo así a borbotones, lo he dicho muchas veces, pero para aquellos que me leen por primera vez, siempre he dicho que escribir para mi es como vomitar, todo hacia afuera, con dolor, con lágrimas muchas veces, me libero de todo aquello que me corroe por dentro, o al menos eso había pensado siempre. Recientemente soy consciente de que lo más desgarrador queda siempre dentro, y pellizca tus órganos hasta hacerte aún más daño que cuando lo expusiste, quizás por eso tengo la sensación de que algo no estoy haciendo bien.

Hoy, después de leer el artículo que publica El País sobre Javier Marías he sentido la sensación de ser una usurpadora, de que posiblemente no debería nunca haber escrito ni una letra. Hay que dejar a los “escritores de verdad” las palabras y marcharme de una vez de este mundillo en el que creo no pintar nada.

No os molestéis bajo ningún concepto en intentar acariciar mis oídos u ofrecerme mensajes de ánimo, porque no es lo que busco con este escrito, aunque muchos pensarán que si. Lo siento, volvéis a equivocaros como tantas otras veces.

Con la excusa de seguir escribiendo me he mantenido en lugares donde no quería estar, pero ahora que finalmente puedo observar con algo de perspectiva, y sopesando en la balanza lo que de positivo y negativo estos años me han aportado, no puedo por menos que sentirme angustiada.

He recibido insultos de gente que bajo cualquier propósito y sin siquiera haber leído una palabra de mis blogs, han aprovechado la oportunidad gratuita para atacarme diciendo que no se escribir. Algunos me han vapuleado y vilipendiado, se han contado miles de mentiras que un alto porcentaje de gente ha ido extendiendo en estos años, sin siquiera haberme conocido o hablado jamás conmigo.   Si, claro que tengo amigos, algunos incondicionales que me leen con asiduidad a los que agradezco enormemente sus minutos de tiempo, porque soy consciente de que el tiempo la única moneda de cambio más alta en esa inexistente entidad bancaria que poseemos a nivel individual cada uno de nosotros. Y eso si es impagable.

Tienes razón Javier quizás nunca debió ver la luz ni una letra de esta vecina de letras, que no colega, ni compañera, aunque si intrusa, para eso haría falta tener la entidad que ustedes los profesionales tienen.

Todos los amigos de letras que tengo me han animado siempre a publicar mi propio libro, y mi respuesta ha sido siempre la misma: “Nunca lo haré porque no me veo con la entidad suficiente a mi misma”. Quizás en el terreno epistolar tendría alguna cabida, pero desde luego, no me valoro tanto como para ver mi nombre en una portada, y mucho menos mi foto en una contraportada. Eso os lo dejo a los valientes, a los que sabéis de verdad lo que valéis.

Creo que mi problema parte de mucho más adentro de mi misma.

Conocí a una jovencita hace unos días, por una APP donde realicé una compra, de esta gente a la que no conoces, quedamos en un sitio cerca de casa e intenté antes describirme a mi misma para que me reconociera. Aparte de una señal física que era un abanico de un cierto color, me describí como una señora mayor, gordita y feita. Cuando la muchacha llegó con su enorme y flamante cuatro por cuatro azul marino, aparcó y me dio un abrazo, me regañó por la descripción que le había dado y me dijo que, de no ser por el abanico, nunca me habría reconocido. “¡Hay que quererse más!” añadió, mi respuesta fue que eso llevo toda la vida intentándolo y aún no lo he conseguido. Probablemente nunca lo consiga, pero lo intento.

Y no es falta modestia, de verdad, lo prometo. No me siento capaz a pesar de haber tenido la osadía de tener mi propio blog, y colaborar en otros, de seguir escribiendo, en eso coincidimos sin embargo Javier, siempre pienso que nunca más voy a escribir y luego surge algo… Y vuelvo.

Una vez en mis comienzos, ejerciendo cierta corresponsalía un eminente periodista del mismo campo hizo un comentario sobre mí, que creo si se ajusta a cómo realmente me siento. El dijo “No sabe hacer una crítica, pero es como la entrañable carta de ese amigo que ha hecho llegar todo lo vivido, como si yo mismo hubiera estado allí”. Gracias Diego, siempre recordaré eso.

Lo dicho Sr. Marías, tranquilo que algunos intrusos de estos que publican novelas o poemas con cierta alegría, no esquilmarán ni en un sólo euro sus derechos de autor, eso que los intrusos no cobramos, y en mi caso, nunca cobraremos, para seguir escribiendo cartas llenas de sentimientos a los que tienen a bien prestarnos un poco de su tiempo.

Por cierto el post que tenía preparado para hoy, no era este, pero ha surgido y ya de paso… Como escribo sobre lo que siento, este es el resultado. La otra historia es tan atemporal que puede ir en cualquier otro momento.

@carlaestasola

Madrid, y lo mucho que me deprime a 8 de Septiembre de 1017 a las 15:30

 

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