Quiéreme como tú quieras, como tú sepas, como tú puedas, cómo tu entiendas que es el querer. 

Pero no me engañes.

Quiéreme en silencio, sin los gritos, ni las necedades, sin sentidos de incultura,

quiéreme con todas las verdades. 

Que se vea en sonrisas.

Que se observe ese orgullo que se siente, cuando miras al que quieres. 

Cuando escuchas sus palabras. 

Cuando asientes mientras habla. 

Y te pierdes en su rostro, en sus facciones, en sus modos.

Prácticamente no oyes nada, estás en una nube, y le admiras. 

Y lo amas.

Quiéreme así, como te digo. 

Sin miramientos. 

Porque eso se sabe si sí o si no.

Cuando se mira a la cara. 

Y si no me quieres no me huyas, no me ignores. 

No me tientes con hipocresías, o medias verdades. 

Dímelo  la cara. 

No te gusto, no me quieres, no te lleno, no deseo ese cuerpo, ni esos labios, esas manos que acarician, no las siento. 

Dímelo a la cara.

Para dejar de perder el tiempo. 

Porque duelen las verdades.

Pero duele más una mentira, larga, mantenida en el silencio. 

De esas que se asimilan, que se sienten porque no se siente. 

Que se lloran, aun sin lágrimas, y persiste en el ambiente.

Quiéreme siempre con esa mezcla de placer, cariño y suerte, de estar

con la persona que tú quieres.

By Miriam Giménez Porcel.

 

About Miriam Giménez

Adoro escribir y contar desde mi punto de vista, que la vida es todo lo bonita que nosotros la queramos vivir.