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Categoría: PROSA POÉTICA (página 1 de 2)

¿Y qué espero?

 

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Avanzan las nubes entre amaneceres y ocasos;
y nada, absolutamente nada,
rescata la piel
que cuelga del acantilado…
Sé que sale el sol cada día,
pero no todos los soles
son esperanzas,
no todos traen consigo
nuevas energías…
Así se seca el colgajo
que ansía ser
piel repuesta…
Desvanece la noche al alba
y se mantiene un poco más
la ventana cerrada,
por una rendija
vence la luz
en cristales eternos
y no se sostienen destellos inmaculados,
hay demasiadas sombras
en los cubículos etéreos…
Y se pierde segundo a segundo
vida entre el misterio…
Se acrecienta la incertidumbre
de la fina línea
que une este instante con el venidero…
¿Y qué espero?

 

Viviana Lizana Urbina

Y soñó…

 

 

 

 

Y soñó con volar y ser libre para siempre y se construyó unas alas con suaves algodones que emprender el vuelo permitiera al corazón.

Y quiso  navegar por los profundos mares y océanos abiertos sin pensar en posibles miedos ni en volver a naufragar.

Y construyó una nave para iniciar el rumbo de voluminosas velas dotada que la tempestad no hiciera zozobrar.

Y se reconoció a si misma como propia capitana y como única soberana proclamó a su libertad.

Y de su corazón nacieron nuevas ilusiones de saberse dueña y señora  de su reino, sin que  manos ajenas se lo pudieran arrebatar.

Y cruzó los límites de su propio miedo y venció  la pesadilla que la mantenía presa , se deshizo de los grilletes que a su vida encadenaba y marcaban retroceso  impidiéndole avanzar.

Y recorrió paisajes bellos, jamás imaginados y elaboró en su mente nuevas fantasías sin normas ni imposiciones ni excusas ni mañanas, ni postergar por más tiempo el disfrute de momentos de plena felicidad.

Ideó la vida pensando en el presente, sin oscuridades del pasado que enturbiar pudieran el alma ni futuros inciertos que quedaran por llegar.

Y se arrancó del pecho el puñal que lo atravesaba y en su cuerpo que aún ardía con sangre tatuó su paso por la vida con mágicas palabras de AMOR Y LIBERTAD .




y extirpó de raíz todo el dolor que en su baúl guardaba y después de sanar el alma ningún rastro de las heridas en él se reflejó.

Y surcó océanos y se internó en el cosmos y la luz que en otro tiempo de ella rehuía abrazó por fin su alma y ahora juntas vuelan y por el Universo se expanden  inhalando esperanza y proclamando libertad.

 

 

Imagen de la red

¡Ven aquí, mariposa!

Ven aquí, mariposa

 

¡VEN AQUÍ, MARIPOSA!

 

Esa niña que pasea por el campo, bajo el sol, podría haber sido yo misma, hace años, tierna flor. Va pensando en la alegría que siente cuando el sol la quema, no se detiene a pensar tonterías que le den pena.

Con su vestido de cuadros la niña corriendo va, ha visto una mariposa muy cerca de ella volar. Yo la observo desde lejos, no quisiera entrometerme en las ilusiones de un niño pero sé que se mariposa de la niña huirá por siempre.

Ella no ceja en su empeño, va riendo, con las mejillas encarnadas y el vestido recogiendo. Pues teme dar un traspiés, perder a la mariposa entre las flores del campo y ya no volverla a ver.

¿Cómo explicarte mi niña que en la vida hay muchos sueños que se ven truncados aún siendo tu mayor deseo? Que la mariposa huirá siempre por mucho que la persigas, ella no entiende a la gente, pensará que es que la hostigas.

Desde mi asiento de colcha verde como los trigales, sigo observando a esa niña, que busca amor a raudales. Tengo ganas de llamarla, de decirle ven conmigo, pero la dejo tranquila, es su juego, es divertido.

¡Ven aquí, mariposita!, escucho a la niña decir. Cómo si fuera a escucharte, eso pienso yo para mí. Pero la sigue llamando, y la mariposa vuela y vuela, de ecos está llenando mi niña toda la pradera.

Y mientras la mariposa va corriendo entre las flores, la niña va presurosa a cogerla sin temores. Pero es escurridiza, las alas comienza a batir, veo el fastidio de la niña, que se le pasa sin sentir.

No sabes cuánto quisiera parecerme a ti un poquito, volver a ser aquella niña que no paraba un ratito. Pero el tiempo pasa raudo, la mariposa se va, la niña no se detiene. ¿Hasta dónde llegará?

Me adormezco unos instantes, la luz del sol me camela, la niña sigue constante tras su mariposa que vuela. De pronto veo un milagro, escucho su vocecita, la niña está cantando, acariciándole una alita.

Igual que la mariposa que la niña logró coger, igual vendrán esos sueños que no debemos temer. No quieren hacernos daños, como nosotros tampoco, por eso hoy sé que se cumple, aunque puedan pasar años.




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