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Peleando contra el amor

Domingo quieto, poca gente caminando sobre la avenida. Suele ser común,además de aprovechar el fin de semana para descansar lo mejor posible.Pocos autos, da la sensación de tranquilidad, si así fuera siempre…Pero bueno, me dispuse a disfrutar esos momentos, había que aprovecharlos. Llegue a la plaza del centro, típico, la iglesia principal y frente el palacio de gobierno. Majestuosas construcciones antiguas y de arquitectura colonial. Hasta adentrarme al  típico parque también, que no debe faltar en un centro de cualquier ciudad.

 Parecía un vagabundo demente, caminando a paso lento y por lapsos deteniendome.Observaba algunos niños tirando maíz a las palomas que se asobronaban para comer, les divertía asustarlas y verlas volar en montón. algunos otros, saboreando helados, algodones de azúcar o cualquier golosina,  no tardó algún recuerdo de mi infancia en llegar a mi mente. Cuando llegue a los jardines centrales, no había nadie, todos se movían alrededor.

Solo una chica sentada sobre el césped y recargada en un árbol. Cómodamente leia, estaba metida en su historia que nada la hacía mirar en otra dirección. Realmente se veía tan tierna, una blusa a cuadros amarilla y unos jeans azules, al lado tenía un bolso de piel, de esos artesanales. Si que era linda. Discretamente me senté bajo otro árbol que daba de frente a ella.

Unos pequeños arbustos combinados con rosales me cubrían bastante. No quería incomodarla ni distraerla. Solo admirarla, sentir esa paz que con suquietud transmitía. Qué más podía pedir para descansar y relajarme? Pensaba, en que debí haber llevado un libro, al menos para disimular. Mientras recargaba mi cabeza en el tronco del árbol.

De pronto un ruido sobre mi, entre las ramas, lo que faltaba!, pensé.Un pajarillo o alguna ardilla que quiera reclamar su espacio, vaya inoportuno. Lo que menos quiero es esto, solo deseo mirar incansablemente a la chica.

 Sobre mis piernas cayeron un par de plumas blancas, suaves y no comunes,

al menos en los pájaros que por allí suelen estar. Llamaron mi atención.

Me hinque de frente a el árbol para observar qué ave podría ser.

todos mis movimientos fueron cautelosos, no debía distraer a la princesa

que leía.

Algo me asusto!… alguien se escondía entre las ramas y hojas moviéndose

más arriba, de pronto cayeron más plumas blancas.

-Hey niño! -deja de bromear y baja- -déjame tranquilo-

 Solo eso se me ocurrió decir, sin saber qué o quién era en realidad.

Más preocupado me sentí al ver una punta delgada en dirección a mi.

Apuntaba a mi cuerpo y, de repente se direccionaba hacia la chica.

-Oye!, déjate de estupideces, alguien saldrá lastimado-.

Todo en tono bajo, no quería llamar la atención, vaya lío!.

Parecía divertirle direccionando esa punta hacia nosotros, -Maldición!-…

Se termino mi, tranquilidad, mi paz y mi paciencia.

Como pude desprendí mi zapato y sin dejar de mirar al árbol, lo lleve a mi mano.

-No puedo fallar o estare perdido!-.

 Me moví hacia un lado y aprovechando que se cambio de rama, !zaz¡…

Conseguí desestabilizarlo, y caía de rama en rama amortiguando golpes.

No podía creer lo que veía. Y tampoco tuve mucho tiempo. Cayó sobre mi

y terminamos tirados sobre el césped.

Me fui sobre él y lo aprisione contra el piso, mientras entre los arbustos, miraba

a la chica, para observar sus reacciones… Parece que no lo noto!.

Cuando baje la mirada no podía dar crédito a lo que veía.

Era cupido… Si!, el mismo!

 Se agitaba y revolvía queriendo escapar y sin soltar su arco, intentaba flecharme.

no se lo permiti. Rodamos en todas direcciones, me puso los pies sobre la barbilla,

me tomó de los cabellos, mientras yo lo tome de las alas y del cuello.

Vaya que sí tenía fuerza el desgraciado!

Se me solto un momento, e intento flechar a ella entre los arbustos.

Lo jale de los pies, mientras me golpeo la cabeza con su arco.

Y así estuvimos, no se cuanto tiempo, luchando y forcejeando en el piso.

Casi termino desplumado, y yo despeinado y sucio.

 Cansados por la batalla, tomamos un poco de resuello.

De pronto al mirar entre los arbustos, ya no estaba!, ella se había marchado

y nunca supimos en que momento.

-Ves lo que provocas?-

-Solo quería admirarla y disfrutar su paz!-

-Y tú empeñado en querer enamorarnos!-

-Haz arruinado mi domingo!, el único día para descansar-

-Nooooo!

 -Y tú haz arruinado mi trabajo!- -a eso vengo a la tierra-

-A traerles el amor, solo bastaba que dejaras flecharlos-

-Eres un idiota!, tenias que descubrirme!-.

-Pudrete!- y allí quédate solo… Si así quieres estar-

Me rompió la flecha en la cabeza y se echó a volar…

Poco a poco me puse de pie y observe a mi alrededor, salí discretamente

y camine, no vi a la chica por el lugar. Nunca imaginó que pudo

haber salido enamorada esa media tarde.

Me diriji a la avenida y todos me miraban con la ropa sucia de tierra y los

cabellos alborotados.

 Llevo varios domingos sentandome en el mismo lugar, pero ahora si

con un libro, por aquello de las dudas y ella volviera.

Lo más grave, que cupido quedó molesto y no va a ayudarme.

Lo he pensado bien, tendré que hacer labor yo solo, digo, por si ella vuelve.

La verdad, es que esa vez no me sentía todavía preparado para enamorarme.

Después de todo, creo que los golpes que me propino cupido

me hicieron recapacitar, solo espero no sea tarde…

Xavier H.©  2015

About Xavier Hernandez

Encontré en las letras un desahogo de mi mente que se mantiene inquieta en ideas. Vivo un mundo de fantasía, siguiendo muy de cerca la realidad. Pienso que las historias no deben morir en la nada y darles eternidad plasmadas en tinta y papel.
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10 Comentarios

  1. Gracias Xavier por traernos esta versión del trabajo de cupido y la estupidez del hombre. O tal vez no era su momento, el de enamorarse. Dejarse llevar.

  2. Muy buena historia de cupido. Un abrazo

  3. Moraleja, abre la puerte al amor. Buen relato, saludos

  4. marijoseluquefernandez

    15 Febrero, 2016 at 21:55

    No era el momento, cupido también se equivoca. El relato es muy bueno Xavier.

  5. Excelente relato en el que el hombre aún no está dispuesto al amor, pero luego él luchará por sus medios para conseguirlo, pues lo hará cuando se sienta que es momento oportuno.
    Un placer Xavier leer tus letras.

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