El mar

El mar

El mar

como el lugar

donde ocurren las cosas,

donde las calaveras de arena

asustan a los niños

y las gaviotas no encuentran

el camino de regreso a casa.

El mar

como el espejo

donde siempre finalizan tus ojos,

donde el horizonte por fin se hace agua



y nuestras pieles hermanas

regresan mojadas a casa.

El mar 

el lugar donde se bañan los sueños.

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Retomando los sueños o morir en el intento

Cuando nos atrevemos a perder los sueños que nos daban vida y eran nuestro motor, ésta se convierte en hastío y latencia que hacen que parezca que no estamos vivos.

Me encadeno al reloj cada mañana, me levanto a las cinco y media de la mañana y hago todo lo necesario para llegar a tiempo al trabajo.

Un trabajo cómodo y sin complicaciones, un trabajo que ocupa casi diez horas de mi vida cada día, y que, me lleva tan cansada a casa que me olvido de mis ilusiones y de todos los sueños que tenía aquella niña pura que hoy no me perdonaría en lo que la he convertido.

Hoy, como todos los días llego, ya sin tiempo de abrir las ventanas y recojo los pequeños destrozos de en la mañana; lavo unos pocos trastes, doblo ropa, veo la TV por unos minutos y me recuesto sobre mi cama, que parece, es lo único que me abraza con fuerza en estos días.

-No puedes seguir así- escucho – medio muerta y medio viva

– ¿Qué pasa? – Digo apesadumbrada, hasta caer en la cuenta de que estoy sola.

Nadie, además de mí, se encuentra en casa.

– Levántate y ven. Mírame a los ojos- me grita ahora uno de los cuadros que tengo en la pared.

Y, aunque no lo puedo creer, me levanto y en movimientos fantasmales me acerco al cuadro, apenas percatándome de que la que me habla es la fotografía de mí misma tomada hace tantos, tantos años. Me habla la foto de aquella muchacha de apenas dieciséis años que alguna vez fui.

Me toma de las manos, de una manera tan suave y lastimera que casi hace que mis ojos se llenen de agua me interna en su mundo, haciéndome pasar por el marco de la fotografía como si fuera una puerta. Una puerta a mi propio pasado.

Ahí pierdo cualquier zozobra que me causara temor o inquietud por estar en esta situación tan irreal, tan sin razón.

Entonces, comienza la magia. La magia que trae hasta mi nariz el olor a sopa casera, la visión de las rojas malvas y el aroma a azahar de las manos de mi abuela; casi como si pudiera mover y mezclar cada sensación entre mis manos.

Avanzo unos pasos y sin tocar, estrecho las manos de esa muchacha entrando al mismo tiempo en sus ojos y en sus más íntimos deseos; sintiendo un gran placer por la esperanza del futuro, las ilusiones del primer amor y el hambre por la vida que se teje entre sus manos.

-No lo logré- le confieso – no alcancé los sueños que tenías

Sin poder contener las lágrimas, recuerdo todo aquello que hice para que sus ilusiones se tornaran en despojo, en la nueva frustración de cada día, en la rutina asesina que me regaló un presente muerta en vida.

Así, como su edad lo permite, ella simplemente toma mi frente y me dice que no me preocupe, que cada día que pasa aún es tiempo de salir a renovarse.

Me cuenta del baile del fin de semana, de la primera cita que tendrá con él, del viaje a Europa que hará cuando cumpla veintidós, del trabajó glorioso que emprenderá. Y es ahí, justo ahí en donde comienzo a atar los cabos de mi pasado y de su futuro; a mirar en dónde até todo mal, en dónde uní piezas que no embonaban.

-Te enredaste en tus quehaceres, tomaste el rumbo difícil- La vida era tan fácil antes de que le enredaras tus inseguridades y tus temores. – me dice en un tono más lastimero de lo que mi razón puede soportar.

– Elegiste el camino en que la vida se encargó de ti, no tú de ella

Son palabras que golpean mi alma con tanto dolor como la masa de un tronco en su implacable caída contra el suelo y el dolor es demasiado intenso. Tanto que no noto en dónde duele más. No sé si me duele el cuerpo, el alma o el peso de mí misma.

Abro los ojos y distingo la luz de la cortina, el olor de mi almohada y comienzo a sentir mi cuerpo.

Estoy en mi cama, recostada, con un intenso dolor que no me permite moverme; observo los cuadros, las fotos y escucho una voz joven que no para de hablar, que tiene demasiadas cosas que decir.

-Levántate – Grita – No de la cama, levántate y sal a la vida.

-Toma un sorbo de aire, de flores, de árboles.

-Bébete las nubes

Intento ponerme de pie, pero las piernas no me responden. No me responden porque mi alma no me responde; por lo que me quedo recostada pasando cada escena de esta vida que me tiene en este momento aquí postrada. Cada instante, cada decisión, cada dependencia, cada historia sin final feliz.

Conforme pasan las horas, mi cuerpo comienza a recobrar sensaciones, comienzo a ser consciente de mi momento presente y, por fin puedo ponerme de pie.

El tiempo que ha pasado no lo puedo cambiar, las cosas que han pasado no las podré cambiar, pero la vida misma la puedo recuperar, así que en absoluta humildad acaricio los ojos y las mejillas de la yo que se encuentra en la foto de la pared y le prometo que a partir de hoy y con muchos años más a cuestas, buscaré y gozaré de esa primera cita, del primer baile, del  brillo de las mañanas y las estrellas de cada noche, del viaje que haré en menos de doce lunas.

Entonces, en un gesto casi imperceptible, ella me mira y asienta sabiendo que esta vez lo lograremos juntas.

-No morirás en el intento dice- nunca es tarde para vivir.- Sólo esta vez, no te equivoques, acierta cada mañana.

 

 

 

 

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Conocí una Sirena

Conocí una SirenaCada mañana, apenas clarea el alba la veo pasar camino a la playa. Mientras estoy tomando mi café, pasa frente a la ventana con religiosa exactitud y su pelo ensortijado peinado por el viento.

Trabajo desde casa y por mi formación de ingeniero estructurado y planificado, he desarrollado una disciplina para poder producir y desempeñarme bien en las responsabilidades a las cuales estoy asignado. Así es que tengo mi horario para desayunar, almorzar, empezar y terminar mi jornada, además de descansos programados dentro del día. Cada día de la semana está programado con anterioridad y mi vida transcurre sin contratiempos.

Esa noche, tal como estaba marcado en mi calendario, la luna llena se asomaba en todo su esplendor sobre los cerros de mi pueblo. Un espectáculo maravilloso que sin duda disfruto cada veintiocho días.

Mientras miraba la luna asomar, empecé a sentir una brisa en mi cara. Una sensación agradable sin embargo desconocida. Ese viento nunca lo había sentido antes y empezaba a intensificarse aún cuando el informe de meteorología no lo anunciaba.

Desperté un par de veces en la noche con el sonido de las ramas de los árboles golpeando contra mi ventana. Definitivamente, ese viento era diferente.

Al despertar, sentí un silencio profundo a mi alrededor. Ya al abrir los ojos y terminar de despertar, me di cuenta que había una falla de electricidad, por lo que todos los artefactos eléctricos estaban fuera de servicio. Eso incluía mi computador y la conexión a Internet.

Malas noticias, mi planificación de la semana se derrumbaba con este acontecimiento…

Mientras preparaba desayuno, la vi pasar nuevamente rumbo al mar. Esta vez su pelo brillaba de una forma diferente, muy llamativa. Mire como se alejaba mientras mi cabeza pensaba en como recuperar el tiempo perdido de trabajo.

Trate de ordenar algunos papeles, pero la imagen de su pelo acariciado por el viento estaba grabada a fuego en mi cabeza. Era imposible concentrarse en otra cosa que no fuera su imagen.

No pude evitarlo, salí caminando tras su huella en dirección al mar, con la esperanza de verla nuevamente.




Recién amanecía, los primeros albores de luz empezaban a dibujar azules y violetas sobre un telón negro con estrellas. Era un espectáculo maravilloso que nunca había visto, pues a esa hora ya estaba enfrascado en computador.

Seguí caminando y al acercarme al mar, me recibió la luna llena, inmensa y en su camino a esconderse en el mar. Me detuve, todos mis sentidos se concentraron en disfrutar el momento y mientras la veía posarse sobre el horizonte, noté una silueta recortada contra la luna.

Era ella, la misteriosa mujer de cabellera brillante que delicadamente se despojó de su vestido y con gráciles movimientos se zambulló en el océano y empezó a nadar hacia la luna mientras en mi cabeza sonaba una dulce melodía. Cerré los ojos y me deje llevar por el momento, olvidándome completamente de mi trabajo. Cuando abrí los ojos, ya no había rastro de ella.

Después de ese día, nunca más volví a ver sus cabellos pasar frente a mi ventana. He regresado a esa playa innumerables veces buscando algún rastro, pero ha sido en vano.

En noches de luna llena mientras veo la luna aparecer sobre los cerros, siento esa brisa especial y esa melodía vuelve a inundar mis sentidos.

Nunca supe quien era, nunca más la volví a ver. Ya tampoco soy esclavo de la planificación y  cada vez que cierro los ojos y hago una pausa, vuelvo a ver su pelo brillar y a escuchar esa dulce melodía.

Conocí a una sirena que contrario al mito, me salvó de naufragar en el abismo de la vida moderna y el trabajo.

ホセ

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Tras el Cristal

Gotas de lluvia

Resbalan por la ventana

Separándonos

De la dulce eternidad.

Quien diría

Hace un tiempo en el lugar

Que esto del amor

Se tendría que acabar.

Siempre en mis sueños

Volver a verte y creer que sí.

Siempre he pensado,

Cada mañana

Con olor a licor oxidado,

Que no podría vivir sin ti,

Que no soportaría

Una eternidad entera sin ti.




Casi un olvido,

Tu rostro perdido

En mi soledad.

Nada me queda

Solo el recuerdo,

Esa forma que tuviste

De huir de mí en la oscuridad

De la noche,

Fría y sin alma.

Lloraba la lluvia

Y los días

Se amontonaban

Como gotas tras el cristal.

Esos días sin luz

Se fueron perdiendo detrás de mí,

Un nuevo sueño,

Un nuevo amor

Me encontró,

 Escondido tras el cristal.

Deja que salga

De la locura

No me vengas a buscar.

¡Vete!

No me castigues más.

Ya tu tiempo se acabó,

No me esperes

Mi locura terminó.

Hoy

Ya va saliendo el sol

Las nubes se alejan

Como hiciste aquella vez,

Y mi sonrisa

Hoy ha vuelto a renacer.

Este tiempo maldito y cruel

Se acabó

Cuando te volví a ver

Y supe que no.

Que tú

Ya no estás en mi vida.

Ya tu tiempo terminó.

 

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¿Dónde quedó la pasión?

 

 

 

¿Dónde quedó la pasión

de los tiempos de amor que marcó nuestras vidas?

¿Dónde quedaron anclados los divinos momentos

de lujuria y placer que a nuestros cuerpos hacía arder

y nuestras sábanas quemaba?

¿Qué quedó del ayer cuando bastaba una mirada 

para que temblara la tierra y maremotos levantara?

No quedaron rescoldos, solo oscuras cenizas quedan

del abrasador fuego que un día fue nuestra hoguera.

LLamas que por sí solas no arden, que olvidamos avivar,

que agonizaron lentamente en la monotonía recluídas.

 Pasto de la desgana fueron y se consumieron juntas

y juntas murieron como llamas sin fuego en una pira.

Incendio ya caduco

¡Qué lejana queda la pasión que prendió el deseo!

Cayó en manos de la glaciación,

 en hielo se fue convirtiendo sin darnos cuenta.

 Presa quedó en las redes que le tendió la rutina,

en la creencia de perpetuidad, de la confianza vana en lo eterno.

  Incendiados amores que en los corazones provocan flamas,

amores que sin dejar rastro se extinguen

y mueren cuando no se alimentan y el fuego no se aviva.

Negras cenizas,

calcinados recuerdos que de su pasado entrega hacen al viento,

suspendidas en el aire quedan sus partículas,

 humeante estela de negra humareda.

Desprendidos todos los hábitos y vestiduras que cubrían los

corazones enamorados,

grises en su coraza se ocultan curtidos de silencio y soledades.

Con atenta mirada el alma observa en sus adentros

buscando un rescoldo como señal de vida.




Desesperado intento

de reavivar de nuevo lo que sin remedio se apaga,

¿Merecerá el esfuerzo la pena o mejor dejar que se funda en la

nada?

¿Merecerá la pena reavivar cenizas que en polvo convirtieron las

esperanzas?

Amor que se incubó en el infierno

 despidiendo fuego a bocanadas por sus entrañas.

Atracción exacerbada de insaciable deseo

que vibrante y enloquecido por los poros penetra.

Enfebrecido veneno que se inyecta en la sangre, fiebre

enardecida que circula por las venas.

Pasión que no prolongó su tiempo y murió sin eternizarse.

 Amores pasionales que se evaporan con el tiempo,

 derrotadas mueren en el campo de batalla cuando la pasión

acaba,

cuando el deseo solo satisface al cuerpo sin alimentar el alma.

Deseos insaciables que con fuego responden

hasta dejar el infierno frío y desprovisto de flamas.

Cenizas que en las noches se acumulan calcinando anhelos,

viejas brasas que no alcanzaron satisfacer el alma.

 

 

 

Imagen de la red

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