No es común que alguien salga en medio de un torrencial aguacero.
Todo lo contrario, las personas buscan donde refugiarse y escampar
ese temporal.
A través de la ventana de cristal se le podía mirar, parecía a aquellas golondrinas que surcan como locas de alegría los aires cuando va a llover.
Y le observé.
Nada me inmuto, ni siquiera aquellas mezcladas charlas dentro del café.
El lugar estaba concurrido, el clima ameritaba un aromático en espera que
dejara de llover. Sin perder detalle, le mire detenidamente, sin dejar de percibir el aroma que el humo emanado de la taza daba a mis fosas nasales.

Corría, saltaba y disfrutaba sobre los charcos de agua, elevaba sus brazos
con la mirada al cielo y toda su existencia recibía aquel diluvio.
Festejaba y bailaba hasta abrazarse del poste de una lámpara.
Con un brazo sobre ese poste y con la otra mano colocada sobre sus ojos
cual vigía de un navío en busca de tierras cercanas.
Y con un pedazo de cartón encontrado, elaboró un barco que colocó
sobre la corriente que bajaba sobre la avenida.
¡Vamos! ¡avancemos! que ninguna tormenta nos detendrá. Gritos eufóricos
de un capitán de los mares con andrajosas ropas empapadas de lluvia.
El barco se perdió entre la fuerte corriente, llamo gaviotas a las pocas
golondrinas que cercano a él pasaban.

Se detuvo y observó cómo su pedazo de cartón era destruido, hundido
perdiéndose calle abajo. Metió sus manos a las bolsas del pantalón,
miro al cielo y dando media vuelta se enfilo hacia la avenida.
Camino perdido, sin rumbo a la deriva bajo la tempestad y la lluvia, de la misma manera que su barco de cartón.
Una vez más el loco capitán, aquel que del manicomio escapó, volvió
a vivir otra fantasía marina ahora provocada por la lluvia tormentosa.
Enfrento su mundo como el capitán más valiente, festejo bajo la lluvia
mientras los demás acobardados nos tomábamos un café caliente
observándolo.
Yo a su vez escribía esta historia con cierta tristeza y admiración.

Xavier H.©

About Xavier Hernandez

Encontré en las letras un desahogo de mi mente que se mantiene inquieta en ideas. Vivo un mundo de fantasía, siguiendo muy de cerca la realidad. Pienso que las historias no deben morir en la nada y darles eternidad plasmadas en tinta y papel.
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