Oscilaciones

Escribir en tres o cuatro revistas digitales te exprime el cerebro. Quieres hablar, eso es un hecho. Te apetece criticar a toda esa chusma que maneja el gobierno y las empresas. Pero no lo vas a hacer. Tu punto de mira no se centra en ese determinado grupo de personas: trajeadas, bien peinadas y con la cara como el culito de un bebé. «La oscilación negativa es la propia sociedad; todos somos culpables», esa es tu consigna y así la representas. De forma sátira, con acidez y una buena dosis de humor negro. Utilizas ejemplos, fabricas personajes y los colocas en el tablero. Haces que las situaciones constituyan un punto, o estado, y disparas tu dardo crítico. ¿Y quién entiende esto? Cuatro ineptos. Es triste. ¿Cómo llamar a esos cuatro ineptos? ¿Aventajados? ¿Idiotas? Es complicado. Dentro de un determinado y reducido grupo de humanos, todos esos lectores que se sienten identificados y comprenden el contenido de tus locuras serían considerados seres aventajados intelectualmente, superdotados —posiblemente no quepa otro calificativo para ellos—. Sin embargo, en el seno de la sociedad, flotando como pegotes de mugre, todos ellos pasan a ser idiotas, personas obligadas a continuar con sus vidas sabiendo lo que saben —son capaces de ver ese revólver burocrático apuntando a sus cabezas, sin embargo, miran para otro lado y sonríen—. Pero qué más da, ¿verdad? A ti no te importa una mierda la gente. Tu sangre es misantropía líquida. Cuando muestras una escena violenta en alguna de tus obras solo estás buscando una vía de escape. Ofreces al lector un punto de vista propio y alternativo, un mirador para que observe y dictamine de forma subjetiva. Quieres que ellos se salven. Pero eso suele pasar de largo, casi nadie se para a observar lo suficiente. Lo tienes que ir asimilando, nunca dejarás de ser un escritor soez, malhablado, sangriento, apocalíptico y vulgar —igual con el tiempo, tras tu muerte… jajaja—. Eres un autor de novelas sangrientas y anárquicas, ya lo dijo aquel imbécil, el borracho de las reseñas. Recuérdalo. Te hizo quedar con él en un bar del pueblo. Tuviste que entregarle un ejemplar de Creosota dedicado —como no te cuesta nada, ¿verdad?—. Empezó a pedir cervezas. Solo hablaba de best seller, de escritores que aman lo políticamente correcto y de grandes grupos editoriales. Una ronda, luego otra, y otra y otra. Entonces cortaste por lo sano y le dijiste que tú no leías tanta mierda. Soltaste el nombre de un par de escritores. Él dijo que los conocía, pero era mentira. Entonces te inventaste un autor y dos obras suyas. Él dijo que no era de sus favoritos, pero que estaba bien. Puto imbécil, pensaste. Pediste una última ronda y luego te fuiste a casa. Por eso no caes en la crítica política.

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3 respuestas a Oscilaciones

  1. Elena dijo:

    Ammm… Llamame ovejita jajajaj. Leeré las oscilaciones o lo que te salga de los mismísimos dedos 😉 Veré si puedo comentar algo :p
    ¡Un abrazo!

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